Se va la tarde, se va

Se va la tarde, se va.
Se va la tarde y asusta
quedarse en la oscuridad,
perdido en esta penumbra…

La luna sabe el secreto
de los amores nocturnos.
Sabe que el beso hablará
por los caminos sin rumbo.

¡Y el abrazo, y el deseo,
y la pasión cuando brota
al roce de cada piel
cuando desnudas se tocan…!

Se va la tarde, se va.
Con ella las esperanzas
de ver de nuevo brillar
el sol besando tu cara.

Todo pausado y silente.
Tu falda el viento alborota.
Las hojas sobre el camino
tejen de otoño tu alfombra.

¡y la vida, al caminar,
se va detrás de tu sombra.
Y tu pelo añorará
mi mano cuando lo toca…!

Se va la tarde, se va.
Se va detrás de tu huella.
La noche vuelve a ganar
y tu recuerdo se lleva.

©2018  J.I. Salmerón

 

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La noche

Avanza lenta la tarde
mientras le espera
la negra noche,
sola en la acera.

Como una dama
que esconde el misterio,
con negros ojos
que brillan llenos de besos.

Atrapa bajo sus brazos
la noche a la tarde, y luego,
bajo ese tul de luceros,
le va contando deseos.

Y cae la tarde y se entrega…
Y el sol calienta ya menos…
La noche calma en su brisa
su fuego intenso.

“Ven y soñemos…
Que aquí en lo oscuro,
donde la vida se calla,
te espera el tiempo…”

Y en un abrazo se entregan…
Naranja y rojos pintan los cielos…
No se distingue la tarde
entre esa noche de sueños.

“…Otra batalla ganada…”
Dice la noche a los cielos.
La dama oscura se impone
y cubre la tarde en su velo.

Y piensa…

“Mañana, otra tarde incauta,
vendrá de nuevo a mis brazos.
Y entre las sombras de estrellas,
bajo el mirar de mis ojos tan negros,
caerá de nuevo rendida
a este silencio en lo oscuro
donde regalo mis besos…”

©2018  J.I. Salmerón

Nuestra historia

Hoy quiero contarte un cuento,
un cuento que es una historia,
una historia que es memoria,
memoria de un argumento.

Hoy quiero escribir un libro
con nuestros buenos momentos.
Hoy quiero dejar en tinta
nuestros más bellos recuerdos.

El abrazo que sintieron
nuestros cuerpos al unirse.
Y las bocas sin hablarse
por estar llenas de besos.

La pasión de tu mirada
entre los largos silencios
mientras mi mano acaricia
desde tu espalda a tu pelo.

Quiero empezar un relato
que sea largo e intenso.
O uno tan breve y tan corto
que solo diga: “te quiero…”

Un cuento como los de antes,
con final feliz y besos.
Donde la bruja se muere
y es el príncipe tu reino.

“Érase una vez…” empieza.
El final, aún no lo tengo.
Todo vuelve a depender
del futuro de lo nuestro.

Es un cuento, una memoria,
una historia, un argumento.
Es la vida de los dos
cuando juntamos el tiempo.

Cuando fuimos de la mano
volando fuera del suelo.
Cuando el odio no existía
y el Amor era el deseo.

…Hoy escribo otro episodio
con la luz de aquel lucero.
Sobre el papel de tus labios,
con la tinta de mis besos.

Hoy recuerdo en estas líneas
los abrazos que te debo.
Los que tú a mí no me diste
las frías noches de enero…

Lo que pretendo decirte,
siendo muy noble y sincero,
es que el final de este libro
sin duda alguna dirá:
“Te echaré siempre de menos…”

©2018  J.I. Salmerón

Nos atrapa el invierno

Hoy nos atrapa el invierno
y el sol se vuelve de hielo
haciendo su luz pequeña
y la tarde, oscuridad.

Hoy da comienzo el solsticio,
la luz se acuesta temprano.
Apenas el sol madruga,
y el frío se hace notar.

Y todo parece ir más despacio.
Amarilla letanía
de las hojas al pasar…

La hoguera al recuerdo lo va quemando.
La brisa sobre tus ojos
deja lágrimas de mar…

Hoy tuve en brazos un sueño
que perseguí de pequeño.
Hoy mis manos eran alas,
y mi vida era volar.

Pero el solsticio de invierno
me dejó pegado al suelo,
y entre las ramas desnudas,
mi sueño se fue a anidar.

Siempre es oscuro y denso el deseo.
Cuando despiertas de nuevo
solo existe realidad.

Cierro los ojos al frío invierno.
Con la esperanza de un día
volver de nuevo a soñar…

Hoy nos atrapa el invierno,
el sol se ha marchado ya…

© 2017  J.I. Salmerón

Cautivo

Siempre me cautivó tu corazón,
con ese palpitar que va marcando.
Como reloj de cuerda marca el paso
con sus agujas juntas avanzando.

Siempre me enamoró tu dulce risa
con esos dos hoyuelos a los lados.
Como si fueran pozos de deseo
y mis monedas fuera allí lanzando.

Me gusta ver tus ojos acostados
y cuando en la mañana se levantan,
inundando de luz con su mirada
cada rincón oscuro de mi alma.

Me gusta el movimiento de tu pelo
como si de un columpio se tratara.
Me gusta cuando rozas mi deseo
al verte caminar sobre la playa.

Siempre fuiste ese sueño favorito.
El dulce que corona cada tarta.
La flor que alegra todos los caminos.
La música que encierra una balada.

Siempre la realidad de cada cuento.
La puesta de mi sol de luz dorada.
El agua fresca que bebo sediento.
El árbol que da sombra a mi morada.

Y yo detrás de ti
pendiente de sentir,
hasta que descubrí
que tu boca no estaba.

El beso marchitó,
murió la última flor.
Yo sigo en el rincón
por si tu voz me llama….!

Siempre me fascinó la sensación
al verte atravesando mi memoria.
Y siempre esperaré que tú regreses
en cada amanecer que estoy a solas…

© 2017  J.I. Salmerón

Otro otoño

Tiene color caramelo la tarde.
Tiene esa luz que te invita al paseo.
Tiene ese sol que en poniente nunca arde
pero que da calorcito de besos.

Tiene ese viento que calma el ardor
cuando nos quema por dentro el deseo.
Tiene igual ritmo que tu corazón
viendo a la lluvia mojando el recuerdo.

Otoño guarda en sus manos colores
pintando con brocha plácidos sueños.
Los ocres dormitan sobre cada hoja
que, lenta del árbol, vuela hasta el suelo.

Púrpuras, rojos, y los amarillos,
visten de gala colores intensos.
Y por las tardes el frío amenaza
calando en abrazo todos los huesos.

Llegando la calma a las arboledas
que al borde del río siempre descansan,
guardando su margen son centinelas
y en días de niebla esconden sus ramas.

Otro otoño más que nos acompaña
Inundando de versos con su aroma,
como grita humo la hoguera de leña
calentando el alma si el miedo asoma.

Otro otoño que rompe su silencio
esperando a que cruce aquel verano
por delante de todos los momentos
de la vida de los que lo observamos.

Tiene color amapola la tarde
cuando en las nubes se ve su reflejo.
Tiene una lágrima cada mañana.
Tiene un azul transparente su cielo.

Tiene hoy apresada el otoño mi alma.
Tiene el otoño mi corazón preso.
Tiene mi Amor entregado por siempre,
siempre en otoño, esperando invierno…

© 2017  J.I. Salmerón

Versos nuevos

Ya llego con versos nuevos.
Son frescos, de temporada.
Son brotes tiernos de beso
que fui plantando en el alma.

Ya están aquí los recuerdos
de sol, arena, y de playa.
Y esas estrellas que enciendo
cuando la noche me abraza.

¡Respira y escucha el canto…!
Más despacio… con más calma…
Déjate amar por el tiempo
que envuelve la tarde en magia.

Trigo dorado en la palma
camino de la vereda.
Cigüeñas que son viajeras,
grandes de pico y de pierna.

Ya llego con nuevos sueños,
desvaríos, y quimeras.
Con cuentos de lobo hambriento
aullando a la luna llena.

¡Siéntate un rato y disfruta…!
Cierra los ojos y vuela.
Agarra fuerte un deseo
y no sueltes aunque duela.

Rimas que son como flores
que nacen si tú las riegas.
Yo llego con las semillas,
tú abona hasta que florezcan.

©2017  J.I. Salmerón

En la arena

 

…Aún recuerdo su cuerpo tumbado sobre la arena.
Cómo sus curvas cerradas le hacían
a cada ola la competencia.

Recuerdo cómo brillaba queriendo apagar el sol.
Cómo marcaba su piel morena,
de otras iguales, la diferencia.

Yo paseaba buscando un velero en el horizonte,
la mirada perdida y ausente,
y mis pies caminando sin norte.

En la orilla mojada dejando mis huellas profundas,
donde van a parar mis deseos
como si se escavaran su tumba.

De repente la vi, como naufrago avista su isla.
Con la misma emoción que supone
descubrir que en la luna haya vida.

Y no pude apartar de mis ojos sus ojos de mar.
Y ese brillo de joven sirena,
y ese cuerpo flotando en la arena.

Se detuvo un momento ante ella mi paso perdido.
No había ruido de mar que meciera,
como hacía un momento, mi pena.

¡Mírala…! Espera a que llegue a su piel mi deseo.
¡Que mis labios pronuncien su nombre…!
¡Que mis dedos recorran su cuerpo…!

Y así, mi corazón cabalgaba loco su paso,
como loca mi vida se altera,
como mi respirar no se frena.

Al final, descubrí como siempre que era otro sueño.
Que no había más cuerpo en la playa
que el que yo imaginé con mis versos.

Y de nuevo mis pasos en la arena a esconderse.
A buscar nuevamente el velero
que mantenga flotando mi sueño.

…Aún recuerdo su cuerpo tumbado en la arena,
y el dolor que sentí por perderla…

© 2017  J.I. Salmerón

Tarde de recuerdos

Juan I. Salmerón

Es tan lenta esa canción
que va llenando la tarde
de recuerdos…

Los ojos perdiéndose,
las gotas sobre el ayer
que van mojando tu pelo.

Y de pronto el silencio…
Las palabras ya no están,
se fueron con ese viento.

La tarde se echó a volar,
el sol no aguantaba más,
murió tras pasar el cerro.

…Y yo siempre a tu espalda,
aguardando,
como la sombra de un roble
en tu vida.

Siempre delante de ti,
esperando,
como esa puesta de sol
que miras…

Era el reloj tan temprano
que el sol aún dormitaba
en brazos de la luna.

Y la noche, cargada de deseo,
se quiso recostar
sobre tu piel oscura.

Tus ojos, aún cerrados,
seguramente soñando,
atrapaban la pasión.

Los míos, siempre mirando,
rozando casi tus labios,
soñaban tu corazón.

Es tan lenta esa canción
que va llenando mi vida
de lamentos…

© 2016  J.I. Salmerón

El fin del invierno

185

Ya no me acordaba
de ese sol sobre mi cuerpo.
No sabía distinguir
si era tarde o era noche
en este lánguido invierno.

Todos los pasos que di,
todos los árboles secos.
Todo oscuro, a descubrir.
Todo luces de farola
a lo largo del sendero…

El cuerpo se quedó preso,
dormitando entre el abrigo
y las ascuas del brasero.
La mirada siempre ausente
en brazos de algún recuerdo.

Ya no me acordaba
del andar sobre tu pelo.
Si tu blusa, sus botones,
me miraban con deseo
al posar mi mano en ellos.

No podía recordar
si eran muy altos tus besos
y tenía que empinarme
para tus labios rozarte
y llenarnos de deseo.

Y es que es tan largo el invierno
que por eso no me acuerdo
si quedamos para vernos
o fuera un guiño de estrella
la que me llamó de lejos.

Si tu falda, a la carrera,
levanta largo vuelo.
Si tu mano la tomaba
alternada entre mis dedos
o era otro efímero sueño…

Por eso esta primavera
se hace titán mi recuerdo,
y vuelve la luz del día,
y vuelvo a sentir tus manos,
y llego de pie a tus besos.

Y recuerdo que quedamos
en que debíamos vernos.
Porque tu blusa y mis ojos,
sus botones y mi alma,
se añoraban con deseo.

© 2016  J.I. Salmerón

La luchadora

Juan I. Salmerón

Contra los dragones luchas a diario
en esta batalla dura que es la vida.
Espada en lo alto, armado tu brazo,
la coraza prieta que el dolor impida.

Siempre son las sombras negras acechando,
siempre los temores de salir vencida.
Pero tu coraje avanza paso a paso
para demostrarnos que eres la heroína.

Eres la estratega de los días pares
y con los impares haces maravillas.
Ni Juana de Arco te llega a la altura,
ni Isabel I, reina de Castilla.

Tu paso ligero no frenan los montes.
No hay valles ni ríos que te pongan freno.
Cuenta la leyenda que eres una sombra
que con su presencia abarca milenios.

Te crees tan débil como hoja de invierno
que el viento arrastrara a su voluntad,
pero eres el árbol, tan grande y tan fuerte,
que ni un huracán de moverte es capaz.

Tú eres ese ejemplo que estudian los libros.
Eres alma, arrojo, corazón, deseo.
La envidia de tantos otros luchadores
que ven tu figura al mirarse al espejo.

Eres sol y brillo en días perfectos.
Esa lluvia fina que nos da la vida.
Eres esas tardes que se van de lejos.
La que arropa estrellas en las noches frías.

Sigue con tu lucha incansablemente,
que no habrá dragones ni sombras oscuras
que sean capaces de hacerte desgaste
para que no sigas siendo la heroína…

© 2016  J.I. Salmerón

Nos despedimos de nuevo

Juan I. Salmerón

Nos despedimos de nuevo.
Y un frío helador,
tan enorme como un mar,
paralizó aquel momento.

Yo me marché.
Y mi boca, sin tu beso,
parecía no aceptar
aquel terrible destierro.

Hasta mis manos dudaban
si debían dejarte ir
o rogar, con caricias
bajo tu pelo,
otros tres instantes más
de tu risa en mi recuerdo.

Necesitaba abrazarte.
Que nos faltara el aliento
y que al mirar a tus ojos
viera en su fondo algún brillo
que suplicara de Amor
que no me fuera de nuevo.

Solo el silencio
y las ganas.
Solo ver cómo te alejas
tan despacio…
Solo ver como se aleja
tan deprisa
el palpitar de mi alma…

Dijimos adiós.
Y tu beso se marchó.
Y yo me quedé sin beso,
y mis labios
sin aliento,
y sin aliento mi voz.

Y me quedé sin abrazo
y tu cuerpo
no tembló.

Nos despedimos de nuevo.
Y aquel calor del encuentro
se envolvió de frío invierno
al despedirnos los dos.

Y mi boca, sin tu beso,
embargada de deseo,
solo lloraba el adiós…

© 2015  J.I. Salmerón

Anoche pasé a buscarte

 

Juan I. Salmerón

Anoche pasé a buscarte
para comenzar el viaje.
En mi maleta el Amor,
junto a las ganas de amarte.

No fue fácil el camino,
de oscuros iba pintado,
que las estrellas no bastan
cuando no hay luna en lo alto.

Pero tu recuerdo alumbra
como ese sol de verano,
el que entre verdes espigas
en tardes vimos tumbados.

¿Recuerdas nuestros paseos
junto al río, de la mano…?
¿Recuerdas el abrazar
y ese dulzor al besarnos…?

La noche ciñe su talle.
La calle apenas distingo.
Cuatro mortecinas luces
dibujan lento el camino.

Como en gran boca de lobo
parece que ando metido.
Con esa angustia que siento
si oigo tu adiós en mi oído.

¡Te quiero llevar tan lejos
que no nos atrape el tiempo,
donde nos lleve la aurora
y nos oculte el deseo…!

Junto a la esquina te espero,
donde robaste aquel beso
que para mí fue el primero
de los que a cientos vinieron.

Seguro que tu equipaje
vendrá bien lleno de abrazos,
de besos y de pasión.
Corazón enamorado…

Tus manos claman mis manos.
¡Ya oigo tus pasos tan cerca…!
Tus ojos andan buscando
a los míos por la acera.

¡Apresúrate, mi niña…!
Antes de que llegue el sol,
antes de que se descubra
que somos ladrones de Amor…

…Anoche pasé a buscarte
y mi sueño despertó…

© 2015  J.I. Salmerón