…Sobre la calle de plata

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…Sobre la calle de plata
que por la lluvia es pintada,
de la plazuela a la escuela
bajaba el Amor al alba.

Saltaba alegre los charcos,
los pisaba con cuidado,
no quería estropearse
el charol de sus zapatos.

Las coletas recogidas
en dos campaneros lazos.
Verdes los hizo su abuela.
Verdes sus ojos de prado.

Yo esperaba tras la esquina,
en un portal, escondido,
a que pasara aquel sueño
y me llevara consigo.

Sus libros, presos de abrazo,
junto a su pecho apretados.
Por las rodillas su falda
de cuadros ajedrezados.

Largos calcetines blancos…
Y mi suspiro, aún más largo.
¡Os juro que era el Amor
en chiquilla transformado…!

Mirada de verde intenso,
profundo mar de olivar,
que me tenía embrujada
mi alma y mi voluntad.

Por las tardes esperaba,
como un encuentro casual,
verla subir por la calle
entre charcos de cristal.

Y allí quedaba escondido,
y de tristeza embargado,
por ver pasar al Amor
y no poder abrazarlo.

…Sobre la tarde dorada,
entre las piedras tirado,
mi corazón observaba
al Amor pasar de largo…

©2015  J.I. Salmerón

Paseabas hoy mi sueño

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Paseabas hoy mi sueño,
como la sombra en la tarde
pasea el camino, lenta,
bajo las ramas y flores,
en febrero, de un almendro.

Ayer mi sueño era plácido,
no había sombras de invierno.
Que calientan más tus besos,
los de las cálidas tardes
que atesoran mis recuerdos.

A mi espalda, tu sombra siempre.
A mi espalda, se abraza tu recuerdo.
Tus pies a mi cintura.
Tus manos a mi cuello.
A mi espalda, tu Amor me va siguiendo…

Soñé que soñaba un sueño.
Soñé que el sueño era eterno.
Soñé que las ilusiones,
las que vagaban cual huérfano,
se guarecían en ellos.

¡Que tus besos me enjaulaban,
que me quemaban por dentro,
y que solo aquella sombra,
que me cubría el deseo,
apagaba ayer mi fuego!

A mi espalda, tu sueño espero.
A mi espalda, se funden tus “te quiero…”
Tus brazos me detienen.
Tus ojos son mi dueño.
A mi espalda, tu Amor me va mordiendo…

…Paseabas hoy la tarde,
como la sombra de un sueño…

© 2015  J. I. Salmerón

Sueño de una noche de verano

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Fue en “el sueño de una noche…”
de un verano ya lejano.
En un teatro pequeño,
en uno de esos de barrio.

Donde los actores sueñan
con ser ya pronto aclamados.
Que son tan solo estudiantes
en las artes del teatro.

Allí, digo, William Shakespeare
y tus ojos, mano a mano,
me tenían extasiado
sin atender lo mundano…

Y es que yo, como Lisandro,
solo quería tu Amor,
y terminar escapando
entre los bosques en flor,

entre praderas y ríos,
y elfos, duendes y hadas,
para acariciar tus noches
y de mi dicha inundarlas.

…Pero al final desperté,
¡Que se acabó el quinto acto!
y aquello me devolvió
de nuevo a lo cotidiano.

…Y allí se perdió la magia,
o al menos yo eso creía,
porque estaba equivocado
¡Que a mi lado residía…!

¡Que se encontraba en tus ojos!
esos que me cautivaban
entre los actos de Shakespeare,
ojos que tanto yo amaba.

…Y se quedó junto a mí
toda tu magia, que inunda,
ella fue la responsable
de lo que crea mi pluma…

…Fue en “el sueño de una noche…”
que durará mientras viva,
que existirá hasta que mueran
mis poemas o mi vida…

 © 2015  J. I. Salmerón

De bello color castaño

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De bello color castaño
y tú los crees vulgares.
Son tus ojos mucho más
que simples formas ovales.

Saben mirar con ternura,
con firmeza y con pasión
todo lo que les rodee
y bese tu corazón.

Color de bosque otoñal,
paseo de enamorados.
Tus ojos, serenos, dulces,
transportan al ser amado.

Color de arena mojada
con lágrimas de Amor cautivas
que como dos olas rompen
al fondo de tus pupilas.

Tus ojos son transparentes
a la hora de sentir,
desnuda tu alma dejan,
y tú, no sabes mentir.

Al hechizo de tus ojos
me quisiera someter,
mas, me aterra su infinito,
y no los quiero perder…

© 2014  J. I. Salmerón

…Solo el otoño yo vi

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…Solo el otoño yo vi de mi brazo paseante,
solo tostados y pardos componían el paisaje.
Un color tan solo era el que llenaba el momento
y me tenía atrapado como cadenas de preso.

¡Bendito color marrón
el que tú guardas tan dentro…!

Ya lo sabía mi ayer, ya me avisó mi recuerdo,
que no debía caer en tan hipnótico sueño.
Pero yo me dejé hacer…, y si he de sufrir, lo acepto,
con tal de ver mi reflejo en esos ojos trigueños.

¡Bendita tú y tu color
de ojos tan hogareños…!

Si el fuego fuera marrón, de fuego yo vi destellos,
y es que tus ojos quemaban cuando mirabas, mi cielo.
¡Entre bosques navegué! ¡Entre las tardes sin dueño!
¡Entre las risas de un río que acompañaba lo nuestro!

¡Bendita toda esa magia
que por tus ojos pasea…!

…Pero los sueños terminan y el despertar los afea,
aunque este sueño, más bien, a partir de hoy comienza…
Y volverán muchas tardes que podrán ser como fiesta,
y tus ojos dos faroles para alumbrar a la orquesta.

¡Bendita sea la miel
que tus ojos me alimentan…!

© 2014  J. I. Salmerón