Queridas cartas:

Cartas2 (2)

 

…Estas navidades he recibido como felicitación 200 mensajes de wasap, 20 correos electrónicos y 2 cartas… Sí, tan solo dos cartas. Y es que las cartas, la escritura, está cayendo en desuso de una manera tan brutal que se oye rumorear por ahí que dentro de poco, en los colegios, no se utilizaran los bolígrafos y los lapiceros, que todo se hará en teclados y periféricos informáticos, pantallas electrónicas y lápices ópticos, y esto, para una persona con el tacto tan agudizado como el mío, a la que le gusta tanto tocar, y oler, el papel en el que leo y en el que escribo, he de ser sincero, me ha dejado muy, muy preocupado y lleno de lástima y pena, llorando casi por lo que, irremediablemente, se perderá con el tiempo. No sé, quizás sea la edad que me hace ver las cosas de antes perdidas, como si ya no tuvieran remedio…

Desde aquí quiero aportar mi granito de “papel y lápiz” al asunto, y en homenaje a esas cartas que antes las recibíamos por decenas, les quiero dedicar estas sinceras letras…

(Claro, que si no existiera la informática, ahora no podría enviaros esta carta… ¡Vaya lío, si lo sé, no escribo…!)

 

Queridas cartas:

He de deciros que hoy echo de menos
el roce de mi piel en vuestros pliegos,
ya no recuerdo el tacto entre mis dedos
y extraño vuestro olor en mi nariz.

Que vuestra ausencia en mí se me hace eterna,
que apenas vuestro olor mi alma recuerda,
como en noviembre invocas un abril…

Queridas cartas:

Evoco vuestro sello como emblema,
que mata el circular de tinta negra
validando la franquicia que lo lleva
en alas de los vientos a mi piel.

Añoro vuestro grácil contenido,
a veces parco y otras un delirio
de besos encerrados en papel…

Queridas cartas:

Que espero en impaciente duermevela,
con ansia juvenil de la veintena,
como he esperado tantas noches bellas
a que llegara aquel amanecer…

Queridas cartas:

Volved a mi buzón,
que yo tendré a su vez
abierto y esperando el corazón.

Queridas cartas:

Hacedme este favor…

© 2015  J. I. Salmerón
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Cartas en mi buzón

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¿Será nostalgia…? Quizás, no lo puedo negar. Y es que hay veces que me inunda por completo esa nostalgia que crece con el paso de los tiempos… ¡Y no es por comparar, que va…! Es simplemente el recuerdo, los momentos atrapados entre el sentir y el pasado que no los puedo borrar. ¡Y que no quiero borrarlos, qué caray…! Que son míos por derecho, que yo los cuidé en barbecho hasta verlos florecer…!  ¡Y dar frutos y placer…!

Por eso añoro las cartas, mis cartas que cada día, o de semana en semana, o de mes en mes, tardías, recibía en mi buzón como si fueran razón de no hacer más ese día, tan solo abrir la misiva y deshojar su interior…

Las cartas… Con su tacto de papel, con su olor a bosque fino pues de tablón han salido, de corteza y de raíz. Cartas que eran bandadas, de palabras enjauladas, en corazón, bajo piel; para correr a tu encuentro y contar lo que allí dentro tejían para tu ser. Cartas llenas de tinta, de comas, puntos y apartes,  de signos de admiración, seguramente estos últimos al encontrar tu atención…

En fin… Que me gustaban las cartas, que con ellas yo me hablaba y compartía, en mi almohada, largas noches sin final hasta que el sueño de ellas emborronaban las letras hasta no poder leer los renglones otra vez. Aunque puede que fuera yo el que nublara la visión, que no recuerdo bien como fue.

Aquí os dejo una de esas conversaciones con la carta recibida en esa época en la que ya era extraño que en el buzón se encontraran esas cartas tan queridas…

…Qué vuelco dio el corazón
al ver de nuevo una carta
que esperaba en mi buzón
a que yo la deshojara.

“¡¡Oye, ábrela despacito!!”
me gritó de pronto mi alma,
“no quiero que se extravíen
y se pierdan con el alba,

que las palabras marchiten
si no son de Flor de Luna,
que por las noches florecen
y con su aroma te embrujan…”

…Alma mía, no te inquietes,
que aquí estoy yo, de vigía,
para cuidar de esas flores
e impedir que sean baldías.

Sé lo mucho que las quieres,
que sé lo mucho que ansías
que esas palabras no queden
sin germinar en tu vida.

Que yo sé lo que te alegran,
¡mucho más que atardeceres!
esas palabras que llenan
los silencios en papeles.

Pero esto has que compartirlo
con corazón y sentidos
porque esto es la maravilla
que al mundo le hace emotivo,

que cartas así no llegan
ni aunque las traigan los ríos.
Que cartas así se piensan
y luego caen en olvido…

¡Venid, cartas, a mis manos,
prometo ser todo mimos!
y entre el corazón y el alma
hacer del recuerdo un nido…

© 2014  J. I. Salmerón