Sueño sin final

Sonó la última hora en el reloj.
¿O tal vez fuera la primera…?
Que de tanto mirarlo no sé bien,
que ya perdí otra vez la cuenta.

Que es como el beso que me das
cuando cierras así los ojos,
que tengo que pensar si es de verdad
o es otro de mis sueños locos.

Podrás creer que he vuelto a recordar,
entre hora y hora que he estado en la higuera,
a mi mano apoyándose en tu andar,
robándole el compás a tu cadera.

Del sol me iba ocultando tras de ti,
del calor de tus pasos en la arena.
Aunque más bien se fue quemando
mi intención en tu negra cabellera.

Y el reloj imparable me buscaba.
Y tu Amor encerrado en una reja.
Y mis pasos por la noche deambulaban
al buscar bajo la luz tu silueta.

Y otra vez vuelta a empezar…
Otro puente sin un río…
Otra gota de una lluvia que no está…
Otro abrazo que se fue quedando frío…

Esto es todo lo que siento al despertar.
Esto es todo lo que lúcido recuerdo.
La sinopsis de este sueño sin final,
o el final sin un principio en este sueño…

© 2017  J.I. Salmerón

Nos encontramos de pronto

Juan I. Salmerón

 

Nos encontramos de pronto.
La cita fue del destino.
Se cruzaron nuestros mundos
tan distantes hace tanto
en mitad de aquel pasillo.

No recordaba tus ojos
ni tus pasos al andar.
Era casi un imposible
que esta vida nos quisiera
de nuevo a los dos juntar.

Pero así son los caminos
cuando los años los tejen,
formando mil laberintos
de calles que al fin se juntan
mirando al sol de poniente.

Tus ojos, canela y miel,
me recordaron las tardes
que en los inviernos pasamos
abrazados paseando
entre las sombras del parque.

El tiempo se detenía,
siempre fue nuestro aliado.
La magia volaba al viento
acariciando los besos
cuando juntamos los labios.

Si yo hubiera preguntado
si eras o no eras tú
la que cruzó por mi lado,
hoy no estaría apenado
de haber perdido tu luz.

Nos encontramos de pronto
como ese día de otoño
cuando se unió tu destino,
buscando por el camino,
con el mirar de mis ojos.

Cuando la noche brindaba
a mi confuso destino
el caminar de la vida,
tan amarga en su partida,
para vivirla contigo.

Pudimos ser la leyenda
de unos amores vividos
pero el destino y su tinta,
y a pesar del buen papel,
no tuvo a bien escribirlo…

© 2016  J.I. Salmerón

Seguimos en este viaje

681-2

Seguimos en este viaje
cruzando un mar de deseos.
Seguimos soplando velas
cuando a veces falta el viento.

Y aunque a ti te guste el sol
y a mí las noches de estrellas,
siempre hay un punto de encuentro
donde juntar los planetas.

Lo importante es viajar juntos
compartiendo un horizonte
donde tu vista y mis ojos
miren al sur o hacia el norte.

Recuerdo el viaje que hicimos
tumbados sobre la hierba
donde tu mano en mi mano
dejaba marcada estela.

Cuando cerrando los ojos
me apoderé de tus labios
haciendo de aquel momento
mi viajar más deseado…

Otro día y otro mes
y otro año más viajando.
Otra experiencia en común
que añadimos al pasado.

Se volvió mi vida viaje
surcando cielo y caminos
haciendo bello el andar
al compartirla contigo.

Y en este intenso viajar
que la vida me ha brindado
doy gracias porque al andar
tú siempre estés a mi lado.

© 2016  J.I. Salmerón

Las zapatillas

Juan I. Salmerón

Siguiendo en la calle a unas zapatillas,
dos pares de ellas, para ser exactos,
vi que sobre el hueco donde van los pies
les sobresalían dos señores altos.

Uno era más bajo, ahora lo recuerdo.
El otro pudiera que un poco más ancho.
Que no hay ser humano que en su condición
a otro ser humano se parezca exacto.

Seguía los pasos de esas alpargatas
viendo lo graciosas que van dando saltos.
Unas eran blancas, de blancos cordones,
y de rojo y negro las otras de al lado.

Iban animadas, charlando de asuntos
como qué cordones son los adecuados;
si suela de goma o caucho acerado;
si el dibujo curvo o en rombo marcado.

Era tan ligero y alegre su andar,
con ese ritmillo de baile de sábado,
que nadie diría que van hombres dentro
si no es porque llevan sus pies bien atados.

¡Yo que no soporto el peso de más,
que ni tan siquiera el remordimiento
que dicen que pesa una barbaridad
puedo permitirme tener mucho tiempo…!

En esto que oigo cómo mis zapatos
entre ellos hablaban con aire enojado
sobre lo deprisa que las zapatillas
la última acera habían tomado.

Que mira que locas, que se van matando.
“¡Parece mentira dónde hemos llegado…!
Esto en nuestros tiempos no lo permitían,
solo en los deportes se corría tanto…”

Estas jovencitas de paso ligero
tenían muy negros a mis dos zapatos.
Pero yo más bien creo que era la envidia
porque ellos son viejos y van más despacio.

…ahora que no oyen mis negros zapatos,
y sé que vosotros sois de confianza,
no me importaría que unas zapatillas
se metieran dentro a mis pies descalzos.

Y que a la carrera por calles y montes,
como si otra vez tuviera veinte años,
en lugar de andando me lleven volando
aunque por zapatos fuera criticado…

© 2016  J.I. Salmerón