El arte a ras del suelo

©2017  J.I. Salmerón
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El sueño eterno

 

Sellamos nuestro Amor.
Y fue aquel beso
el que al mirarse al espejo
confirmó nuestra pasión.

Mi mano te acarició.
Y fue su tacto
el que firmó aquel pacto
comprometiendo al Amor.

Silencio y calma… ahora recuerdo…
Dolor del alma clavado dentro.

Dolió tanto mirarte
que mis ojos fueron presos
arrastrando las cadenas
a esconderse en una cárcel.

Y nuestras sombras
se abrazaban en el suelo
mientras los cuerpos huían
tan alejados del tiempo.

Lágrima y rabia… nube de invierno…
No fue bastante el Amor sincero.

El camino se borró.
En primavera la hierba
siempre esconde de los ojos
la senda en la que volver.

La lluvia me despertó.
Empapado tu recuerdo,
difuminado en el tiempo,
se dejó al final de ver.

Recuerdo y tiempo… solo me quedo…
El sueño eterno dura un momento.

©2017  J.I. Salmerón

Versión interior

Juan I. Salmerón

Solo esperaba.
No había prisa ninguna,
dejaba pasar el tiempo
como las hojas pasaban
desde la rama hasta el suelo
por delante de sus besos.

Y su mirada perdida.
Seguro que fue olvidada
en el fondo del bolsillo
del pantalón de su alma,
o en el que tiene botón
del interior de su abrigo.

En el cajón de las letras
doradas llenas de estrellas
nocturnas, las palabras
labradas de noche
a la luz de la luna
ya no existían.

Y el camino al que antes
llegaba arriando la vela mayor
sobre barca de sueños,
entre aguas de arena
y guijarros pintados de voz
zozobró de su vida.

No lloraba el recuerdo.
No llegaba la paz interior
a tocar con su mano el verdor
de la suave caricia
que llovía en las tardes
del otoño de marzo.

Y seguía esperando.
No encontraba en la noche
la mirada perdida,
ni en el día abrazaba
a esa luna viajera
que de noche besó…

Eran estos recuerdos
los que el sueño dejó
cuando al día despierto.
¡Es tan rara esa vida
de versión interior
cuando yo estoy durmiendo…!

© 2016  J.I. Salmerón

Era tan fría la tarde

Juan I. Salmerón

Era tan fría la tarde
que puede que fuera invierno.
Aunque la luz era azul,
azul celeste, recuerdo…

Yo iba contando adoquines
de esos cuadrados del suelo,
mientras subido a la acera
en equilibrio paseo.

Llevaba botas de campo
de esas de cordones negros,
y calcetines de lana,
y bufanda gris al cuello.

Las manos en los bolsillos,
como buscando un recuerdo,
y el pensamiento en las nubes
soñando lejos del suelo.

No me cruzaba con nadie,
ni un alma había en la calle,
solo un silencio helador
aún más frío que la tarde.

Crucé por mitad del parque…
¡Me encanta pisar las hojas
que pintando de tostados
hacen camino de alfombra…!

Soplaba el aire a mi espalda
ayudando a que mi andar,
sin yo poder evitarlo,
fuera ligero y audaz.

Y me senté a descansar
sobre la piedra del banco
donde una tarde en verano
vimos al río mirarnos.

Donde tu mano buscaba
poder encontrar mi mano,
donde los besos sonaban
a sentimientos robados.

Y mi suspiro se hundió
de pronto, junto al recuerdo,
helado como la tarde,
sobre esas hojas del suelo.

Volviendo sobre los pasos
que el caminar me ha traído,
dejé de nuevo en las sombras
al banco que mira al río.

…La noche volvió más frío
el trascurrir del momento.
El cielo estaba estrellado
y puede que fuera invierno…

© 2015  J.I. Salmerón

Ya corren locas las hojas

087

 

Ya corren locas las hojas
arrastradas por el viento.
Ya buscan dónde esconderse
para evitar su destierro.

Se esconden en la esquinas
y en los portales abiertos.
Se agarran por alambradas,
se cuelan en sumideros.

¡Que no quieren terminar
muertas en el vertedero,
que no quieren que sus cuerpos
terminen rojos de fuego!

Y es que ellas tan solo quieren
volver a vestir de cobres
las alamedas, los bosques,
y las calles que recorres.

Y así cubrir tus paseos,
hacer mullidos tus pasos
como una alfombra de besos
que acarician tus zapatos.

Que antes era su deseo
tu cuerpo bajo sus ojos
cuando del árbol colgaban
sus verdes, gualdas y rojos.

Y hoy ya te pueden besar,
tocar tu pie desde el suelo,
hacerte casi volar
como en el más lindo sueño.

Por eso huyen del viento,
para seguir a tu lado,
para alfombrarte tu vida,
para morir a tus pasos…

…Ya corren locas las hojas
para envolverte de otoño,
ya quieren hacerte un manto
para abrigarte otro año…

© 2014  J. I. Salmerón