El brindis

Un día lo celebraron.
Fueron felices un día.
Hoy el recuerdo rebosa
del vino que contenían.

En su cristal quedan huellas
de esos labios que besaron,
de las marcas de los dedos
que su piel un día rozaron.

Hoy llenan con los silencios
del olvido, el recipiente.
Hoy solo gotas de escarcha
llorando su amarga suerte.

Las copas se abandonaron.
Yacen de brindis vacías.
Y en su cristal el reflejo
de alegres y hoy, tristes días.

Las mismas que un día llenaron
su cuerpo con la promesa
de hacer eterno un Amor
que hoy olvidado se queda.

¡Quizás aún queda esperanza
y no esté todo perdido.
Tal vez regrese la suerte
de un Amor no conocido!

¡Posiblemente sus cuerpos
rebosen un nuevo vino.
Con nueva celebración
y un brindis por el destino…!

Siempre es posible volver
sobre los pasos andados
y en el camino encontrar
a un Amor abandonado.

Mientras aún nos queden besos
y caricias en las manos,
podremos llenar de nuevo
la copa en la que brindamos.

© 2017  J.I. Salmerón
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Aquí murió por Amor…

Poema inspirado en una noticia escuchada esta mañana en la radio sobre los epitafios curiosos que hay en distintos cementerios. Este, en concreto, es el de una tumba en un cementerio de República Dominicana, de un señor donde solamente quiso que pusieran “murió por amor…” sin más nombre ni señas de ningún tipo, y donde todos los años, personas anónimas, dejan flores en su tumba sin conocerle de nada. Tan solo por morir de Amor. Y es que el acto merece, por lo menos, unas pocas flores…

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“Aquí murió por Amor…”
Decía al pie el epitafio
bajo la cruz de metal,
sobre la piedra de mármol.

Aquí su Amor yacerá
aunque lo tapen los años
porque su historia de Amor
será de todos legado.

“No duele tanto morir
como que no sea amado
con la pasión y emoción
que yo soñaba sus labios…”

Unos dijeron: “La edad…”
Otros : “Qué pena, un infarto…”
Pero yo bien que sabía
que de Amor se fue apagando.

Que fue la pasión tan grande
que por su amada sentía.
Que fue la pena de Amor
al no ser correspondida.

Recuerdo que me contaba
que al verla a ella pasar
el mundo se detenía.
…Lamentos de un suspirar…

¡Que el mar, laguna tranquila!
¡Que el viento, todo callar!
¡Que el sol, penumbra de día!
¡Que su alma, estrella fugaz!

Y así su Amor fue creciendo,
mas solo como Platón,
pues no fue correspondido
y agónico fue el dolor

al ver a su amada idílica,
aquella que tanto amó,
del brazo de nuevos besos
que traicionaron su Amor.

Se abandonó a la locura,
tiró su vida en la acera,
buscó el más digno final
mientras moría de pena.

“No olvides poner, amigo,
sobre mi losa, en mi honor,
que ni enfermedad ni edad,
que yo he muerto por Amor…”

Su voluntad se ha cumplido,
no hay nombre, fecha, ni datos,
solo que ha muerto de Amor,
que el Amor lo fue matando…

…Hoy muchas almas vivientes
paseando van sin rumbo
en busca de aquel Amor
que al corazón puso luto…

© 2015  J.I. Salmerón