La bicicleta

 

Oía el timbre sonar a lo lejos.
Yo te esperaba ansioso a que vinieras.
Tu pelo caminando sobre el aire.
Y ese vestido azul, y aquellas piernas…

Pasamos tantas tardes de verano
montando sueños en tu bicicleta.
Tú delante de mí y yo abrazando
aquel talle de niña y de princesa.

Los chopos, el paraguas del camino.
De rojo, la sonrisa de tu boca.
Intenso aquel perfume que, en tu pelo,
hacía enloquecerme gota a gota.

Como si fuera ayer,
la vida me regala ese momento.
Sin creer que ha pasado media vida.
Sin saber cómo llega hoy su recuerdo…

Parábamos al borde del arroyo
a ver quién de los dos era el primero
que, metiendo las ganas en el río,
mojaba esa pasión de ardor intenso.

Y no había manera de frenarlo.
Como un potro salvaje y desbocado,
el beso cabalgaba por el aire
hasta que era domado por los labios.

Tu boca era la miel…
El dulce atardecer de aquel verano,
el viento, las caricias, y tu piel,
me hicieron carcelero de tus brazos.

Me gustaba guiar a tu cintura
por el camino verde en la vereda,
y que los juncos fueran poesía
cuando rozaban, al pasar, tu tela.

Y siempre regresábamos de noche,
las estrellas, tú y yo, y la bicicleta.
Y el faro entristecido que alumbraba
a golpe de pedal la carretera.

…Aún recuerdo a tu timbre que llamaba
antes de que llegara a la plazuela.
Y yo, que tras la esquina te esperaba,
para montar de nuevo sobre el sueño
al que tú me llevaste en bicicleta.

©2019  J.I. Salmerón
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Hubiera sido

Hubiera sido sol
para quererte muy temprano.
Hubiera sido norte
por si no sabes dónde ir.

Hubiera sido espacio
y así abrazarte todo el rato.
Hubiera sido silla,
por si te cansas, estar ahí.

También hubiera sido
la calle larga y estrecha.
La que, cuando tú pasabas,
tocabas sin querer.

Así te hubiera olido
cuando de mí pasaras cerca.
Así hubiera sentido
el roce añorado de tu piel.

Hubiera sido el mar
rompiendo con mis olas
en tu desnudo cuerpo,
flotando sobre mí.

Hubiera sido playa
donde pasas las horas.
Donde descansa tu cuerpo
soñando junto a mí.

Y por haber querido,
yo hubiera deseado
ser el rojo vestido
que tanto me gustó.

Y así poder tenerte
tan cerca y tan a mano,
todo el día besando,
y rozándonos los dos.

…Por no cansarte con lo que te digo,
lo que yo de verdad
por ti siempre he querido,
era vivir contigo una pasión…

©2018  J.I. Salmerón

Sin tenerlo preparado

 

 

Ninguno de los dos lo quisimos nunca.
Ni tú ni yo lo tuvimos preparado.
Y sin embargo, es así como ocurrió,
no encontramos otra mejor solución
y terminamos los dos enamorados.

Y fue, sin duda, otra vez casualidad,
como ocurre casi todo en esta vida.
Fue tarea del destino, y nada más.
Fue el culpable mi paseo, al caminar,
por la calle en que los martes tú caminas.

Y al principio no hubo aroma que embriagara
como hoy tú embriagas a todos mis sentidos.
Ese olor que ahora a tu paso acompaña
cada vez que por el parque nos cruzamos,
cada vez que veo el vuelo en tu vestido.

Yo no quise ni mirarte, lo confieso.
Al igual que tú tampoco me mirabas.
Pero la electricidad nos dominaba
con ese montón de chispas que salían
cada vez que nuestros ojos se rozaban.

Al final no hubo remedio y nos amamos,
como se aman animales en su celo.
Dando rienda suelta a todos los deseos
que sentimos, cuando solo nos rozamos,
al cruzarnos cada tarde en el paseo.

Yo era la montaña rusa entre tus brazos.
Tú, sin duda, eras la bruja de mis besos.
La que a base de una pócima de magia
conseguiste que mi cuerpo te atrapara
y perdiera por tu Amor todo mi seso.

…Como siempre en esta vida, todo acaba,
y la calle está vacía en mi paseo.
Y mis ojos, llenos, lloran en tu ausencia.
Y no huelo tu perfume que me embriaga.
Y a mis brazos solo los llena el recuerdo.

Ninguno de los dos lo quisimos nunca.
Ni tú ni yo lo tuvimos preparado.
Pero la historia eterna de nuestro Amor,
mientras le quede el recuerdo y la pasión,
siempre andará viajando a nuestro lado…

© 2017  J.I. Salmerón

La misma fotografía

Me llamaste la atención
al verte subir la cuesta.
Vestido blanco de fiesta
y pelo a lo Marilyn.

Y lo que más me gustó
fue ese ojo tan bonito
enfocando al infinito
de tu cámara sin film.

Enseguida comprendí
que eras de imagen ladrona
haciendo toma tras toma
en cámara digital.

Nos conectaba el Amor
por el paisaje tan bello,
en vertical tu destello
y mi encuadre horizontal.

Por eso al verte ahí
haciendo la misma foto,
y aunque me taches de loco,
fue que yo me enamoré.

Así que haciendo lo mismo
quise robarte una foto
poniendo en tu cara foco
volviendo eterno el ayer.

La imagen que nos unió
no pudo ser tan casual
por eso en tal para cual
es hoy letra de un poema.

Tú seguiste con tus fotos
y yo seguí con las mías,
y aunque han pasado los días
sigo soñando la escena.

Me llamaste la atención
y ni yo te vi la cara
al tenerla tan tapada,
ni tú me viste la mía.

Es lo que tienen las cosas
de cruzarse por la calle,
es lo que marca el detalle
de amar la fotografía…

© 2017  J.I. Salmerón

Me enamoré la otra tarde…

Juan I. Salmerón

 

Me enamoré la otra tarde…

Paseaba por la acera
con mi cámara en la mano
convirtiendo en inmortal
lo que acontece a mi lado.

Cuando vi que al otro lado,
melena al viento volando,
aquella mujer robó
mi atención por un retrato.

Me enamoré sin remedio…

Gafas de sol sobre el pelo
dejando ver que sus ojos,
castaños como la tarde,
dominaban el paseo.

Vestido entallado y corto,
rojo con dos lazos negros.
Cintura que adivinaba
entre su largo cabello.

Me enamoré como un crío…

Parecía una princesa
que fuera esculpida en oro
entre los rayos de sol
que la abrazaban andando.

¡Que no podían dejar
mis ojos de acompañarla…!
¡Que no sabía mirar
a otro lugar que a su falda… ¡

Me enamoré de su cuerpo…

Recuerdo que de sus pasos
aún oigo su tintineo
alejándose en la calle
sin yo poder detenerlos.

Recuerdo hasta su perfume
que el viento, siendo aliado,
entre sus brazos de aire
me trajo como regalo.

…Me enamoré aquella tarde
a pesar de que haga tanto,
de que fuera adolescente
y ella tuviese veinte años.

© 2016  J.I. Salmerón