¡Ya te veo…!

©2019  J.I. Salmerón
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Anoche golpeabas

Anoche golpeabas
llamando a mi ventana.
Anoche eras la lluvia
llorando en mi cristal.

Y el viento, que es celoso,
tan fuerte te abrazaba,
que te arrastró volando
y al irte a abrir, no estás.

¡Y maldije a los cielos
el soplo del aire…!
¡Suplicando a la noche
tenerte una vez más…!

¡Y los cielos, de pronto,
nuevamente mojaron!
¡Pero tú, en mi ventana,
no volviste a tocar…!

Anoche iluminabas
detrás de mi ventana.
Anoche eras la luna
brillando para mí.

Y la nube en el cielo,
que sé que te adoraba,
con un abrazo inmenso
me apagó tu sentir.

¡Y de nuevo maldije,
maldije a esa nube!
¡Por robarme tu brillo,
y tu luz y calor!

¡Por dejarme en la noche,
a solas, sufriendo!
¡Entre tanta penumbra,
entre tanto dolor…!

Anoche te colaste
de nuevo entre mis sueños.
Haciendo de tu ausencia
un espejismo más.

Pero una pesadilla,
creí que te perdía,
de nuevo en el silencio
dejó mi despertar.

¡Y maldije la hora
que dijimos adiós…!
¡Y los besos que nunca
en tu boca estarán!

¡Y las noches maldije
donde fuiste mi estrella!
¡Y mi estrella, y su luz,
nunca más volverán…!

Anoche golpeabas
llamando a mi memoria.
Anoche, sin quererlo,
te volví a recordar…

©2019  J.I. Salmerón

Me gustaría

Me gustaría saber volar,
y tocar el piano con dos manos.
Verte junto a mí otra vez bailar,
volver a soñar que nos amamos.

Siempre quise ser un horizonte,
un lugar al fondo, inalcanzable.
La puesta de sol donde tus ojos
vengan a buscarme cada tarde.

Un jardín de hiedra fresca y verde
donde tú mitigues tus calores.
Una fresca fuente en la que apagues
el fuego que tus labios proponen.

Me gustaría ser de cristal
y que desde fuera tú contemples
el tic tac que tiene mi compás
cuando desabrochas mis botones.

Siempre quise ser tu dulce noche.
Luna llena blanca que te acune.
Ser asiento de atrás de aquel coche
donde, cuerpo a cuerpo, yo te tuve.

En la Navidad ser tu regalo
que impaciente espera bajo el árbol.
Ser de la maldad, lo menos malo,
pero ser picante como un diablo.

Me gustaría saber besar
como a ti te gusta que te besen.
Ser la casa donde al regresar
tú descanses tus preocupaciones.

Quiero ser la suave camiseta
con la que tú duermes por las noches.
Quiero ser tu sueño más prohibido
que dormida, o despierta, tú sueñes.

Quiero ser, y no sé si consigo,
de todas tus cartas, corazones.
Quiero ser tu vida en la distancia,
y que al recordarme, te emociones.

Me gustaría saber volar,
y como vencejo en la ciudad,
siempre hacer mi nido en tus balcones…

© 2018  J.I. Salmerón

La frontera

Era un cristal de ventana.
Yo te veía en la acera.
Era un cristal que marcaba
entre tú y yo una frontera.

Eran apenas tres metros
los que nos separaban.
Tres metros, y una madera,
con un cristal que mediaba.

Yo en un país a cubierto,
con techo y cuatro paredes.
Tú eras jardín, con su huerto,
rodeándote mil flores.

Soñaba con pasear
rozando tu hierba verde.
Oliendo a flor de azahar
mientras besaba tu frente.

Pero siempre ese cristal
entre los dos separando.
Siempre intentando guardar
la distancia en nuestras manos.

No es necesario otro idioma
para que existan fronteras,
hay veces que es un cristal,
hay veces que es una idea.

Pero no hay que desistir,
tan solo buscar la puerta.
Abrirla y ya estás allí,
has pasado la frontera.

Pero ni puerta ni llave,
que aún seguimos separados.
Tú, como un río en el valle.
Yo, en la montaña, en un lago.

Y entre los dos, la ventana
cerrada, que corta el paso.
Frontera por la mañana
y hasta llegar el ocaso.

Por eso me tienen preso,
por la pedrada que he dado,
Por romper con el cristal
que nos tenía aislados.

¡Por saltarme la frontera!
¡Por correr hacia tus brazos!
¡Por hacer allí el Amor,
debajo de aquel naranjo…!

…Aún recuerdo aquel cristal
desde el que vi paseando
a la rosa más hermosa
que en un jardín se ha creado.

Aún recuerdo la distancia
que había entre tú y yo,
a pesar de los tres metros
que apenas nos separaron…

© 2018  J.I. Salmerón

El reflejo

Eran el reflejo que el agua domina.
Eran dulce beso en un escaparate.
Eran los colores que hacen de estandarte
en cualquier batalla que aún no está perdida.

Eran, de chiquillo, dulce golosina.
Eran ese sueño que no se comparte.
Eran esas musas que pintan con arte
sobre un lienzo blanco y con brocha fina.

La cascada fresca del Amor soñado.
las primeras luces de un amanecer.
Un abrazo intenso a ese ser amado.

¡Pero de repente se dejó de ver
cuando su reflejo se quedó apagado
aquella mañana que empezó a llover…!

© 2017  J.I. Salmerón

La imagen que espero

No somos nosotros mismos,
tan solo somos la imagen
que guarda nuestro equipaje,
que se refleja en los sitios.

En el cristal de una tienda.
En un pequeño charquito.
En ese espejo bonito
que usas al maquillar.

En el faro de una moto.
En el reflejo de un coche.
En la imagen de ese broche
pulido que has de llevar.

Pero nunca es esa imagen,
perfecta, la que esperamos.
Siempre los rasgos mudados
distorsionando el final.

Y no nos reconocemos,
las caras muecas parecen,
los ojos, bizcos, se tuercen
en imagen irreal.

…Observando quién se mueve primero,
mirándonos de soslayo,
como en pelea de gallos.
Como si esto fuera un juego
esperando que ganemos.

…Y siempre esperando
a ver quién da el primer paso,
nosotros mismos
o la imagen que se esconde
detrás del espejo.

Y siempre que espero,
no sé por qué,
pero pierdo…

© 2017  J.I. Salmerón