El alma se ha derrumbado

El alma se ha derrumbado,
como la casa vacía…
El alma, sin su tejado,
moja con lloros su vida.

Y cada tabla, y su clavo,
clavan su extremo a la viga.
Y cada viga, en su palo,
van sujetando los días.

En cada puerta que abría,
una emoción contenida.
En cada puerta cerrada,
él su misterio tenía.

¡Ladrillos que andan sujetos!
¡Cemento que cierra heridas!
Y maquillando paredes,
una de cal blanca y viva.

Eran de alegres chillidos
sus pasillos y caminos.
Hoy solo pasa el silencio
corriendo sin hacer ruido.

¡Y la tarde hacia lo oscuro…!
¡Y la mañana en domingo…!
Y una noche, con estrellas,
hasta quedarse dormido.

Empuja así el sentimiento
paredes, tejas, y nidos.
Empuja cada madera
con vientos enfurecidos.

A veces sale el recuerdo,
paseando despacito,
atravesando jardines
que hoy llenan cardos con pinchos.

El alma se ha derrumbado.
El corazón tiene frío.
La pena vive en la calle.
La casa, sin su tejado,
ya no les presta cobijo…

©2019  J.I. Salmerón
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Sobre los cielos

Si yo pudiera andar sobre los cielos,
sería, sin dudarlo, una cometa.
Con esos mil colores de su pelo…
Con esa trenza larga que le cuelga…

Pero otras veces quiero ser lucero.
Ser Venus que acompaña con su brillo
las tardes y mañanas de los días
como si fuera un Dios en lo infinito.

Y no descarto que si yo alzo el vuelo,
pudiera ser la nube que hace sombra,
filtrando, de ese sol calenturiento,
los rayos que molestan a deshora.

Sería de la tierra, así, el mal alto.
Sería de mil plantas, edificio.
Sería mástil de toda bandera
que quiera que la ondee por oficio.

Quisiera ser también esa gaviota
que siempre va volando por los mares.
Que sube, y baja, y juega con el viento
como si en barca fuera por el aire.

La luna blanca, llena, de las noches
sería para ser tan envidiado
como es este satélite divino
que acoge con su voz a enamorados.

¡El rayo y la tormenta!
¡La copa de un gran árbol!
¡El pico de montaña!
¡La sombra en un tejado!

¡La linda golondrina!
¡Campana en campanario!
¡Del circo, trapecista!
¡El eco si te llamo!

Si yo pudiera andar sobre los cielos,
esta noche estaría en tu tejado.
Te cogería en brazos, y a lo lejos,
haríamos de estrellas en lo alto.

¡Y así, en nuestro volar,
sin soltarnos las manos,
se haría realidad
el sueño que soñamos…!

Si yo pudiera andar sobre los cielos,
sería todo menos ser humano…

©2018  J.I. Salmerón

 

Lloraba la tarde

Juan I. Salmerón

 

Lloraba tanto la tarde
la puesta de sol tan temprana
que sus lágrimas rodaban por la calle
convirtiendo baldosines en ceniza.

Era la escarcha que trae la noche,
era la brisa delgada y fría,
era ese día que muere
sin haber visto su risa.

Y el sol se agarraba entre las nubes,
sobre los picos de las montañas,
queriendo así abrazarse a aquella tarde
tratando de mecerla entre sus rayos.

Es el destino,
es el rodar de la vida,
el invierno que no deja ver al sol
a pesar de que la tarde se lo pida.

Se marchó el sol,
y la tarde no vio que era noche,
y que a falta de su luz
las estrellas serían su camino.

La luna en un tejado se sentó
a prestarle el corazón
a aquella tarde que entre lágrimas
de escarcha fría suspiraba.

No llores tanto el adiós,
le dijo la clara luna,
del sol que vuelve mañana
a acompañarte de día.

Disfruta su corazón
mientras la luz sea sol
que cuando seas de noche
el cielo estrellado y yo
te haremos fiel compañía.

© 2017  J.I. Salmerón