Mi mano sobre tu piel

Juan I. Salmerón

 

Mi mano sobre tu piel
como mapa del tesoro.
Mis dedos buscando en él
la cruz que esconde su oro.

Y todas tus curvas
montañas de arena de los desiertos.
Tocando se ondulan
abriendo el camino por donde vengo.

Y tu boca ese pozo
al que llego sediento.
Y tus besos oasis
donde beben mis besos.

Mientras cuento tus lunas
a tu espalda se anuda toda mi alma.
Cada vez que respiras
una brisa me envuelve poniendo alas.

Con mi abrazo el asedio
ya ha comenzado
y escalando tus ojos
vuelvo al asalto.

Empezamos la guerra,
y después del atrueno de las espadas,
concedimos la tregua
hasta que el despertar se volvió mañana.

La piel se fundió en la piel
al tocar todo tu cuerpo.
Mi mano sobre tu ser
dio descanso a este guerrero.

Otra noche quisiera tocar ese mapa.
A la sombra del día.
Con la luz apagada.
Con mi mano en tu piel.
Con tu cuerpo en mi alma…

© 2016  J.I. Salmerón
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Te olvidarás

Juan I. Salmerón

Te olvidarás de mis besos
de mis ojos y mi cara.
Te olvidarás de que un día
fui el trovador de tu alma.

Te olvidarás del abrazo
entre las sábanas blancas
donde tu cuerpo y mi cuerpo
mil historias se contaban.

Seguro que de mi mano
cuando tu pelo enredaba
y con sus dedos inquietos
tus labios acariciaban,

Cuando corrían desnudos
desde tu pecho a tu espalda,
olvidarás sus caricias,
olvidarás que te amaban.

Y de mis sueños y anhelos,
de esas noches embrujadas
que guardamos su recuerdo
debajo de nuestra almohada,

Te olvidarás que durmieron
noche tras noche hasta el alba
como un día olvidarás
volver de nuevo a esta casa.

Apuesto que olvidarás
a todas esas palabras
que entre pliegues de poemas
en versos te regalaba.

Las que presas de un papel
a tinta y lápiz marcadas
esperaban el indulto
de tu voz al recitarlas.

Incluso puede que un día
al despertar de mañana,
ya no logres recordar
dónde se han ido a parar
los besos que yo te daba.

Un día te olvidarás
y no podrás recordar
que mi Amor a ti te amaba…

© 2016  J.I. Salmerón

Uno, dos, tres, cuatro…

Juan I. Salmerón

Contaba siempre los pasos
que hay desde el árbol de la plaza,
uno, dos, tres, cuatro…,
hasta el mismo portal de tu casa.

Contaba las veces, ¡tantas!
que mi corazón palpitaba
cuando te veía pasar
al lado de mi esperanza…

Uno, dos, tres, cuatro…
Y nuevamente, detrás del árbol
de grandes ramas que hay en la plaza,
yo me sentaba por si pasabas.

Y si salías a tu ventana
yo era la sombra que te abrazaba.
Siempre contando las veces
que por la reja tú te asomabas.

Contaba los días que no te veía.
Uno, dos, tres, cuatro…
Unos azules y despejados,
otros más grises de lluvia fina.

También las risas sobre tu cara
contaba un día por la mañana
que en un descuido vi que tus ojos
hacia los míos miraban.

Uno, dos, tres, cuatro…
Contaban mis ganas.
Uno, dos, tres, cuatro…
Mientras soñaba que te abrazaba.

¡Porque quería salir corriendo
y de capote tomar tu falda
mientras tus besos, como un estoque,
atravesaban mi alma…!

Uno, dos, tres, cuatro…
Uno, dos, tres, cuatro…

…Siempre contaba mientras te ibas
dejando sombra tras de tu espalda
pidiendo al cielo que me dejara.
¿Podré contar otra vez mañana…?

Siempre sentado en las cuatro esquinas
del árbol viejo que hay en la plaza.
Siempre esperando verte mañana…
Uno, dos, tres, cuatro… Siempre contaba.

© 2016  J.I. Salmerón

Si hay ganas de besarse

 

Juan I. Salmerón

Si hay ganas de besarse
la estatura es lo de menos;
el Amor no tiene edad
ni talla tienen los besos.

No importa que nuestra piel
contenga distintos sueños.
Tú, blanca y pálida luna;
negro de noche mi cuerpo.

Qué más da que nos queramos
tan distantes y alejados
si me atraviesa un recuerdo
y el viento me trae tu abrazo.

Si el mar susurra tu nombre
en el vaivén de sus olas
cuando en la orilla revivo
que te hice mía unas horas.

Lo importante es la pasión
cuando acaricio en silencio
tu desnudo atardecer,
desde tu espalda a tu pecho.

Cuando los labios se buscan
por el desierto, sedientos,
y hasta que no dan cien besos
no sacian la sed del cuerpo.

¡Ay… qué potente es la emoción.
Qué infinito es el recuerdo
que tiene de ti mi boca
pidiéndome aquellos besos…!

Da igual que me hables en prosa
y yo te responda en verso
si al final es en los ojos
donde el idioma entendemos.

Y cada noche que puedo,
al recordar tus abrazos,
me repito aquellos versos
que recitaba al mirarnos:

“¡Pues que comience el festín,
que los labios ya han hablado,
y las ganas nos apremian
para empezar a besarnos…!”

© 2016  J.I. Salmerón

Proyecto fotográfico “El Desastre de Sofi” – Día 28 – Espalda

Siempre estaremos detrás, en la espalda, esperando, vigilando
para que nada ocurra hasta que nuestro paso sea más lento y el suyo
corra a buscar otros espacios, otras espaldas que él terminará vigilando.
Pero mientras tanto y por si acaso, siempre detrás, esperando, custodiando,
siempre a su espalda, por si acaso…

(https://eldesastredesofi.wordpress.com/2015/08/29/proyecto-de-fotografia/?c=690#comment-690)

Juan I. Salmerón

© 2015  J.I Salmerón

Era tan fría la tarde

Juan I. Salmerón

Era tan fría la tarde
que puede que fuera invierno.
Aunque la luz era azul,
azul celeste, recuerdo…

Yo iba contando adoquines
de esos cuadrados del suelo,
mientras subido a la acera
en equilibrio paseo.

Llevaba botas de campo
de esas de cordones negros,
y calcetines de lana,
y bufanda gris al cuello.

Las manos en los bolsillos,
como buscando un recuerdo,
y el pensamiento en las nubes
soñando lejos del suelo.

No me cruzaba con nadie,
ni un alma había en la calle,
solo un silencio helador
aún más frío que la tarde.

Crucé por mitad del parque…
¡Me encanta pisar las hojas
que pintando de tostados
hacen camino de alfombra…!

Soplaba el aire a mi espalda
ayudando a que mi andar,
sin yo poder evitarlo,
fuera ligero y audaz.

Y me senté a descansar
sobre la piedra del banco
donde una tarde en verano
vimos al río mirarnos.

Donde tu mano buscaba
poder encontrar mi mano,
donde los besos sonaban
a sentimientos robados.

Y mi suspiro se hundió
de pronto, junto al recuerdo,
helado como la tarde,
sobre esas hojas del suelo.

Volviendo sobre los pasos
que el caminar me ha traído,
dejé de nuevo en las sombras
al banco que mira al río.

…La noche volvió más frío
el trascurrir del momento.
El cielo estaba estrellado
y puede que fuera invierno…

© 2015  J.I. Salmerón

Cómo puede una canción…

Juan I. Salmerón

 

Cómo puede una canción
mover así mis sentidos.
¿Cómo parar los latidos
que genera la emoción…?

Traspasa puestas de sol,
mezcla el Amor con los celos,
en bandadas surcan cielos
esos acordes de voz.

Nunca pudimos bailar
y aún así abrazo tu talle,
bajo la luna, en la calle,
dando vueltas sin parar.

¡Si yo tuviera una noche
que poderte regalar…!
Sería azul, como el mar.
Sería de oro su broche.

Recuerdo esos pasos lentos
y también aquel rozar
de nuestras ganas de amar,
de nuestros labios en besos…

No había nunca final,
no terminaba ese cuento,
siempre volvía al comienzo
para otro baile empezar.

Cierro los ojos y siento…
¡Es tan potente el recuerdo…!
Fue tan verdad que no entiendo
que hoy tan solo seas viento.

Que hoy no te pueda tocar.
Que solo en música tenga
el recuerdo de tu esencia.
Que hoy no podamos volar…

En melodías me pierdo,
en mis acordes amantes,
entre baladas constantes
que me recuerdan tu cuerpo.

Tu hechura bella guitarra,
tu pelo cuerdas que templo,
tu voz diciendo “más besos…”
si entono el ritmo en tu espalda…

¡Cómo puede una canción
desnudar así mi alma.
Cómo puede una esperanza
vivir tan dentro de un son!

Hoy tengo el ritmo de Amor
y me sobran las palabras,
pues tú, música, me abrazas
llenando mi corazón…

© 2015  J.I. Salmerón

Adiviné tu sonrisa

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Adiviné tu sonrisa
mientras besaba tu espalda.
Me imaginaba tus besos
cuando a tu cuello llegaba.

El tiempo se hizo silencio,
ni a suspirar se atrevía.
Solo el rozar de las manos
y los “te quiero…” se oían.

-¡Escucha…!
¿No lo oyes fuera…?
La luna se está quejando.
La fiesta de nuestro Amor
de envidia la está matando.-

Un largo e inquieto beso,
o un beso corto y preciso,
de esos que juegan, se esconden,
y atacan sin previo aviso…

Tus labios fueron delito
y por ello condenados:
¡Una cadena perpetua
junto a los míos besando!

-¿Lo notas…?
¡Oye sus gritos…!
El aire empuja furioso
en la ventana el cristal.
Quiere acariciar tu rostro.-

Tus ojos y mi mirar
se encontraron cara a cara.
Los abrazos enjaulados
por nuestra espalda escapaban.

La noche se hizo de aurora.
Viento y luna ya cejaban.
Y nuestro Amor en su barca
mar adentro navegaba…

Todo comenzó en un beso
que trepaba por tu espalda.
Todo empezó aquella noche
de viento y de luna clara…

© 2015   J.I. Salmerón

Paseabas hoy mi sueño

Almendros 020

 

 

Paseabas hoy mi sueño,
como la sombra en la tarde
pasea el camino, lenta,
bajo las ramas y flores,
en febrero, de un almendro.

Ayer mi sueño era plácido,
no había sombras de invierno.
Que calientan más tus besos,
los de las cálidas tardes
que atesoran mis recuerdos.

A mi espalda, tu sombra siempre.
A mi espalda, se abraza tu recuerdo.
Tus pies a mi cintura.
Tus manos a mi cuello.
A mi espalda, tu Amor me va siguiendo…

Soñé que soñaba un sueño.
Soñé que el sueño era eterno.
Soñé que las ilusiones,
las que vagaban cual huérfano,
se guarecían en ellos.

¡Que tus besos me enjaulaban,
que me quemaban por dentro,
y que solo aquella sombra,
que me cubría el deseo,
apagaba ayer mi fuego!

A mi espalda, tu sueño espero.
A mi espalda, se funden tus “te quiero…”
Tus brazos me detienen.
Tus ojos son mi dueño.
A mi espalda, tu Amor me va mordiendo…

…Paseabas hoy la tarde,
como la sombra de un sueño…

© 2015  J. I. Salmerón

Aparecí por tu espalda

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Y así fue…
Aparecí por tu espalda,
como susurro de viento,
como una hoja que cae
y en su caída no habla,
tan solo llega detrás
y te acaricia tu alma…

Son emociones intensas
que uno disfruta pasarlas,
aunque nos cueste los nervios,
aunque se encoja mi alma,
pero el final lo merece,
porque al final todo pasa
y todo llega con él,
con el final que te agrada…

Me fui en un soplo de aire
tras abrazarte la espalda.
Dejé tus hombros desnudos
con mis besos tatuada,
dejé un reguero de dedos
con mis caricias marcada.

Y me marche en el silencio
de la emoción contenida,
dentro de un hondo suspiro
donde se ahogaba tu vida,
dentro de tanto Amor
que se quedó a la deriva…

Y así fue…
Volví a remontar el vuelo,
volví a ser solo un murmullo,
volví a ser solo un instante
de la brisa del Amor,
del aire que te envolvió
aquella tarde al amarte
entre los vientos de un sueño…

© 2014  J. I. Salmerón