El banco donde espero

De nuevo estoy aquí.
Sentado a tu lado.
Mirándote.
Esperando que acaricies con tu mano.
Deteniendo el tiempo
por si tal vez, tú, de nuevo,
miras a los ojos
que siempre te han amado.

Aquí estoy de nuevo.
Junto a ti.
Esperando la señal.
Esperando toda la noche
por si quieres que te abrace,
por si quieres que te acune
en mi regazo.

Ya sé que el tiempo pasa
y yo no soy capaz
de detenerlo.
Ya sé que el tiempo avanza
e impide que se toquen
nuestros dedos.

¡Y no puedo lograr
que mi corazón
vaya por el camino más recto.
Y no logro que este amargo dolor
sea poco más
que un mal recuerdo!

De nuevo aquí.
Amándote a solas.
Y en silencio.
De nuevo sin ti.
Perdiendo una vez más
con este absurdo juego.

Aún sigo sentado
en el vagón de cola
de tus besos.
Aún sigo esperando
a que alivies mi dolor
mirándome a los ojos
un momento.

Cogiéndome la mano.
Sentándote de nuevo junto a mí
en el banco donde
tú y yo nos amamos.
En el banco donde espero
tu regreso…

©2019  J.I. Salmerón
Anuncios

Una historia de Amor

Ella no podía esperar más.
Era comparable a una larga condena.
Todos estos meses sin poder besar
esos labios que sueña encontrar,
estos, sus dulces labios, que mueren de pena…

Nunca se dijeron adiós.
No era su intención tardar
tanto en tenerse de nuevo.
pero así es como ocurrió,
y el pasar de los días dobló su dolor.

Eran besos que son alimento del alma.
Eran besos con ganas.
Eran besos tan tiernos,
que su falta, seguida en el tiempo,
provocó que muriera de Amor.

Su mirada tal vez,
que hay momentos que no la recuerda.
Y ese roce al hablar,
que tan cerca en su cuello sensible,
le impedía, sensata, pensar.

Sin mirar, como loca,
otra calle cruzó a la carrera.
Él estaba, de nuevo, sentado en el banco del parque,
donde a solas en aquellas tardes,
boca a boca le enseñó a besar.

Y al llegar por detrás,
le tapaba los ojos mientras preguntaba
si sabía quién era,
si él notaba también como su corazón se acelera,
Si la vino a buscar…

Es la desilusión esa mueca en su cara.
La amargura vestida de gala
cuando vio y comprobó,
que él no era quien ella esperaba,
que, sin duda, él no era su Amor.

…Una larga condena,
muriendo de pena.
Una lágrima más que de nuevo brotó.
Una historia de Amor,
que como otras lo hacen, al final terminó…

© 2018  J.I. Salmerón

El autobús blanco y azul

 

Quedamos en la parada.
Yo cogí aquel autobús
pintado en blanco y azul,
de mi casa a dos manzanas.

Aún recuerdo aquel olor
que en su interior agobiaba
y mi pulmón respiraba,
mezcla de aceite y gasoil.

Era sábado temprano.
Quisimos aprovechar
el tiempo que, hoy de verdad,
compartiremos amando.

Apenas había gente
viajando por la mañana.
No te vi aquella semana
en que tu beso fue ausente.

Ya estamos casi llegando
pero no adivino a verte
en la parada de enfrente,
donde venimos quedando…

¡Seguro que llegué antes….!
Pido parada y me bajo.
En nuestro banco sentado
espero a que pronto llegues.

¡…Y pasan tantos minutos
que parece que envejezco!
Serán las ansias que tengo
para volver a estar juntos.

A tu casa al final llamo
desde la vieja cabina.
“¿sabes qué? pues adivina…
¡Hoy no podremos besarnos!”

¡Su madre quiere que vaya
con ella todo este día
haciéndole compañía!
¡Y a mí, que un rayo me parta…!

…De nuevo el gasoil yo huelo.
¡Y vibra la ventanilla
y el corazón de rodillas
rezando por ese suelo!

De blanco y azul pintado,
nubes y cielo en asfalto.
Con mi pena por lo alto
me voy de vuelta a mi barrio.

Y como dijo aquel sabio:
¡Cuánto nos cuesta querer
cuando el destino es tan agrio…!

©2017  J.I. Salmerón