El refresco de la hoja

©2018  J.I. Salmerón
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Verde

Ella quiso ser tan verde
como la verde pradera,
que inunda con su color
cada año por primavera.

Tan verde como los ojos
verdes intensos de Ana,
que te envuelven cuando miran
y te traspasan si hablan.

Quiso ser la hoja verde
de clorofila cargada.
La más verde de su patio,
por las demás envidiada.

Tan verde como la colcha
verde que tiene tu cama,
la que quito por las noches
mientras tu cuerpo me llama.

Ella quiso ser tan verde
como la verde manzana,
que nace siendo ya verde
y verde el hombre la arranca.

Tan verde como el Amor
que verde crece en el alma,
con esa paz interior
verde como la esperanza.

Siempre presumió de verde
y se erigió en capitana
de cualquier otro color
que junto al verde se hallara.

No tuvo en cuenta que el verde,
ese verde que la empapa,
no es un color en sí mismo,
es color de secundaria.

Tiene su padre y su madre,
el verde que la delata,
pues amarillo y azul
son patriarcas de su raza.

…Ahora se ve más floja
de verdes por la mañana.
Ya no presume ser verde
tan puro como la escarcha.

Ahora ya sabe que todos
necesitamos la gracia
del que tenemos enfrente,
aunque se llame naranja.

No importa si somos verdes,
rojos, negros o granates,
lo importante es que el color
que guardas en tu interior,
brille como obra de arte…

© 2018  J.I. Salmerón

La hoja coja

Puede que sea esta tarde
la última que me veas.
Puede que el viento me arrastre
con las demás a la acera.

¡Que su zarpa me desgarre…!
¡Que sangren todas mis venas…!
Y mi descanso, el final
de otro otoño donde muera.

Uno, por más que lo piensa
cuando nace en primavera,
no es capaz de asimilar
que en el otoño envejezca.

Con lo verde y vigorosa
que nazco de aquellos nudos.
Tan llena de clorofila,
fotosíntesis produzco.

Y luego todo marrón,
sin sangre que me contenga.
Tan seca como un desierto
lleno de polvo y arena.

Me llaman la hoja coja
por andar en una pierna.
Dos manos de brazos cortos,
y un rabillo por cabeza.

Las venas que hoy ves marchitas
eran tan verdes y esbeltas,
que era la envidia del parque
al moverse mi melena.

Hoy quebradiza y enferma,
esperando a que mi invierno
arranque ya de una vez
mi alma del tronco viejo.

La vida tiene final,
lo sabemos si nacemos.
Puede que sea en otoño,
que no pase de un invierno.

Por eso puede que hoy
me despida con un beso,
cuando la brisa me tire
y te roce con mi cuerpo…

© 2017  J.I. Salmerón