No gana la oscuridad

Un pozo negro la noche, sin luna.
Un sueño por alcanzar.
Un callejón con pared, sin salida,
negro en cualquier bulevar.

Pero el día llegará,
poniendo cordura a nuestros instintos.
Y la aurora detendrá
sombras que un día vistieron de luto.

Un viento que empuja desordenado.
Una mirada hacia el mar.
Un horizonte muriendo en asfalto.
Un cielo preso en ciudad.

Y la barca partirá,
llevándose dentro solo hombres justos,
a una isla donde amará
ese paisaje de edén que es el mundo.

Corren las sombras por la carretera.
Pasos que vienen y van.
Almas que cruzan su fe en las aceras
sueñan con su libertad.

La mirada ganará,
dando color donde quiera que fueras.
Y nuestra alma besará
a un corazón al que quiera de veras.

¡Triunfó el Amor sobre los odios.
Ganó a la guerra la paz.
Saldrá la luz de todos modos,
no gana la oscuridad…!

© 2017  J.I. Salmerón
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Versión interior

Juan I. Salmerón

Solo esperaba.
No había prisa ninguna,
dejaba pasar el tiempo
como las hojas pasaban
desde la rama hasta el suelo
por delante de sus besos.

Y su mirada perdida.
Seguro que fue olvidada
en el fondo del bolsillo
del pantalón de su alma,
o en el que tiene botón
del interior de su abrigo.

En el cajón de las letras
doradas llenas de estrellas
nocturnas, las palabras
labradas de noche
a la luz de la luna
ya no existían.

Y el camino al que antes
llegaba arriando la vela mayor
sobre barca de sueños,
entre aguas de arena
y guijarros pintados de voz
zozobró de su vida.

No lloraba el recuerdo.
No llegaba la paz interior
a tocar con su mano el verdor
de la suave caricia
que llovía en las tardes
del otoño de marzo.

Y seguía esperando.
No encontraba en la noche
la mirada perdida,
ni en el día abrazaba
a esa luna viajera
que de noche besó…

Eran estos recuerdos
los que el sueño dejó
cuando al día despierto.
¡Es tan rara esa vida
de versión interior
cuando yo estoy durmiendo…!

© 2016  J.I. Salmerón

¡Qué dura suena la tierra…!

Imagen 106

 

Los recuerdos acompañan nuestros pasos.
Imposible es olvidarlos.
Los recuerdos calan hondo.
Son parte de nuestro ayer,
y del alma su legado…

…Hoy hace tres años que mi madre, Susana, se marchó de esta tierra a lo más alto. Hoy hace el mismo frío en mi alma que el día que la enterramos. Por eso el recuerdo, siempre, junto a mi sombra va andando.
Hoy quería recordarla de una manera especial, porque el recuerdo de ella, para mí, es un diario. Hoy quería que leyerais lo que le escribí a los pocos días de habernos dejado, para que ella, si es que puede, se de cuenta que aún la amo…

 

¡Qué dura suena la tierra
golpear contra la tapa!
¡Qué dura que era la tarde,
a pesar de soleada!

¡Qué duro que es enfrentarse
con la verdad, cara a cara!
¡Qué duro fue despedirme
de mi querida Susana!

¡Qué dura que es esta vida!
¡Qué duras son sus mañanas!
que aún amaneciendo virgen
de “noches” vienen manchadas.

¡Qué rugosa que es la tarde!
Como lija, a dentelladas,
te va limando los días
hacia una noche cerrada…

¡…Y no hay descanso posible!,
¡y no hay paz ni en la mirada!,
¡y no hay norte, ni horizonte!,
¡y solo hay cruz, nunca cara!

¡Que lo sentían mis huesos!
¡Que lo sentía mi alma!
¡Que lo sentía mi voz
que apenas un hilo daba…!

…Ya sé que debo penar
y así mi hombría forjarla,
pero es más grande el sufrir
que derrite mi coraza…

…Qué dura fue aquella noche
sin estrellas, tan ahogada,
sin la luz de tu presencia,
sin sentir tu Amor, Susana.

 © 2015  J. I. Salmerón