Tan distintos

 

Cómo te puedo querer
siendo los dos tan distintos.
Tú blanco, yo siempre tinto.
Tú rosa, y yo clavel.

Caminos sin un destino
donde nos junte el andar.
Yo monte sobre un pinar,
tu asfalto sobre un ladrillo.

Ni el aire con su soplar
empuja igual de incesante,
para ti lo hace delante
y a mí me sopla detrás.

Puede ser que compartamos
la misma puesta de sol,
o la estela de ese avión
que desde tierra observamos.

Porque a ti te gusta el mar
con su agua azul y brava,
y a mí me gusta la playa
cuando sus olas se van.

Qué quieres que yo te diga
si a ti te va el madrugar
y a mí la noche estelar
con su luna como amiga.

Lo mismo es que coincidimos
a la hora de comer,
en el color del mantel,
o en el postre que pedimos.

Que en lo que sí coincidimos
es en lo del apetito,
en besarnos despacito
y antes de hablar repetimos.

Hay veces que en esta vida
se juntan agua y aceite
aunque al final, de repente,
se acabe en corteza y miga.

Pero así hay más emoción,
sin saber el argumento
que viene a cada momento,
sin conocer el guión…

©2017  J.I. Salmerón
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Subí sus cuestas de piedras…

175-3

 

Subí sus cuestas de piedras, bajé sus calles de asfalto.
Paseé por la Alameda y en su pinar hice un alto…
En Sigüenza me encontré, después de un invierno largo,
con las sombras de mi ayer, con mi infancia de la mano.

Las procesiones coparon la actividad de estos días.
La Catedral, San Vicente y la gran Santa María.
Los pasos procesionales, nuestro sentir Seguntino.
Los “armaos”  bajo las andas cargando Virgen y Cristo.

Los capuchones, las cruces, los estandartes, las velas,
la tradición religiosa que deja en Sigüenza huella.
De las iglesias y actos, todos a una, hermanados,
compartiendo sentimientos de tradición, milenarios.

Si París vale una misa, Sigüenza misa y rosario,
y sermón largo, y novena, y penitencia a diario.
Sigüenza es toda liturgia. Por la mañana paseo
entre pinares o montes para ordenar mis adentros.

A medio día un abrazo, dos besos y un “¡te recuerdo…!”
¡Tantos amigos de antaño entre cerveza y refrescos…!
Y desde aquí, si se tercia, comida, café, y ser “mano”
en la partida de mus. ¡Órdago…! ¡A ver si ganamos…!

Allí han quedado sus piedras, las calles negras de asfalto.
Y el polvo de la Alameda que hoy añoran mis zapatos.
El pinar no lo he olvidado, todo su olor me he traído,
y su color verde intenso guardado en mi cristalino.

Los amigos, los abrazos y los besos recibidos
me los traigo en las maletas, en el alma van conmigo.
Sigüenza, otro sueño más en mis vivencias vivido,
y su recuerdo guardado en mi corazón Seguntino…

©2015  J. I. Salmerón