La observadora

©2019  J.I. Salmerón
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Atrevimiento

…Perdona mi atrevimiento
por querer acariciarte.
Perdona, pero soy viento,
y calmo mi sentimiento
abrazando a cada instante.

Así consigo tenerte.
Besarte suave en el cuello.
Tus manos poder tocarte
y entre susurros contarte
que soplo por ser tu dueño.

¡Y soplo y soplo, tan fuerte,
con ganas ya de tenerte,
que vuela a ti mi deseo…!

…Perdona por el descaro
que tengo cuando te veo.
Perdona, pero soy tiempo,
me pierdo si no te rozo
y entre segundos me muero.

Así consigo atraparte
entre el ayer y el anhelo.
Entre el mañana y el beso
que tiene a mi cuerpo preso
entre minutos de celos.

¡Y paro cualquier aguja,
en el reloj del momento,
para entregarte lo eterno…!

…Perdona la indisciplina
de mis ojos al mirarte.
Perdona, pero soy cielo,
que aleja todos sus miedos
al ver tu estrella brillante.

Así consigo alumbrarme,
siendo de día en mis sueños.
Así no hay nubes oscuras,
vagando por mis alturas,
si miro a tus ojos bellos.

¡Y pinto de azul el día,
y luna pongo a la noche,
llenando todo de besos…!

…Perdona mi atrevimiento
si he querido enamorarte.
El cielo, el viento, y el tiempo,
no tienen otro argumento
para poder conquistarte…

©2019  J.I. Salmerón

Guerreros del Amor

Hoy quiero felicitar
a todos los que arriesgando
en la guerra del Amor
perdieron una batalla.

A todos los mutilados
de besos y de “te quiero…”
que sangrando en cada abrazo
no dejaron de luchar.

A los que empuñan el roce
como arma que deja herida
la piel en cada caricia
volviendo el sueño verdad.

A los que pugnan, valientes,
luchando por un querer,
esquivando bala a bala
la indiferencia mortal.

¡Y siempre con la bandera
de la emoción contenida,
como estandarte del sentimiento,
como la enseña de la pasión…!

¡Y siempre mirada al frente
vigilando que unos ojos,
esquivos y recelosos,
se rindan ante su Amor…!

Hoy quiero felicitar
a todos los estrategas
que asaltan con la ternura
castillos inexpugnables.

A los que lanzan sus flechas,
punzantes de simpatía,
dejando cada alma herida
con besos inenarrables.

Así somos los guerreros
que en el Amor combatimos,
luchando por el abrigo
de algún profundo querer.

Así somos…
¡Guerrilleros del Amor,
militantes del deseo,
enemigos, adversarios,
y rivales de un adiós…!

©2019  J.I. Salmerón

Que no quede…

Por escribir que no quede…
La tarde sobre el vestido
que te cubría en lunares.
La tarde que amaneció
tu sentimiento profundo.

Y me besaste en la idea
que, al abrazarte de nuevo,
solo sentía tu piel
rozando sobre mi mundo…

Pues por sentir que no quede…
La nube gris de tormenta
atravesando mi muro.
Y detrás de la pared,
el sol radiante del tuyo.

Y te soñé como sueño
cómo me empapa ese musgo,
cómo me cala el recuerdo
de tu limón agrio y duro.

Por abrazar que no quede…
A la luz, a la esperanza,
a las tardes de domingo.
A las cómplices miradas
que me regala el sigilo.

¡Abrazarme a tu cintura
era volver a ser niño!
¡Era sentirme otra vez
volando sobre tu nido!

Y a cada paso que daba
la noche que coincidimos,
más se alejaba la decisión,
la sensación que me oprime
por dentro del corazón,
de estar otra vez contigo…

Pues por llorar que no quede…
Que hay veces que el agua lava,
aunque la sal nos amargue,
y limpia toda la pena,
y sana al tiempo la herida.

¡La tarde, el beso, tu piel…!
La nube gris allí arriba.
¡El muro, el sueño, y sentir…!
Cómo tus ojos me miran.

Pues que no quede, ¿o que sí…?
Que si queda recordamos,
y al recordar, nuestra piel,
recobra un poco la vida…

©2019  J.I. Salmerón

Aún puede sentir…

Aún puede sentir…

¡El abrazo del sol en su cara.
La caricia del viento en su pelo.
El olor del pinar en la tarde
que aquel día a su cuerpo embriagaba!

Aún puede sentir…

¡Que la vida, que viaja a su lado,
en pedazos, que son sentimientos,
cobijados al lado del alma
cada día el Amor le regala!

Es el sentir lo que tiene,
dentro del corazón,
atrapada a la emoción…
Sí, ya lo sé,
es el sentir un dolor.
Pero el que no siente nada,
es que no siente el Amor.

Aún puede sentir…

¡Cómo moja calando los huesos
cada flor convertida en los besos
que a su boca el rocío llenaba
y en sus labios la vida le daba!

Aún puede sentir…

¡Que es lo bueno que tiene estar vivo,
el sentir el abrazo y los mimos,
el sentir la oración de un domingo
suplicando no perderse nada!

Es lo que tiene el sentir
desnudando el alma entera
para que, al fin, uno quiera…
Sí, ya lo sé,
es el sentir la experiencia,
y del Amor es la ciencia,
hasta que el Amor se muera.

Aún puede sentir…
Que en esta vida, el vivir,
es lo que acorta la espera…

©2019  J.I. Salmerón

La edad de la tramoya

La edad de la tramoya.
La que sujeta cada escena y decorado.
La que dibuja esa sonrisa
que a todo público
deja simplemente enamorado.

La edad de la inocencia
cuando estamos empezando.
La edad de la razón,
aunque tú ya sabes bien
que de nuevo te estás equivocando.

Es la edad de cada uno,
de los nuevos y los viejos,
de cada uno de los tiempos
en que en esta falsa vida
nos pasamos ensayando.

Como si no pudiéramos
dejar nada al azar,
en las manos del destino,
en la incierta lotería
de la vida que se ve en el escenario.

Es la edad de cada tabla
que debajo de las luces
mortecinas de esta vida,
que es teatro,
cada día yo he pisado.

Cada vez que la butaca está vacía.
Cada vez que los temblores
de esa edad tan implacable,
van marcando la salida
y el final de lo ensayado.

Una edad que sabe a veces
como caramelo amargo…
Como a vino avinagrado…
Como a pasos en arenas
que te hunden en el barro…

Siempre estamos estrenando,
cada día al levantarnos,
un guión para exponer.
Un esquema del discurso.
Un monólogo de barrio.

Hoy la edad me está venciendo
Y apenas me he dado cuenta.
Y mañana tengo estreno
de lo que tengo ensayado,
de lo escrito en esta obra.

Que comienza cuando naces
y que cada escena encierra
lo que ocurre cada año,
entre sueño y realidad,
entre actos de tramoya.

©2019  J.I. Salmerón