Aún pienso en ti

Aún pienso en ti.
Como ayer te pensaba,
como hoy yo te pienso,
como lo haga mañana…

Aún pienso en ti.
Y ninguna palabra
se esconde en mi boca,
como en aquellas tardes
donde muda, mi habla,
no atinaba a decir
todo lo que te amaba…

Y si un día de nuevo
tu mirada y mi sino
vuelven a las andadas,
yo no quiero, y lo siento,
que tú esperes de mí
ni una sola palabra.

Solo tengo por darte
un abrazo. Uno intenso,
uno largo y profundo,
uno que cale hondo,
rebosante en pasión,
de esos que se nos clavan
despacito en el alma.

Ya lo sé, lo he vivido,
que los sueños que sueñas,
los que nos acompañan
cuando llega la noche,
son pompas de jabón
que si soplas muy fuerte
o acaricias sin tacto,
sin poder evitarlo,
delante de nosotros
van y explotan de pronto.

Desvanece ese sueño
que tan fuerte has soñado…

Aún pienso en ti.
Aunque a veces yo dude
si al pensarte tan fuerte
eres como esa pompa
que se rompe en pedazos
y ante mí, desvaneces.

Aún pienso en ti.
Algunas tardes…
Algunas noches…
Algunas veces…

©2019  J.I. Salmerón

El sueño eterno

 

Sellamos nuestro Amor.
Y fue aquel beso
el que al mirarse al espejo
confirmó nuestra pasión.

Mi mano te acarició.
Y fue su tacto
el que firmó aquel pacto
comprometiendo al Amor.

Silencio y calma… ahora recuerdo…
Dolor del alma clavado dentro.

Dolió tanto mirarte
que mis ojos fueron presos
arrastrando las cadenas
a esconderse en una cárcel.

Y nuestras sombras
se abrazaban en el suelo
mientras los cuerpos huían
tan alejados del tiempo.

Lágrima y rabia… nube de invierno…
No fue bastante el Amor sincero.

El camino se borró.
En primavera la hierba
siempre esconde de los ojos
la senda en la que volver.

La lluvia me despertó.
Empapado tu recuerdo,
difuminado en el tiempo,
se dejó al final de ver.

Recuerdo y tiempo… solo me quedo…
El sueño eterno dura un momento.

©2017  J.I. Salmerón

Echaba tanto de menos…

Juan I. Salmerón

 

Echaba tanto de menos
tu sonrisa, tu mirar,
esa coleta apretada
y hasta tu forma de hablar.

Lo echaba tanto de menos
que al darte, morena, un beso
rozando labio con piel,
casi me puse a llorar.

Sería por la emoción
¡hacía ya tanto tiempo…!
por no abrazarte un momento,
sería rabia y dolor.

Las manos en tus caricias,
no recordaba su tacto.
¡Cómo apretaban las mías
cuando me hablaban tus labios…!

La falta de los paseos
que por el río nos dimos.
Mi sombra que al acercarse
ya hacía tu cuerpo mío.

Recuerdo ese atronador
silencio que acompañaba
cuando al mirarnos de frente
nos faltaban las palabras.

Y aquel vuelo de tu falda
después de tu despedida
y cómo con mi mirada
detrás de ti la seguía.

Echaba tanto de menos
poder recorrer tu cuerpo
desde detrás de tu oreja
hasta tu pie tan pequeño.

Que apenas ya recordaba
ese lunar que tu pecho
guardaba como un tesoro
que por mí fue descubierto.

¿Ya te echaba de menos…?
Puede ser… será que quiero…
Será que amo la noche,
a la luna y a su cielo.

Será que necesitaba
las caricias de tus dedos.
Será falta de sosiego
lo que me come por dentro.

…Y es que te echaba de menos.
Será que quiero…

© 2016  J.I. Salmerón

Soñó la abeja ser flor

Juan I. Salmerón

Soñó la abeja ser flor,
y la flor volar al cielo.
Una soñaba ser polen,
otra ser parte del viento…

“Quiero colores intensos,
pétalos de terciopelo.
Ser la más dulce del campo…”
Pedía la abeja al sueño.

“Volaría sin parar…”
Decía la flor al tiempo
“Viajaría por el valle
hasta perderme en el cerro…”

…Y la abeja se posó
sobre la flor que soñaba
y al verla tan apenada
a la flor le preguntó:

“¿Por qué no quieres ser flor…?
¡Si eres la envidia del campo
donde todos los insectos
nos posamos hechizados!

¡Yo, que daría mis alas
por poseer tus encantos,
tu grácil talle y tu olor,
tu color, tu dulce tacto…!”

“Yo, en cambio, anhelo ser vuelo,
quiero ser vista más alto,
navegar por cielo raso,
ser cometa, insecto o pájaro…

Y poder tocar el sol,
y que de noche mis alas
sean fulgores de estrellas
brillantes de luna clara…”

…No se ponían de acuerdo
en cual era el mejor sueño
si el de la abeja de flor
o el de la flor siendo viento.

Y es que los sueños codician
los más profundos deseos.
Yo quiero ser como tú,
tú como yo quieres serlo.

Siempre lo que no tenemos,
sean alas, sea olor.
¡Valoremos lo que somos,
Qué más da si abeja o flor…!

© 2015  J.I. Salmerón