Tu fragancia

El otro día recordaba tu olor
en otra mujer que a mi lado pasaba.
Aquella fragancia que hacía soñar
a mi juventud cuando nada importaba.

Sería, sin duda, tu forma de ser.
Sería tu piel color de verano.
Serían las ansias de mi corazón
oyendo tu voz desde lejos llamando.

El caso es que pude mirarte otra vez,
cerrando los ojos y oliendo despacio.
Incluso mis dedos tocaban tu piel,
aunque bien sabía que estaba soñando.

Recuerdo lo torpe que era mi Amor.
Nunca me atreví a decirte “te amo…”
Recuerdo lo triste que al anochecer
volvía a mi casa por no haberte hablado.

¡Me daba vergüenza mírate a los ojos!
¡Me daba vergüenza cogerte la mano!
¡Me daba vergüenza decirte “te quiero…”!
Yo, que me moría por besar tus labios…

Y fue la vergüenza, con tanta modestia,
la que poco a poco nos fuera alejando.
La que te impidió que tendieras tus manos.
La que me impidió ver tus ojos mirando.

Ha llenado el tiempo de meses y años
toda esta distancia que está entre nosotros.
Aunque tu perfume no lo haya olvidado.
Aunque esa fragancia me siga extasiando.

Por eso en la calle, con cada mujer
con la que me cruzo cuando voy andando,
cerrando los ojos aspiro profundo
por si su perfume me trae el recuerdo
de tu compañía cuando nos amamos…

© 2018  J.I. Salmerón
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A veces…

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A veces,
cuando la noche me acoge en sus silencios,
me parece estar perdido en mitad del mar,
entre los susurros del mar,
acunado por su suave oleaje…

A veces,
me parece estar solo en la inmensidad
para poder decidir lo que está bien y mal.
Poner mis reglas, las que mi lógica dicta,
que para eso es mía.

Solo habría Amor y cortesía,
y buen humor, y poca envidia.
Todo sería a media luz,
sin estridencias  que impidan
ver con claridad los amaneceres,
las tardes entre lo verde,
y las noches blancas de luna fría…

Todos llevaríamos, en el bolsillo,
la esencia de la vida,
y así oler a cada momento
la tierra rebozada de un otoño de lluvia.

O la flor de más olor, esa rosa tan amarilla,
o los pinos de verde color, verde intenso de medio día,
o el olor a cielo azul cuando me besas la mejilla…

A veces,
cuando la noche me acoge en sus silencios,
todo mi corazón, sin saber cómo,
al acordarse de ti,
con más fuerza palpita,
al reflejarse en ti,
con más fuerza brilla…

© 2015  J.I. Salmerón

Soñó la abeja ser flor

Juan I. Salmerón

Soñó la abeja ser flor,
y la flor volar al cielo.
Una soñaba ser polen,
otra ser parte del viento…

“Quiero colores intensos,
pétalos de terciopelo.
Ser la más dulce del campo…”
Pedía la abeja al sueño.

“Volaría sin parar…”
Decía la flor al tiempo
“Viajaría por el valle
hasta perderme en el cerro…”

…Y la abeja se posó
sobre la flor que soñaba
y al verla tan apenada
a la flor le preguntó:

“¿Por qué no quieres ser flor…?
¡Si eres la envidia del campo
donde todos los insectos
nos posamos hechizados!

¡Yo, que daría mis alas
por poseer tus encantos,
tu grácil talle y tu olor,
tu color, tu dulce tacto…!”

“Yo, en cambio, anhelo ser vuelo,
quiero ser vista más alto,
navegar por cielo raso,
ser cometa, insecto o pájaro…

Y poder tocar el sol,
y que de noche mis alas
sean fulgores de estrellas
brillantes de luna clara…”

…No se ponían de acuerdo
en cual era el mejor sueño
si el de la abeja de flor
o el de la flor siendo viento.

Y es que los sueños codician
los más profundos deseos.
Yo quiero ser como tú,
tú como yo quieres serlo.

Siempre lo que no tenemos,
sean alas, sea olor.
¡Valoremos lo que somos,
Qué más da si abeja o flor…!

© 2015  J.I. Salmerón