El humo ciega tus ojos

©2018  J.I. Salmerón
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Me gustaría

Me gustaría saber volar,
y tocar el piano con dos manos.
Verte junto a mí otra vez bailar,
volver a soñar que nos amamos.

Siempre quise ser un horizonte,
un lugar al fondo, inalcanzable.
La puesta de sol donde tus ojos
vengan a buscarme cada tarde.

Un jardín de hiedra fresca y verde
donde tú mitigues tus calores.
Una fresca fuente en la que apagues
el fuego que tus labios proponen.

Me gustaría ser de cristal
y que desde fuera tú contemples
el tic tac que tiene mi compás
cuando desabrochas mis botones.

Siempre quise ser tu dulce noche.
Luna llena blanca que te acune.
Ser asiento de atrás de aquel coche
donde, cuerpo a cuerpo, yo te tuve.

En la Navidad ser tu regalo
que impaciente espera bajo el árbol.
Ser de la maldad, lo menos malo,
pero ser picante como un diablo.

Me gustaría saber besar
como a ti te gusta que te besen.
Ser la casa donde al regresar
tú descanses tus preocupaciones.

Quiero ser la suave camiseta
con la que tú duermes por las noches.
Quiero ser tu sueño más prohibido
que dormida, o despierta, tú sueñes.

Quiero ser, y no sé si consigo,
de todas tus cartas, corazones.
Quiero ser tu vida en la distancia,
y que al recordarme, te emociones.

Me gustaría saber volar,
y como vencejo en la ciudad,
siempre hacer mi nido en tus balcones…

© 2018  J.I. Salmerón

Te invito

Te invito a que bailemos esta noche.
A eso de las doce estaría bien.
Hora mágica que se balancea
entre el pronto mañana y el ayer.

Te invito a pasear por la ribera,
bajo la sombra móvil de los chopos.
Aquellos que ocultaban nuestros besos
entre sus hojas verdes y sus troncos.

Te invito a compartir todos tus sueños,
aunque intuyas que muchos no se cumplan.
Que lo mismo esa estrella inalcanzable,
cuando menos lo pienses, será tuya.

Te quiero yo invitar a despeinarte
cuando en mi moto te subas un día
y sientas como el viento va meciendo
tu cuerpo, y a tu cara la acaricia.

Yo no reparo en gastos y te invito,
aunque para ello empeñe todo el alma.
Te invito a apretarte entre mis brazos
hasta que el corazón rebose calma.

Te invito a que me mires, en silencio.
Te invito a que navegues en mis ojos.
Te invito a que se pierda tu firmeza
y entregues cuerpo y alma poco a poco.

Entonces, voy poniendo melodía.
Aquella que dijimos de bailar
y, por las circunstancias de la vida,
tan solo pudimos tararear.

Recuerda entonces, niña, que te invito,
te invito a que bailemos otra vez.
Pero esta noche los cuerpos pegados,
nada de imaginarnos piel con piel.

Me parece un gran acierto esta idea,
y da lo mismo quién invite a quién.
Lo que quiero es que esta noche bailemos
¿Y a ti, di, te parecería bien…?

© 2017  J.I. Salmerón

Tan cambiante

 

Tan cambiante
como una moneda en el aire,
que no sabes si cara o si cruz
hasta que sobre el suelo se pare.

Indecisa
como es el tomar la elección,
en un puesto repleto de helados,
entre nata, vainilla, o turrón.

Es incierta y mudable
esta vida que tienes delante…
Es como ir a nadar
y que encuentres vacío el estanque.

Tan variable
como el tiempo de la primavera,
que uno sale en camisa y con sol
y lo mismo empapado regresa.

Tan voluble
como pluma que el pájaro pierde
y en los brazos del viento se mece
hasta que ella decide y desciende.

Es fugaz e inestable
esta vida que va a acompañarte.
Es como ir a bailar
sin saber qué canción va a tocarte.

Inconstante
como el rojo, amarillo, y el verde
que el semáforo vive alternando
y que cambia cuando a él le parece.

Caprichosa
como la carta a los Reyes Magos
que aunque no sabremos que traerán
le pedimos cientos de regalos.

Es como una veleta
que los vientos empujan.
Como puerta cerrada
sin saber que hay detrás.

Como estreno de cine
que el final es misterio.
Como el diente en la almohada
que el ratón cambiará.

De la vida conoces
nada más que el comienzo,
cada día le escribes
una página más.

Como si se tratara
del mejor argumento,
el final es misterio
y hasta que no termine,
el final lo sabrás…

©2017  J.I. Salmerón

Tarde…

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Tarde…
Es tarde, dice el reloj,
que son las tres menos algo.
Es tarde, dice la noche
maullando por los tejados.

Tarde se ha hecho de nuevo
y yo aquí sigo esperando
a que regresen las musas,
que me han dejado olvidado.

Tarde…
Es tarde, dice el trinar
del ruiseñor con su canto.
Es tarde, dice el misterio
de la sombra tras el árbol.

Tarde para conjugar
el verbo sobre mis labios,
ese que dice que Amar
en presente es “yo te Amo”.

¡Tan tarde se ha hecho ya
que la culpa se ha tumbado
y así los remordimientos
disfrutan de lo bailado!

¡Tan tarde puede que sea
que acecha ya el despertar
pues el dormir hace tiempo
que se marchó a descansar!

Tarde…
Es tarde, dicen los sueños
que susurrando me llaman.
Es tarde, dice un refrán,
si quiero ayuda mañana.

Tarde para ir a bailar,
que la verbena se acaba.
Tarde para disfrutar
en el portal de tu casa.

Tarde…
Es tarde, dicen silbando
los álamos del camino.
Es tarde, dicen llorando
las lágrimas de rocío.

Tarde para pasear
y de la mano ir cogidos.
Tarde para enamorarte
que hoy el tiempo me ha vendido.

¡Es tarde, pero me da igual,
que a mí me gusta el lucero,
y acompañar a la luna
en su viajar tan ligero!

¡Es tarde, pero hay remedio.
Mañana a la misma hora
nos veremos en mi alcoba
a ver si se alarga el tiempo!

¡Que ya lo dice el proverbio:
Que yo prefiero tardar,
aunque tenga que esperar,
a nunca verte de nuevo…!

© 2016  J.I. Salmerón

Cómo puede una canción…

Juan I. Salmerón

 

Cómo puede una canción
mover así mis sentidos.
¿Cómo parar los latidos
que genera la emoción…?

Traspasa puestas de sol,
mezcla el Amor con los celos,
en bandadas surcan cielos
esos acordes de voz.

Nunca pudimos bailar
y aún así abrazo tu talle,
bajo la luna, en la calle,
dando vueltas sin parar.

¡Si yo tuviera una noche
que poderte regalar…!
Sería azul, como el mar.
Sería de oro su broche.

Recuerdo esos pasos lentos
y también aquel rozar
de nuestras ganas de amar,
de nuestros labios en besos…

No había nunca final,
no terminaba ese cuento,
siempre volvía al comienzo
para otro baile empezar.

Cierro los ojos y siento…
¡Es tan potente el recuerdo…!
Fue tan verdad que no entiendo
que hoy tan solo seas viento.

Que hoy no te pueda tocar.
Que solo en música tenga
el recuerdo de tu esencia.
Que hoy no podamos volar…

En melodías me pierdo,
en mis acordes amantes,
entre baladas constantes
que me recuerdan tu cuerpo.

Tu hechura bella guitarra,
tu pelo cuerdas que templo,
tu voz diciendo “más besos…”
si entono el ritmo en tu espalda…

¡Cómo puede una canción
desnudar así mi alma.
Cómo puede una esperanza
vivir tan dentro de un son!

Hoy tengo el ritmo de Amor
y me sobran las palabras,
pues tú, música, me abrazas
llenando mi corazón…

© 2015  J.I. Salmerón

Bailar es juntar las almas

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Bailar es juntar las almas,
y si se rozan, las bocas…
Es compartir las lágrimas
que al corazón ahogan.

Es romper con la barrera
de poseer tu cintura
de una manera loca.
¡Pecho con pecho se unan…!

Juntar mejillas y sueños
silenciando con suspiros
cualquier palabra que pienses.
¡Yo quiero bailar contigo!

Bailar es como volar
sin despegarse del suelo,
es navegar sobre mares,
es atrapar un lucero.

Es vibrar con todo el cuerpo,
es el sentir más profundo,
es abrazarme a tu espalda,
¡Acompasado, me fundo…!

No quiero yo en esta noche
dejar de bailar contigo,
notando tu corazón
como se enreda en el mío.

…Bailar es esa canción
que yo a tus besos les pido…

© 2015  J. I.  Salmerón