Jeroglífico año 2018

©2018  J.I. Salmerón
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La Puerta

 

Siempre tan discreta,
siempre infranqueable,
todos tus secretos
ella guardará.

Tu mejor amiga
que escucha y no habla,
compartiendo penas
que no contará.

Es la confidente
de esos tus amores,
es la centinela
de tu torreón.

Siempre tan dispuesta
a velar temores
que a veces secuestran
a tu corazón.

Y si alguien pregunta
qué estará ocurriendo,
muda es la respuesta
que siempre dará.

Que no habrá salido
jamás de su boca
ni media palabra
que haga sonrojar.

Por eso es la puerta
tan indispensable,
por eso en tu casa
no puede faltar.

Si esperas a gente
sonriente se abre,
si quieres la cierras
y no pasarán.

Ahora, estoy seguro,
que con otros ojos
verás a la puerta
que está en tu camino.

No nos damos cuenta
que pasar la puerta
de fuera hacia dentro,
de dentro hacia fuera,
es nuestro destino…

©2017  J.I. Salmerón

Tan cambiante

 

Tan cambiante
como una moneda en el aire,
que no sabes si cara o si cruz
hasta que sobre el suelo se pare.

Indecisa
como es el tomar la elección,
en un puesto repleto de helados,
entre nata, vainilla, o turrón.

Es incierta y mudable
esta vida que tienes delante…
Es como ir a nadar
y que encuentres vacío el estanque.

Tan variable
como el tiempo de la primavera,
que uno sale en camisa y con sol
y lo mismo empapado regresa.

Tan voluble
como pluma que el pájaro pierde
y en los brazos del viento se mece
hasta que ella decide y desciende.

Es fugaz e inestable
esta vida que va a acompañarte.
Es como ir a bailar
sin saber qué canción va a tocarte.

Inconstante
como el rojo, amarillo, y el verde
que el semáforo vive alternando
y que cambia cuando a él le parece.

Caprichosa
como la carta a los Reyes Magos
que aunque no sabremos que traerán
le pedimos cientos de regalos.

Es como una veleta
que los vientos empujan.
Como puerta cerrada
sin saber que hay detrás.

Como estreno de cine
que el final es misterio.
Como el diente en la almohada
que el ratón cambiará.

De la vida conoces
nada más que el comienzo,
cada día le escribes
una página más.

Como si se tratara
del mejor argumento,
el final es misterio
y hasta que no termine,
el final lo sabrás…

©2017  J.I. Salmerón

La casa

 

Seguramente llovía
aquella tarde
que mis pies se calentaban
debajo de las faldas
de la mesa camilla,
donde lucía el brasero.

Seguramente era otoño.
O puede que por la escasa
luz que entraba mortecina
por la pequeña ventana,
donde jugando te veo,
fuera ya invierno.

Recuerdo cómo corrías…
Recuerdo suelto tu pelo…
Parece como si viera
desde el salón de la casa
donde me calentaba,
cómo bajabas por la pradera.

Yo te llamaba con la mirada,
tú parecía, con solo verme,
sin emitir una sola palabra,
que hasta me oyeras.
Y es que con solo mirarnos
no hacía falta que te dijera.

Entrabas de pronto a casa,
con esa risa loca
que te cubría completa
la cara entera,
que contagiaba mi risa
que hace un momento era una mueca.

Y me abrazabas…
Y yo sentía como latía
tu corazón estando tan cerca…
Y me besabas…
Y aquel calor que me recorría
era de un sol en la primavera…

…Ahora la casa no tiene techo.
La hierba verde se ha vuelto seca.
Ya no hay cristal donde verte
cómo corriendo bajas la cuesta.
Ya no hay brasero, mesa camilla,
ya no te veo cruzar la puerta.

Todo parece vacío…
Como mi alma
sin tus abrazos.
Todo parece tan frío…
Como mi cuerpo
antes de besarnos.

Y no recuerdo tu risa
cómo llenaba mi vida entera.
Y no recuerdo tu cara
que hoy mi recuerdo ya no recuerda.
Hoy solo quedan escombros,
tan solo ruinas y grietas.

© 2017  J.I. Salmerón

Te fui a buscar

Juan I. Salmerón

 

Te fui a buscar…

Donde el destino
no nos quiso tener en cuenta.
Donde el Amor
nos olvidó y se dio la vuelta.
Donde quisimos ver el mar
y solo encontramos
rabia y dolor
playa y arena.

Te fui a buscar…

Sobre la cama
de esa habitación revuelta.
Entre las sábanas
donde al final nos dimos cuenta.
Que a pesar de amarnos
era un Amor
de papelera.

Te fui a buscar…

En ese banco
del final de la calle en cuesta.
Donde tus besos
de mi boca eran siempre fiesta.
Donde nos juramos
siempre reír
aunque haya penas.

Te fui a buscar…

Y no encontraba
de ti ni siquiera respuesta.
Siempre cerrada
estaba para mí tu puerta.
Y fue tanto el dolor
que el corazón
Paró mis venas.

Te fui a buscar
sin darme cuenta
que nuestro Amor
fue una quimera.

© 2016  J.I. Salmerón

Recuerdo de Amor

Juan I. Salmerón

 

En armario de roble cerrado con llave,
entre las sábanas blancas que huelen a sol,
al amparo de intrusas miradas furtivas
guardé una madrugada un recuerdo de Amor.

Nunca pensé que un día sintiera el deseo,
que mi alma lamentara su ausencia otra vez,
y mi luna gritara de nuevo su nombre
como grita la marcha del sol que se fue.

Quizás fuera el vacío que siento por dentro
el culpable de verme llorando otra vez
al oler su perfume flotando en el viento,
la ausencia del roce de su tacto en mi piel.

Fue la música que me envolvió de nostalgia,
la que juntos bailamos soñando otra vez.
O el carmín dibujando el camino en el suelo,
el que en rojo pasión me marcó su querer.

No lo pude evitar y el armario forcé,
a las sábanas blancas las puse a volar,
y el recuerdo de Amor que una noche guardé
en mi pecho apreté para sentirlo más.

Desde entonces procuro no encerrar recuerdos,
la añoranza embellece la vida también.
Y por más que lastremos al fondo esos besos
volverán a rozarnos sus labios la piel.

Ya he tirado la llave que al ayer recluía,
hoy aquellos recuerdos conmigo pasean.
No podemos borrar en pared esa tiza
Si ya dejó en corazón una profunda huella.

…El armario de roble cerrado con llave
sigue hoy manteniendo sus puertas abiertas…

© 2016  J.I. Salmerón

Cerraste fuerte la puerta

173

Cerraste fuerte la puerta,
la empujaste tras de ti
con un manotazo duro.
Y aún así, dejaste escapar
por la rendija de abajo
una parte de tus sueños.

Fue como la tarde cuando
va pasando el tiempo,
que por mucho que la aprietes
en tus puños tan cerrados,
se va apagando su luz
y solo deja el recuerdo.

Cerraste fuerte los ojos,
los cubriste con tus manos
como si fuera una cárcel
y sus barrotes tus dedos.
Pero escapó el pensamiento
y tu mente fue un desierto.

Es como esa luna llena
que contempla enamorada
tu mirar entre sus sueños
y es raptada por las nubes,
que no la vuelves a ver
aunque la eches de menos.

Pensaste incluso en volver
para comenzar de nuevo,
pero no estaba el camino
que te trajo a este lugar,
tú ya elegiste el destino
aunque fuera en corto vuelo.

Fue como echar a volar
cerrando fuerte los ojos
porque te guiaba un sueño,
y al querer volver de nuevo
ya no hay puerta a la que entrar
que esperase tu regreso.

© 2016  J.I. Salmerón

Somos

Juan I. Salmerón

Somos constantes de un sueño
surcando los pensamientos;
volando sobre la tarde,
meciéndose en los recuerdos.

Somos dos granos de arena
buscándose en un desierto.
Somos la puerta cerrada
por la fuerza de los vientos.

Somos la vida pasada
que no encontró nacimiento.
La casa deshabitada
que solo le quedan ecos.

La huella que no se ve…
La palma en mano cerrada…
El puente que no crucé…
La bebida derramada…

Somos paredes de niebla
que separan nuestros cuerpos.
Somos bastones de ciego
palpándose desde lejos.

Somos la puesta de sol
que solo se ve de lejos;
la luna que llega tarde
a iluminar nuestros besos.

Somos cometa sin aire
siempre tendida en el suelo.
Somos gaviota de mar
en este río revuelto.

La vela sin encender…
La ventana siempre abierta…
El sol por amanecer…
La pared llena de grietas…

Somos… O no pudo ser…
Quién lo podría saber…
La esperanza siempre queda
enganchada entre la red
de aquel barquito de pesca…

© 2016  J.I. Salmerón