Si me voy

Juan I. Salmerón

…Puede que sí, que algún día,
al final, tenga que irme
y tú me veas partir
tras el cristal de una tarde.

Pero mi Amor quedará
y quedarán mis abrazos
que en noches de soledad
a ti te harán recordarme.

¡Y mis besos quedarán,
y mi forma de tocarte,
y esa canción, que al bailar,
yo puse letra al besarte…!

Puede que sea el destino
el que me indique otro valle
donde el sentir de mi alma
de nuevo en Amor descanse.

Y otra agua tan cristalina
como tus ojos al verme
sacien de nuevo la sed
que me secó por perderte.

Me iré tal y como vine,
la ausencia vendrá conmigo,
y un hueco en el corazón
que jamás se tapará.

Me llevaré las palabras
que recorrían tu cama,
que en noches me regalabas
y que me hacían soñar.

Y en mi recuerdo tu Amor
que para mí fue el más grande.
Tú has sido en mi corazón,
que tantas puertas abrió,
la dueña de toda llave.

…Puede que sí,
que un día se haga de noche
y no me veas venir…

© 2015  J.I. Salmerón

Una tras otra las nubes

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Una tras otra las nubes
desfilan hacia el ocaso.
La tarde vence de sueños
y se retira al descanso.

Los verdes pasan a ocres:
Rojo, amarillo, dorados.
La noche guarda silencio
al saltar por los tejados.

Incluso el río en el puente,
donde su voz es más brava,
parece que de puntillas
cruzan calladas sus aguas.

Los sentidos se agudizan.
Oigo unos perros ladrando.
Y las copas de los chopos
saludan desde el barranco.

Desde lo alto del monte
veo los campos soñando.
Ya dejaron sus labores,
se tapan de oscuro manto.

Mi pasear se hace lento.
Me gusta el olor a leña
que la niebla de ese humo
va perfumando en la tierra.

Ya veo brillar las piedras,
al final de mi sendero,
que la farola calientan
como si fuera un brasero.

El aire silba a mi lado.
La calle quedó vacía,
y la sombra de la tapia
ahora es extensa y fría.

Ya no distingo las nubes,
ya los colores se fueron,
y el frío de un nuevo otoño
se apoderó de mis huesos.

La luna quiere asomar,
desde el otero me mira,
acompañada de estrellas
llenan la noche de vida.

Todo cubierto de noche,
todo callado y sereno,
todo un día dice adiós
para dar paso a los sueños.

Todo esto es un disfrutar,
los sentidos reverberan
plenos de satisfacción
inundando las aceras.

Mañana puede que el sol
acompañe tus paseos
y que la noche, al llegar,
traiga tus más dulces sueños…

© 2015  J.I. Salmerón

Era tan fría la tarde

Juan I. Salmerón

Era tan fría la tarde
que puede que fuera invierno.
Aunque la luz era azul,
azul celeste, recuerdo…

Yo iba contando adoquines
de esos cuadrados del suelo,
mientras subido a la acera
en equilibrio paseo.

Llevaba botas de campo
de esas de cordones negros,
y calcetines de lana,
y bufanda gris al cuello.

Las manos en los bolsillos,
como buscando un recuerdo,
y el pensamiento en las nubes
soñando lejos del suelo.

No me cruzaba con nadie,
ni un alma había en la calle,
solo un silencio helador
aún más frío que la tarde.

Crucé por mitad del parque…
¡Me encanta pisar las hojas
que pintando de tostados
hacen camino de alfombra…!

Soplaba el aire a mi espalda
ayudando a que mi andar,
sin yo poder evitarlo,
fuera ligero y audaz.

Y me senté a descansar
sobre la piedra del banco
donde una tarde en verano
vimos al río mirarnos.

Donde tu mano buscaba
poder encontrar mi mano,
donde los besos sonaban
a sentimientos robados.

Y mi suspiro se hundió
de pronto, junto al recuerdo,
helado como la tarde,
sobre esas hojas del suelo.

Volviendo sobre los pasos
que el caminar me ha traído,
dejé de nuevo en las sombras
al banco que mira al río.

…La noche volvió más frío
el trascurrir del momento.
El cielo estaba estrellado
y puede que fuera invierno…

© 2015  J.I. Salmerón

Cabalgaba el sol la tarde

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Cabalgaba el sol la tarde
subido a montes dorados
con larga capa que arrastra
cubriendo de sombra prados.

Sentado estaba a sus pies,
al borde mismo del día.
La tarde marchaba lenta,
en eterna despedida.

Las nubes me susurraban,
blancas de sueños perdidos,
que me fuera navegando
entre las nieblas del río.

Hasta el camino se fue,
volviendo negro su blanco,
oculto en la timidez
que volvió mudo su canto.

Ya no gritaba sus bordes
para llevarme de nuevo
por la vereda de verdes
a ese Amor que hoy es recuerdo.

Y se sentó junto a mí
la noche que no veía
cubriendo de negro llanto
y oscureciendo mi vida.

Y su quietud congelaba
esas gotas de rocío
que de la flor de mi alma
rodaban todas al río…

Así se pasó la tarde
y la noche me atrapó,
entre los robles de un río
buscando de nuevo Amor…

© 2015  J.I. Salmerón

Mi abrazo vacío

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Mis brazos,
huérfanos de ti quedaron,
del calor de tu risa,
de tu mirar de abrazo…

Mis manos,
vacías de tu olor, ya se cerraron,
y se apretaron guardando tu voz en su regazo,
entre los pliegues de mis dedos,
casi enjaulada, casi ahogada de lamentos,
tu voz y mis momentos…

Mi abrazo,
helado se quedó al no encontrar tu cuerpo,
lejano entre la tarde,
al borde del tormento.

Y tus ojos a lo lejos se cerraron, se durmieron,
por no encontrar los míos aún despiertos,
sumidos en un sueño, en pleno vuelo,
esperando a su regreso en nuestro cielo…

Mis brazos,
se cerraron vacíos de consuelo,
y no tocaron tu cuerpo,
y no notaron tu aliento,
y no escucharon el latir sonoro de tus besos.

…Y no pudieron sujetar la tarde y volverla amanecer,
y encontrarse a medio día con tus gestos otra vez…

Mis brazos,
huérfanos de ti quedaron,
de tu mirar intenso,
de tu apretado beso,
de tu querer que amaron…

Sigue mi abrazo vacío y roto en la distancia.
Sigue mi abrazo buscando perdido en la madrugada.
Sigue mi abrazo…, y mi voz desesperada.
Sigue vacío de tu Amor mi alma…

© 2014  J. I. Salmerón

…Cuando se va la tarde

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…Cuando se va la tarde,
cuando la noche cubre toda la luz con sus sombras,
es cuando más intenso retorna a mi memoria tu recuerdo.
Cuando necesito del calor de tu cuerpo,
cuando el frío, de mi alma se apodera,
cuando mis ojos buscan con afán tu estela…

…Cuando ya no se ve,
cuando ya no se distinguen las caras de la gente que pasea,
es cuando tu imagen a mí más fuerte regresa,
y se hace nítida, como si a mi lado ya estuvieras,
y tu cara yo acaricio, y beso, y me acerco a sus extremos,
y la palpo toda con mis dedos, y yo la bebo…

…Cuando la noche me ciega con su negro,
tú, tu rostro con su luz, de sol intenso,
me devuelve el último amanecer que mis ojos vieron,
me regresa a los campos de espigas doradas
que los atardeceres alumbraron en mis cuentos…

…Cuando se va la tarde,
crecen mis esperanzas de volverte a encontrar
en los jardines de tus besos, con tu mirar profundo,
con esa luz que vuelve en días
a las noches más negras y cerradas que recuerdo…

…Cuando se va la tarde,
La añoranza me esconde tras su velo negro…

© 2014  J. I. Salmerón