La bicicleta

 

Oía el timbre sonar a lo lejos.
Yo te esperaba ansioso a que vinieras.
Tu pelo caminando sobre el aire.
Y ese vestido azul, y aquellas piernas…

Pasamos tantas tardes de verano
montando sueños en tu bicicleta.
Tú delante de mí y yo abrazando
aquel talle de niña y de princesa.

Los chopos, el paraguas del camino.
De rojo, la sonrisa de tu boca.
Intenso aquel perfume que, en tu pelo,
hacía enloquecerme gota a gota.

Como si fuera ayer,
la vida me regala ese momento.
Sin creer que ha pasado media vida.
Sin saber cómo llega hoy su recuerdo…

Parábamos al borde del arroyo
a ver quién de los dos era el primero
que, metiendo las ganas en el río,
mojaba esa pasión de ardor intenso.

Y no había manera de frenarlo.
Como un potro salvaje y desbocado,
el beso cabalgaba por el aire
hasta que era domado por los labios.

Tu boca era la miel…
El dulce atardecer de aquel verano,
el viento, las caricias, y tu piel,
me hicieron carcelero de tus brazos.

Me gustaba guiar a tu cintura
por el camino verde en la vereda,
y que los juncos fueran poesía
cuando rozaban, al pasar, tu tela.

Y siempre regresábamos de noche,
las estrellas, tú y yo, y la bicicleta.
Y el faro entristecido que alumbraba
a golpe de pedal la carretera.

…Aún recuerdo a tu timbre que llamaba
antes de que llegara a la plazuela.
Y yo, que tras la esquina te esperaba,
para montar de nuevo sobre el sueño
al que tú me llevaste en bicicleta.

©2019  J.I. Salmerón
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Ganas de llorar

Hoy solo tengo ganas de llorar,
y lleno con mis lágrimas un ancho río.
Mis penas la corriente las arrastrará
y formarán las olas de algún mar vacío.

Hoy solo tengo lástima al hablar,
por eso callan frases, han enmudecido.
Hoy el silencio empuja la sombra al pasar
convirtiendo calles que antes eran sol, en frío.

Si pudiera parar de repente la lluvia…
Si pudiera volver el pasado en que fuimos…
Si pudiera volar…
Si pudiera cambiar cada paso al andar,
caminando hacia atrás, volvería al olvido…

Hoy solo puedo pensar que no estás.
Que la vida es un juego cruel del destino.
Que la historia que empieza sí tiene final,
y que el sueño ideal, solo es un cuento chino.

Hoy tan solo puedo contemplar
cómo sale la luna al final del camino.
Hoy tan solo da tiempo a mirar y callar,
y otra lágrima más va llenando ese río.

Si pudiera de nuevo volver a empezar…
Si pudiera encontrar la salida en lo oscuro…
Si pudiera soñar…
Si pudiera llenar de humo la soledad,
te podría esconder hasta que pase el frío…

Hoy solo tengo ganas de llorar.
¡Y que pronto de aquí pueda ya despertar,
y pensar que esto, al fin, un mal sueño haya sido…!

©2019  J.I. Salmerón

Cerraste la ventana

¿Cerraste la ventana por el frío
o acaso fue por no volver a verme?
Por no tener mi imagen cuando duerme
tu sueño, que aún despierta es solo mío.

Que tú y yo, y nuestro Amor, fue siempre un trío
y tú y él siempre a punto de tenerme.
Y yo queriendo siempre a ti quererte,
lo mismo que la lluvia quiere al río.

Pero el invierno viene con sequía.
No hay gotas que hoy empapen en tu Amor
al débil corazón que en ti latía.

Cerraste la ventana por dolor.
Por no ver a mi Amor cómo partía
la tarde que a tu gris mudó el color.

©2018  J.I. Salmerón

La promesa

Quedamos en la bajada,
Junto a la iglesia del pueblo.
Quedamos una mañana
de viernes, o eso yo creo.

Las hojas, llenas de ocres,
esparcidas por el suelo.
Mañana fría otoñal
de un gris ceniza en el cielo.

Recuerdo que tú llegaste
con tu abrigo rojo a rombos
y una coleta con lazo
cayendo sobre tus hombros.

Yo te esperaba sentado
sobre las piedras del arco
que daba paso hasta el patio
que de la iglesia hace atrio.

Tus mofletes sonrosados
fría mi boca dejaron
al besarte a tu llegada.
Aunque pensara en tus labios.

Y tus manos, en mis manos,
dos pedacitos de escarcha.
Dos gotas que, de rocío,
de una rosa resbalaran.

Nos fuimos hasta la ermita,
junto a la fuente del caño,
y bajo el puente del río
tú decidiste sentarnos.

Me hablaste de las promesas
que los amantes se hacen
mientras tus brazos rodean
a mi cuerpo por el talle.

Mientras tus labios susurran
lo que no logro acordarme,
pues mis sentidos, absortos,
solo soñaban besarte.

Y así fuera, y lo vivimos,
mi boca, así, fue a buscarte.
A encontrarse con tu boca
con la promesa de amarte.

Sé que pasaron las horas
y te besé… y me besaste…
Sé que los dos prometimos
nunca, jamás, separarse…

…Ayer estuve en el pueblo,
de nuevo otoño en la tarde.
Pasé las piedras del atrio
hacia la ermita, en el valle.

Bebí del agua del caño
Igual que hiciera aquel día.
Y luego me bajé al río
por ver si tú aparecías.

Y allí, sentado en el banco,
de pronto caí en la cuenta,
que la historia que hoy recuerdo
fue por los años ochenta.

Que han pasado muchos años,
si los sumo más de treinta,
y que desde aquel otoño
no he vuelto a saber de ella.

Y no recuerdo su nombre,
como ella, a mí, no recuerda.
Y no recuerdo a que saben
sus besos cuando me besa.

Nos prometimos querernos
y ser por siempre pareja,
pero el destino es quien manda.
¡Qué vanas son las promesas!

©2018  J.I. Salmerón

 

Nacer un viernes

Quise nacer en un viernes,
al despuntar la mañana.
Al poco de despertar,
buscando la suave calma.

Entre la espiga verdosa
que ha de ser después dorada.
La que es bañada de río.
La del valle, en la explanada.

Pero resulta que fue
un martes, y por la tarde.
Entre el asfalto y la acera,
con un calor asfixiante.

Con un ruido atronador
cruzando de esquina a esquina.
Con esa falta de Amor
que en la ciudad se respira.

Pero es que se ha de crecer
allí donde se ha nacido.
Bajo las olas del mar,
sobre los picos alpinos.

En terraplenes de arena
de un patio de colegiales.
O entre los muros de piedra
de iglesias o catedrales.

Yo pensé que al ser de flor
nacería entre los campos.
En las montañas tranquilas
que siempre en sueños cruzamos.

Al borde del fresco arroyo
que va regalando charcos
para, cuando hace calor,
nos demos un fresco baño.

Pero resulta que no,
que a mí me ha tocado asfalto.
Y el agua que allí discurre
es porque la imaginamos.

Y mis hojas, mi pulmón,
tan negras como mi suerte.
Y mi amarillo limón
de oscuro se tiñe en breve.

Aunque no voy a quejarme,
si eres clavo hay que aguantar.
Pero maldigo aquel martes
en que me dio por brotar.

Tan solo espero y deseo
que el viento, que es generoso,
arrastre de mis estambres
el polen que yo dispongo.

Y así me lleve tan lejos
que, en una verde pradera,
puedan nacer en un viernes
los hijos que yo contenga.

…Ahora os tengo que dejar
que la tos de este lugar
ni respirar ya me deja…

©2018  J.I. Salmerón

La nube gris

Apenas dieron las doce.
La nube gris, el cielo nubló.
Campana sobre campana.
Y al sur de aquí, su viento sopló.

Con su viento, su alma.
Tanto volar, cansó el corazón.
Despacio, todo con calma.
El tiempo, al fin, corrió a su favor.

Y desde arriba divisa
al sol encima de ella.
Su panza, gris de ceniza.
Cual Oso está en su caverna.

Abajo, verde pradera,
espera verla llorar.
Y a ella le entra flojera,
y empieza fuerte a mojar.

Descansa sobre el silencio.
El aire va, arrastrando sus besos.
Ya flota sobre sus sueños.
La nube gris, va abrazando los cielos.

Su paso, a veces sereno.
Contando va, cada grano de tiempo.
A veces, rayo y su trueno.
Y en un soplar, solo ves su recuerdo.

Rasgando en esa veleta
su cuerpo, que es primavera.
El agua llena la vida.
Y el río espera que llueva.

Apenas dieron las doce.
La nube gris, va mojando en su pena…

©2018  J.I. Salmerón

Ya no te encuentro

Te arrastraba la distancia
como lentamente
va arrastrando el río
todo el agua hacia su mar.

Hasta que no se distingue
el andar de tu figura.
Hasta que te haces pequeña
como flor en la ciudad.

Te fui perdiendo a lo lejos
como pierde la esperanza
la luna pálida y blanca
ante cada amanecer.

Te fui soñando, recuerdo,
como cada noche sueño
que me envuelvo con tu cuerpo,
que me abrazo a tu querer.

Y no te veo volver…
No se acorta la distancia
con tus besos.

No tiene razón de ser,
que esta distancia siga
batiendo record.

Cada mañana miro a lo lejos
buscando allí tu recuerdo.
Y salgo andando a buscarte
y cuando llego, ya no te encuentro…

© 2018  J.I. Salmerón

La orilla del río

Hoy dan comienzo los sueños
en esta orilla del río.
Hoy siento que este Amor mío
navegando a ti, se va…

Dorados, contra los vientos,
los juncos surgen pequeños,
el agua los tiene presos
soñando su libertad.

Y el sol acaricia
de cálida luz
el borde del agua
donde nos amamos.

El rojo encendido
que veo brillar,
el de tus mejillas
cuando nos besamos…

Hoy echo al agua mis miedos
por no atreverme a quererte.
Hoy maldecida mi suerte,
al atardecer, se va…

La noche trae el silencio
y el río, manso, el recuerdo
donde tu cuerpo en mi cuerpo,
cual luna, se echó a temblar.

Y el cuarto creciente
nos daba cobijo.
La luna predijo
lo que iba a pasar.

La noche si acecha
no suelta su presa,
y al darme la vuelta
flotando te vas…

Llegó de día, al despertar,
la verdad de lo pasado.
Tú fuiste un sueño a mi lado,
murmullo de agua, no más.

Ni el rojo de tu mejilla,
ni el beso que yo sentía.
Pálida luz de neblina,
Pájaro que echa a volar.

Ya lo ves…
Ya te lo dije algún día.
El Amor a la deriva
con la corriente se va…

© 2017  J.I. Salmerón

Puede que fuera…

¿Estaba el almendro en flor
cuando nos vimos de nuevo…?
Entonces casi seguro,
aunque hay veces que yo dudo,
que fuera el mes de febrero.

Que es cuando el sol aparece
saliendo de su letargo.
Cuando la nieve derrite
y en brazos de cualquier río
llega nadando hasta el lago.

¿Te di seguidos dos besos
casi rozando tus labios…?
Eso será que te quiero,
no puede ser de otra forma.
Eso será que te amo.

Que estar contigo y mirarte,
estar tan cerca y rozarnos,
es complemento perfecto
a tantas noches que duermo
soñándote palmo a palmo.

Era la tarde perfecta…
El sol rozaba el otero…
Y yo detrás de tus pasos
perdido por tu cintura
queriendo tocar tu pelo.

¿Y dices que no recuerdas
todo esto que te cuento…?
Lo mismo llevas razón
y me engañó el corazón
y fuera tan solo un sueño.

¡Pero te juro que siento
todo lo que estoy contando
cuando en la calle te veo
cruzarte con mi deseo
y mi alma muere a tu lado…!

¿Eran secas esas hojas
que de alfombra el suelo cubren…?
Es que me falla el recuerdo.
Pues entonces, si eso es cierto,
puede que fuera en octubre…

© 2017  J.I. Salmerón

Tantas lunas

 

Tantas lunas que te observan
y yo no puedo mirarte.
Y mis abrazos, desnudos,
que no podrán abrazarte.

Tantas noches viendo estrellas
que van marcando camino
y que al verlas me recuerdan
tus ojos frente a los míos.

Ya cae la noche llena de frío.
Ya va cubriendo la pena,
como lluvia sobre el río,
como escarcha sobre hierba…

Tantos lugares que existen
y no coincido contigo.
Cuando te vas dejas huellas
que se clavan en mi olvido.

Tantos besos encerrados
aguardando libertad
para fundirse en tus labios
como la arena en el mar.

Ya está la luna sobre lo alto.
Ya se calienta mi alma
cuando imagina que roza
tu cuerpo sobre mi almohada…

©2017  J.I. Salmerón

Sobre las sombras

 

Sobre las sombras
crecen los puentes,
y en cada extremo la orilla
del río que los sostienen.

De piedras todas
tan abrazadas,
como si fueran amigas
por el tiempo separadas.

Crece en la sombra,
junto a ese puente,
junto a ese río de agua,
palos llenos de hojas verdes.

Los que contienen
bajo sus ramas
toda la sombra que adorna
cada paseo que daba.

Y bajo el puente
se resguardaba
el banco donde aquel día
vi a una princesa sentada.

¡Era de luz su sonrisa,
y de luna su mirada!
Era, seguro, otro sueño
que el río me regalaba.

En esas tardes
donde uno cree
que no es verdad lo que pasa,
que lo imagina su mente.

…Sobre el recuerdo
la risa crece,
y el sentimiento que abraza
al alma cuando anochece…

©2017  J.I. Salmerón

Puede…

 

Puede que ya sea lunes,
que sean las ocho y media.
Que el aire sea helador
por no decirte, mi Amor,
cómo me pesa esta pena.

Puede que sea un cobarde
por no llamarte de nuevo.
Puede que sea esta tarde
que muere pegada al valle
la que apagó tu recuerdo.

La cuestión es que hoy me duele
echarte tanto de menos.
El problema es la distancia
que rompe cualquier constancia
en cobarde desaliento.

¡Si no fuera por el río
que separó nuestros montes…!
¡Si no fuera por la estrella
que yace apagada fuera
llorando por nuestras noches…!

Puede que sea esta vida
tan alejada de cuentos.
O tal vez fuera la envidia
que la luna te tenía
cuando te ataban mis besos.

El motivo qué más da…
El porqué ya es lo de menos
Si al final sigue este llanto
lloviendo desde tan alto
y empapándome por dentro.

Puede que los días sigan
y se termine este inverno.
Puede que un rayo de sol
anide en mi corazón
calentando el sentimiento.

Que tu recuerdo me llame
por la noche mientras duermo,
y que nos dejen vivir
de nuevo en noches de abril
sin que nos rompan los sueños…

Puede que sea el Amor
que dejaste en mi recuerdo
el que hoy me duele tan dentro…

© 2017  J.I. Salmerón

La siesta

 

Las sábanas de colores,
entre amarillas y verdes.
La estructura de madera.
Y la almohada en cabecera,
el tronco que lo sostiene…

Era mi cama de ensueño
el árbol de la pradera.
Siempre abrazando ese cielo
que de azules hace techo
encima de mi cabeza.

La mejor de las orquestas
va adormeciendo mi mente,
el canto de los jilgueros,
de mirlos y petirrojos,
y el ruiseñor si anochece.

Cerca, sobre la mesilla
que era la verde explanada,
el despertador alerta
por si se alarga la siesta:
¡El río con su cascada…!

La tarde se vuelve fresca.
La sombra empapa mi alma.
El sol se cuela de pronto
dejando apenas rescoldo
detrás de esas dos montañas.

Sus ramas me lo susurran,
y acariciando me llaman
para avisarme que llegan
los aires que ya atraviesan
el valle con fría escarcha.

¡Esta tremenda pereza
que da abandonar la siesta…!
¡Abandonar a mi árbol,
la cascada con su presa,
la música de mi orquesta…!

Recojo de nuevo el sueño
y a mi mochila lo meto.
Ya se encienden los faroles
del camino que hace cuesta
hasta llegar al cemento.

Volveré otra vez mañana
a mi árbol de la pradera.
Charlaremos de los sueños
que entre sus ramas jilgueros
hacen perfecta mi siesta…

© 2017  J.I. Salmerón

Quiso un río

Juan I. Salmerón

 

Quiso un río ser espejo
para que el sol se mirara
y que sus rayos dorados
le calentaran el alma.

De las estrellas fugaces
quiso ser la fresca nana
y que de noche la luna
durmiera en sus aguas mansas.

Quiso ser cama de pétalos
de esas margaritas blancas
que una muchacha morena
la otra tarde deshojaba.

Y pozo de los deseos
que convertidos en lágrimas
de los ojos de la niña
se caían a sus aguas.

A las hojas de los sueños
que navegaban en tinta
de un escritor de poemas,
el río quiso dar casa.

Quiso rimar ese verso
que a sus aguas le cayó
porque el autor no rimó
la frase: “Amor, yo te quiero…”

Al silencio de la noche
quiso el río poner música
con los acordes de lluvia
a través de sus cascadas.

Ser el refugio de besos
que las parejas se daban
en esas noches de luna
cuando miraban sus aguas.

Quiso el río, tanto quiso,
que se olvidó por momentos
que era la vena que al mar
le llevaba su alimento.

Casi le cuesta su vida,
su cauce casi fue seco,
por olvidar la labor
que en este mundo le dieron.

Y siempre estaba dispuesto…
Siempre ponía su magia…
El río siempre esperaba
mirando desde su lecho
ser de la vida su savia…

© 2016  J.I. Salmerón

Tú eres abeja y su flor

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Tú eres abeja y su flor.
Eres río y eres puente.
Eres árbol y su nido.
Eres la luz, si es de noche,
que en mi recuerdo se enciende.

¡Si la vida fuera rosa
seguro que tú serías
el bote con el color
y la brocha que la pinta!

Tú eres la reina del cuento.
Soberana de mi Amor.
La princesa de mi reino
y yo peón de deseos
dando la vida por vos.

¡Si la vida fuera un mar
con olas de empuje incierto,
tú serías barco a vela
navegando hacia buen puerto!

Tú eres hoguera y candor.
Eres la llama encendida.
La tarde llena de sol
que seca mi corazón
cuando se empapa de lluvia.

¡Si la vida fuera oscura
tú serías esa estrella
que nos guía en la distancia
dando luz a la vereda!

Tú eres la paz interior
que siempre buscan las dudas.
Eres final de camino
cuando mi andar se hace eterno
entre arboledas oscuras.

¡Si en mi vida no existieras,
si no te hubiera encontrado,
yo tendría que inventarte
y en óleo o barro crearte
para tenerte a mi lado…!

© 2016  J.I. Salmerón

…A borbotones me empapan

Juan I. Salmerón

…A borbotones me empapan
el corazón en mi pecho
las lágrimas que descuelgan
desde mis ojos, por dentro.

Que yo no puedo llorar
por mis mejillas, no puedo.
No quiere romper mi mar
y hacerse río en el suelo…

-Aunque parezca de piedra,
aunque parezca de acero,
soy tan frágil como el árbol
que lo partió un suave viento-.

…Que no me quiere acunar
ese plácido velero
que por mis ojos navega
en lágrimas de recuerdo.

Hoy no ha querido zarpar,
Se amarró a su embarcadero
porque el azul de mi mar
hoy solo es azul de cielo…

-Aunque parezca de acero,
aunque parezca de piedra,
soy tan débil como el sol
cuando la noche lo ciega-.

Porque no hay lágrimas ya
que vuelvan mar mis arenas,
que solo queda la sal
que amarga mi triste espera.

Que no hay estrella Polar
que como bella candela
me guíe por mar adentro
hasta que encuentre tu estela.

-Aunque parezca tan fuerte
como castillo de piedra,
de arena son mis paredes
cuando se empapan de penas-.

© 2016  J.I. Salmerón

Tu pecho derecho, luna

Juan I. Salmerón

Tu pecho derecho, luna.
El izquierdo blanco monte.
El valle que en medio cruza,
un jardín para mi noche.

Cuerdas de arpa son tus dedos,
música tus manos tienen
cuando acarician en mi alma
al rozarme sus canciones.

Y tus brazos son las ramas
donde mis sueños se enredan
haciendo de mi sentir
noches de amor placenteras.

Tus piernas, suaves cadenas,
de mi Amor son carceleras
apresando voluntades
hasta cumplir mi condena.

Pero si puedo elegir,
yo me quedo con tu río
donde mi boca se baña
cuando a tu beso me tiro.

Donde tus labios son barca
que impiden mi zozobrar
siendo tu boca la isla
de este Robinson de mar.

A mí me gusta trepar
desde el ombligo a tus labios
haciendo escala en tu cuello
donde mis besos regalo.

Atravesando tu espalda
cual beduino el desierto
muriéndome de la sed
por no llegar a tus besos.

Así pasamos las horas,
desde la cama mirando
cómo de estrellas fugaces
el cielo se va llenando.

…Volviendo a mi despertar
me ha abandonado mi sueño
donde jugaba en tus brazos
la realidad de tu cuerpo…

tu pecho derecho, luna.
Y tu mirar, mi sendero…

© 2015  J.I. Salmerón

Yo quise amarte a solas y a escondidas

Juan I. Salmerón

Yo quise amarte a solas y a escondidas.
Desde tan lejos quise, Amor, amarte,
como puesta de sol en despedida
que alejada de luz se va en la tarde.

Aún quiero que tu cuerpo sea mío,
y tus abrazos nuevamente cárcel,
pero en esta distancia soy cautivo
y el largo caminar me vuelve errante.

Soy mar en un invierno sin sus olas,
arena que se va con la marea,
y tú sigues tumbada en esa playa
donde tu cuerpo fue isla y bandera.

Hoy somos como luces de una estrella,
distantes en el cielo, separadas,
pero de lejos veo yo tu brillo
y tú ves mi brillar, que te acompaña.

A solas y a escondidas, a distancia,
que no tengo otra forma de quererte.
Así va caminando, en la esperanza,
las ganas que mi Amor tiene por verte.

Pero este, nuestro Amor, será victoria
y el río que hoy separa, tendrá puente.
Y tu tierra y mi tierra, tan lejanas,
juntas verán crecer nueva simiente.

Por eso no dejamos de pensarnos.
Por eso nuestro Amor sigue escondido.
Y a solas, en recuerdo, nos besamos,
hasta que esta distancia sea olvido…

© 2015  J.I. Salmerón

Me voy de verano

Juan I. Salmerón

 

Hoy solo escribo tres letras,
aunque puede sean cuatro.
Que solo es para decirte
que me marcho de verano.

Me voy a puestas de sol.
Me tumbo en ríos mojados.
Me acerco a noches de luna.
A estrellas me voy de abrazo.

Pasaré días de azul
y noches al cielo aullando.
Igual paso por tu casa
a ver en qué andas soñando.

Y dejar bajo tu almohada,
junto a tu pelo enredados,
una docena de besos
para endulzar tu descanso.

Juntaré tardes con rimas
cuando el sol se esté marchando.
Uniré mi corazón
al recuerdo de tu abrazo.

Me llenaré de silencio
para poder escuchar
los gritos verdes de árbol
que me envuelven con su andar.

Será tu imagen mi vuelta.
Serán de luz mis escritos.
Serán de sombras y luces
los que a mi cámara invito.

Me iré, pero mi memoria
estará siempre contigo.
Siempre a mi lado tú irás,
como un deseo escondido.

Aunque los montes me cubran.
Aunque me ahoguen los ríos.
Aunque la noche me tape.
Aunque en tu ausencia haga frío.

Me voy pero mi regreso
pronto se habrá hecho efectivo,
que dentro de pocos días
de nuevo estaré contigo.

Tan solo pido paciencia
y que tú de mí te acuerdes,
que yo, durante tu ausencia,
ni un día pude perderte.

© 2015  J.I. Salmerón

Poco más se puede añadir

 

226

…Poco más se puede añadir
que supere, que sea más lindo
que lo que tú me regalas
en forma de escrito.
En estas bellas palabras
que me llenan de un sueño
casi infinito.

Volando en acantilados
de mar en calma,
o en bosques verdes
de olorosos pinos
que me tocan
con sus altas copas…

…O en los valles,
donde los ríos desfallecen,
se inclinan hacia ese mar
que guardan las fortalezas acantiladas,
que sus márgenes protegen
de agua de espuma salada…

Poco más se puede agregar…
solo podría afear
ese sentir que a mí
me logra transportar.
¡Hay tantas maravillas
ocultas en las palabras,
guardadas en su alma,

que cuando salen
desbordan, inundan,
llenan en segundos
a cualquiera que a su paso
se incline para inhalar
su esencia tan emotiva…!

poco más se puede añadir…
Si acaso, una petición le envío:
palabra, no me abandones,
sigue llenando
el mar de mi pasión,
sigue jugando
a la orilla de mi río…

© 2015  J.I. Salmerón

Cabalgaba el sol la tarde

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Cabalgaba el sol la tarde
subido a montes dorados
con larga capa que arrastra
cubriendo de sombra prados.

Sentado estaba a sus pies,
al borde mismo del día.
La tarde marchaba lenta,
en eterna despedida.

Las nubes me susurraban,
blancas de sueños perdidos,
que me fuera navegando
entre las nieblas del río.

Hasta el camino se fue,
volviendo negro su blanco,
oculto en la timidez
que volvió mudo su canto.

Ya no gritaba sus bordes
para llevarme de nuevo
por la vereda de verdes
a ese Amor que hoy es recuerdo.

Y se sentó junto a mí
la noche que no veía
cubriendo de negro llanto
y oscureciendo mi vida.

Y su quietud congelaba
esas gotas de rocío
que de la flor de mi alma
rodaban todas al río…

Así se pasó la tarde
y la noche me atrapó,
entre los robles de un río
buscando de nuevo Amor…

© 2015  J.I. Salmerón

…En tu mirar yo me miro

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…En tu mirar yo me miro
como en espejo del alma.
En tu mirar veo luz
aunque la noche te tapa.

En tu mirar solo sueños,
que tu mirar los delatan.
En tu mirar yo me pierdo
para soñar junto al alba.

En tu mirar solo paz,
dos faroles encendidos
para perderse en la noche,
como entre nieblas de un río…

Tus ojos y tu mirar,
que son como mar en calma.
Es tu mirar el que pierde
al que en sus olas se baña…

Gracias por ser tú
destino de ellos,
hermoso descanso
para mis versos…

Yo Voy…
Pero luego vuelvo,
que tú serás siempre
mi punto de regreso.

Y tu mirar…
Esa luz de ese puerto
en el que atracan mis besos…

© 2014  J. I. Salmerón

…Por supuesto que tú

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…Por supuesto que tú, con tu presencia,
con tu imagen en mi recuerdo, con tu ser,
con tu esencia, con tu risa, con tus caricias
y tus tiernos besos, con tu ánimo y tu seso
contribuyes a mi sentir…

A mi visión de las nubes sobre mi cuerpo,
de las estrellas que de noche cazo al vuelo,
de las lunas llenas, crecientes, menguantes
y lo nuevo, todo lo nuevo que enseñas
en tus desvelos, en tu mirada aún de niña,
como un guiño de lucero…
De ese mirar tan tierno y con esas ganas
de ser sorprendida a cada momento…

Tú, mi hilo conductor de tantos de mis sueños…
Cómo decirte que hay páginas que escribo que sin ti,
serían como campos baldíos, como eras ya trilladas,
sin grano, sin ese color amarillo que es la vida
de los campos que yo solía ver de niño…

¿Te parece poco lo que tu presencia
en mí marca lo escrito…?
¡…El río no se plantea si a su paso
ha hecho mover al molino…,
ya lo da por conseguido…!
Y tú ya eres agua que mueve así
mis sentidos…

© 2014  J. I. Salmerón

Siempre a la espera…

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Tú…
Me lleno de ti cuando te veo, te siento, te quiero…
Tú, tú me traes,
y me llevas al azul del firmamento…
Tu, y solo tú…,
a tus brazos yo me entrego, con deseo…

…Cuando me marcho, tú,
tú vienes conmigo, con mi recuerdo…

No te preocupe si algún día
no puedes estar o contestar,
que igual te quiero,
que igual te sueño,
que igual te anhelo,
que yo seguiré aquí,
esperando tu regreso.

A la vera de este río de Amor que a ti te lleva…,
y te trae hasta mis brazos en espera…

A la espera de tu cuerpo, de tu risa, de tus besos…,
que aquí esperaré
hasta que la lluvia de tu ausencia cese
y deje de calar mi vida entera…

…No temas, yo seguiré aquí,
siempre a la espera…

© 2014  J. I. Salmerón

…Amaneció llorando el día

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…Amaneció llorando el día
porque la noche le contó
que yo, hoy, tampoco te tendría,
que no podrá salir el sol.

Que pasarían semanas,
o meses, quizás la vida.
Que pasarían las tardes
vacías de tus caricias.

Que pasarían los pasos
dejando solo sus huellas
que yo vería marcharse
al subir de la marea…

Hoy una pena se hundió
entre gotas de rocío
que por mis ojos mudaban
de mi corazón a un río.

Como ese día, lloré,
una mañana de frío,
al descubrir que tu ausencia
marcaría mi destino.

…La noche llora conmigo,
Ya se lo contó el día,
que nuestro Amor zozobró
y con él, también mi vida…

© 2014  J. I. Salmerón

El blues de la soledad

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…Y es que cuando se entregan las manos,
se entrega también un pedacito del alma,
un pedacito de llanto,
un pedacito del sentir
que uno guarda en lo más hondo…

De lo que pudo haber sido y no fue,
que siempre arrastra tras de sí
lágrimas de impotencia, de rabia,
de… de soledad…
Y de miradas intensas al mar,
al mar de los sentimientos,
profundos y, a pesar de mojados,
siempre sedientos…

¿Puede haber calor en la soledad…?
Creo que no, pero sí en el recuerdo…
Pero sí en el abrigo de mis manos sobre tu cuerpo,
aunque solo lo sienta ya mi recuerdo…
aunque esta distancia me mate por dentro…

…Mi mano seguirá
el camino de tus sentidos,
seguirá la senda que tu piel le marque
desde el nacimiento
hasta el desembocar de las emociones,
y morirá en tu mar,
como un río…

…El blues de la soledad,
donde el recuerdo, siempre,
se va a parar…

© 2014  J. I. Salmerón