Amantes eternos

“Te echaba tanto de menos…”
Decía el pie de tu nota.
“Mi corazón se alborota
y el tiempo corre por vernos…”

“Somos amantes eternos.
Tú cristal y yo esa gota
que sobre tu alma flota
mojada de besos tiernos.”

La distancia no es olvido
viviendo en el corazón,
junto al recuerdo sentido.

Y no encuentro otra razón
de que este Amor escondido
siga pidiendo perdón.

©2017  J.I. Salmerón

 

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Una gota

Juan I. Salmerón

 

Se fundió entre las gotas de lluvia
que del cielo plomizo y ceniza
aquel día cubierto de penas
sobre tierra mojada se hundían.

Si mirabas de lejos
era una gota más
que iba mojando el suelo
convertido en cristal.

Pero esa gota era hoy bien distinta,
era gota de sabor amargo
macerada con sal de la vida,
con la pena que da el desencanto.

Una gota que al ser transparente
no guardaba secreto ninguno,
hasta el alma esa gota enseñaba
lacerada en recuerdo profundo.

Unos momentos antes
no mojaba esa gota
pues sus ojos brillaban
como luna en el mar.

Pero la despedida
del Amor de sus sueños
hizo que aquella gota
fuera lágrima y sal.

Y la lágrima que de sus ojos
se agarraba con fuerza en su huida
con las gotas de lluvia del cielo
se quería esconder.

No quería que viera la vida
cómo moja de pena su gota,
cómo amarga su sal esa herida
del Amor que se fue.

© 2017  J.I. Salmerón

Si fuera lluvia

Juan I. Salmerón

 

Si fuera lluvia…
Mojaría tu pelo,
y tu voz,
y tu cara.

Calmaría el calor
que siente tu ser
cuando vuela el Amor
y de nuevo se marcha.

Si fuera lluvia…
abrazarían mis gotas
todo tu cuerpo,
toda tu alma.

Resbalaría, despacio,
desde tus ojos
llenos de toda esa luz
hasta besar a tus labios.

¡Y sería la gota
que colme tu vaso.
Agua fresca que bebes
con sed en verano!

¡Alimento mojado
que piden tus hojas.
De la lluvia que cae
la mejor de sus gotas!

Si fuera lluvia…
Dejaría en un charco
húmedos besos
para atraparlos.

Hasta que evaporaran
te estarían mirando.
Hasta que tu mejilla
quisiera llevarlos.

Si fuera lluvia…
Mojaría tu vida
como leve susurro,
como suave caricia.

Seguiría lloviendo
hasta que el aguacero
empapara tu cuerpo,
te calara por dentro.

¡Y de nuevo sería
de mi ser el consuelo
el volver a llover
de la nube del cielo!

© 2016  J.I. Salmerón