No gana la oscuridad

Un pozo negro la noche, sin luna.
Un sueño por alcanzar.
Un callejón con pared, sin salida,
negro en cualquier bulevar.

Pero el día llegará,
poniendo cordura a nuestros instintos.
Y la aurora detendrá
sombras que un día vistieron de luto.

Un viento que empuja desordenado.
Una mirada hacia el mar.
Un horizonte muriendo en asfalto.
Un cielo preso en ciudad.

Y la barca partirá,
llevándose dentro solo hombres justos,
a una isla donde amará
ese paisaje de edén que es el mundo.

Corren las sombras por la carretera.
Pasos que vienen y van.
Almas que cruzan su fe en las aceras
sueñan con su libertad.

La mirada ganará,
dando color donde quiera que fueras.
Y nuestra alma besará
a un corazón al que quiera de veras.

¡Triunfó el Amor sobre los odios.
Ganó a la guerra la paz.
Saldrá la luz de todos modos,
no gana la oscuridad…!

© 2017  J.I. Salmerón
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Al comenzar el ocaso

 

Fue al comenzar el ocaso,
cuando los miedos se acuestan
y en su lugar se despiertan
los sueños donde gozamos.

Cuando la luz escasea.
En el preciso momento
donde el sol casi se ha puesto
y cobra vida la vela.

Cuando las tardes que hay nubes
el sol las besa de cerca
llenándolas de vergüenza
y en rojo carmín las cubre.

Cuando la sombra recorre
cada baldosa en la acera
y ciega la carretera
tapada por ese monte.

Fue cuando andamos despacio.
Cuando el día ya nos vence
y el cansancio crece y crece
hasta dejarnos exhaustos.

¡Cuando el cielo se ha quebrado…!
¡Cuando esperamos la luna…!
Cuando ese gato deambula
gozando por el tejado.

Entonces fue cuando digo
que pude oler tu perfume.
Ver tu figura en la nube
pasear al lado mío.

Entonces llega el recuerdo…
Como cada atardecer
en que no te he vuelto a ver
y yo te sueño despierto.

Fue en el nuevo amanecer
de la noche oscura y fría
donde cada melodía
recuerda que yo te amé.

Fue en el ocaso del día.
Fue al esperar tu volver
desde los tiempos de ayer
a darle luz a mi vida.

©2017  J.I. Salmerón

Equilibrio

 

Siempre el calor de la mano del sol,
derritiendo los charcos donde me refresco.
Siempre está el sol asomado al balcón
de las tardes de agosto que traen viento seco.

Y entre tanto la luna tan fresca,
dando abrazos glaciales hasta que amanezca.
Repartiendo en el cielo la escarcha,
convirtiendo en helados destellos de estrella.

En el amanecer, muy temprano,
cuando el campo deja de llorar roto en noche,
sale el sol sobre el mar calentando
y templando la vida sobre el horizonte.

Es igual que el ocaso en la tarde,
que el calor que de día curtió los trigales,
con un soplo de luna no arde
al ponerle una capa de escarcha y taparle.

Siempre muere el calor con la luna,
siempre arropa a la noche el silencio tan frío.
Tan helado mirar que no hay cuna
donde duerma caliente el caudal de su río.

Pero vuelve el calor con su día,
sofocando el camino desnudo de sombras.
Convirtiendo en erial por sequía
lo que anoche era oasis de verdes alfombras.

Como todo en la vida
lo mejor la balanza en su justa medida.
Lo mejor equilibrio,
que lo mucho calienta y si es poco, da frío…

© 2017  J.I. Salmerón

Podrían pasar las horas

Juan I. Salmerón

Podrían pasar las horas
y todo igual seguiría,
mi Amor detrás de tu Amor
sobre el azul de este día.

Podría pasar la vida,
seguro ya está pasando,
y todo como al principio,
mi Amor con tu Amor volando.

Y pasarán los caminos
debajo de nuestros pasos
para dejar en sus huellas,
de nuestro Amor, el legado.

Pasarán todos los besos
que en los silencios nos dimos
como en película muda
de aquel principio de siglo.

Las tardes con su poniente
pasarán ante los ojos.
Las noches con sus estrellas
a este Amor lo harán más loco.

Lo que tenga de pasar
no habrá ya quien lo detenga.
Como tu Amor y mi Amor
que pasará a ser leyenda.

Seguro que los recuerdos
un día serán olvido,
pero esta historia de Amor
será dentro de los dos
un sentimiento cautivo…

© 2015  J.I. Salmerón

La noche, blanca de luna

Juan I. Salmerón

 

La noche, blanca de luna,
ayer fue oscuro y silencio
por no tener la fortuna
de compartir ya tus besos.

Y yo soy como la luna,
y mi boca, pozo seco,
al no beber, uno a uno,
el elixir de esos besos…

El día, rojo de fuego,
ayer fue frío, de hielo,
por no tener el calor
que da abrazarse a tu cuerpo.

Y yo soy como ese sol,
y mi vida, eclipse entero,
que apaga mi corazón
al no abrazarte de nuevo…

Como una estrella fugaz,
solo te tuve un momento.
Como una ola, tu beso,
me cubrió y se fue de nuevo.

Como en la noche, un desierto
donde no encuentras camino,
entre montañas de arena
perdió mi Amor su destino…

La luna me lo gritó:
“No hay besos de madrugada…”
El sol, al irse, me dijo:
“Ya no podrás abrazarla…”

Aun así, todos los días,
cuando el sol se va marchando,
me acompaña por el río
por si tu abrazo encontramos.

Y la luna, entre los bosques,
me ilumina tu camino,
donde sabe que escondiste
los besos que yo te pido…

…Tu abrazo espero encontrar.
Tu beso escondido ansío…

© 2015  J.I. Salmerón

…Amaneció llorando el día

435

 

…Amaneció llorando el día
porque la noche le contó
que yo, hoy, tampoco te tendría,
que no podrá salir el sol.

Que pasarían semanas,
o meses, quizás la vida.
Que pasarían las tardes
vacías de tus caricias.

Que pasarían los pasos
dejando solo sus huellas
que yo vería marcharse
al subir de la marea…

Hoy una pena se hundió
entre gotas de rocío
que por mis ojos mudaban
de mi corazón a un río.

Como ese día, lloré,
una mañana de frío,
al descubrir que tu ausencia
marcaría mi destino.

…La noche llora conmigo,
Ya se lo contó el día,
que nuestro Amor zozobró
y con él, también mi vida…

© 2014  J. I. Salmerón