Jugué tu recuerdo

Juan I. Salmerón

 

Juguemos juntos hoy a recordarnos
sentados en el banco de aquel parque
donde mi alma moría por rozarte
y con solo oír tu voz era besarnos.

Juguemos hoy de nuevo a las miradas,
aquellas que encendían los deseos
poniendo luz a todos los luceros
que en la noche estrellada se buscaban.

A perseguir tu sombra jugaremos
cuando el sol te atrapaba por la espalda
y yo prendido al bajo de tu falda
pensaba en atrapar tu cuerpo entero.

De noche yo jugaba con tu pelo
mientras tus besos jugando apostaban
y tus labios como siempre ganaban
y los míos perdían sin remedio.

Juguemos a buscarnos y encontrarnos,
juguemos a perder la compostura
como cuando se tapaba la luna
los ojos por rubor al ver amarnos.

Recuerdo la promesa en la que un día
entre los troncos de aquel bosque viejo
a cambio de robarte yo ese beso
grabé aquel corazón que nos latía.

Arriba tu inicial, la más visible,
abajo imperceptible está la mía,
de lado a lado la flecha que unía
y años después fue el arma de tu crimen.

Yo seguí en aquel banco cada tarde
a ver si tú llegabas con más juegos
pero el verano pasó a ser invierno
y solo tu recuerdo vino a verme.

Por eso quiero que hoy juguemos juntos,
aunque nos encontremos tan distantes
que tú y yo no seamos los de antes
y ya solo a jugar vengan recuerdos….

© 2016  J.I. Salmerón
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Me enamoré la otra tarde…

Juan I. Salmerón

 

Me enamoré la otra tarde…

Paseaba por la acera
con mi cámara en la mano
convirtiendo en inmortal
lo que acontece a mi lado.

Cuando vi que al otro lado,
melena al viento volando,
aquella mujer robó
mi atención por un retrato.

Me enamoré sin remedio…

Gafas de sol sobre el pelo
dejando ver que sus ojos,
castaños como la tarde,
dominaban el paseo.

Vestido entallado y corto,
rojo con dos lazos negros.
Cintura que adivinaba
entre su largo cabello.

Me enamoré como un crío…

Parecía una princesa
que fuera esculpida en oro
entre los rayos de sol
que la abrazaban andando.

¡Que no podían dejar
mis ojos de acompañarla…!
¡Que no sabía mirar
a otro lugar que a su falda… ¡

Me enamoré de su cuerpo…

Recuerdo que de sus pasos
aún oigo su tintineo
alejándose en la calle
sin yo poder detenerlos.

Recuerdo hasta su perfume
que el viento, siendo aliado,
entre sus brazos de aire
me trajo como regalo.

…Me enamoré aquella tarde
a pesar de que haga tanto,
de que fuera adolescente
y ella tuviese veinte años.

© 2016  J.I. Salmerón