Jugaba el sol al escondite

Juan I. Salmerón

© 2016  J.I. Salmerón
Anuncios

Hoy te eché de menos

011

Hoy te eché de menos…

Y tu silla vacía,
como mi corazón por tu ausencia,
aumentaba el abrumador silencio
que se apoderaba
con su ensordecedor eco
de cada rincón de mi alma.

Y mi corazón gritaba
que tu cuerpo y tu Amor,
ahora en otras mañanas,
vuelvan pronto a soñar
junto al mar de mi almohada.

Hoy sentía tu ausencia punzante en mis huesos.
Y mis manos lloraban
tu falta en mi tacto.
Y mis ojos la huida del roce
de vista en tu piel.

Y mi boca dobló un suspirar que guardó del sonido.
No quería una lágrima más
en el mar del recuerdo,
ni otro ahogo en los besos
que yo te entregué.

Hoy la tarde pesó por no verte.
Sus palabras son mudas y huecas
como un día sin sol.
Y la noche, atrapada de miedos,
escaló el horizonte
y en lo oscuro murió.

Hoy te eché de menos…
Y la silla, vacía de ti,
al igual que mis ojos de azul,
en la sombra lloró…

© 2016  J.I. Salmerón

No quise decirte adiós

Juan I. Salmerón

No quise decirte adiós,
yo no podía.
Preferí solo hasta luego
por si tiempo después
yo tuviera la suerte
al doblar de una esquina
de encontrarme contigo
y volvernos a ver.

Por eso fue mejor callar y así otorgar,
que no fueran palabras.
Y así mi corazón, dispuesto en la emoción,
en el adiós llorara.

Quizás fuera el Amor
que yo por ti sentía,
la angustia de perderse
de nuevo el corazón,
lo que impidió decirte
por miedo a tu partida
que en mí tu larga ausencia
sería un gran dolor.

El alma me imploraba que no te fueras,
ni adiós ni despedida.
Por eso procuraba no mirarte,
o no habría salida.

Tal vez sin un adiós
el sueño viviría.
-Sin una despedida
tampoco habrá dolor-
Que no fui yo consciente
que el sueño moriría,
que dio igual hasta luego
que haberte dicho adiós…

© 2016  J.I Salmerón

Si hay ganas de besarse

 

Juan I. Salmerón

Si hay ganas de besarse
la estatura es lo de menos;
el Amor no tiene edad
ni talla tienen los besos.

No importa que nuestra piel
contenga distintos sueños.
Tú, blanca y pálida luna;
negro de noche mi cuerpo.

Qué más da que nos queramos
tan distantes y alejados
si me atraviesa un recuerdo
y el viento me trae tu abrazo.

Si el mar susurra tu nombre
en el vaivén de sus olas
cuando en la orilla revivo
que te hice mía unas horas.

Lo importante es la pasión
cuando acaricio en silencio
tu desnudo atardecer,
desde tu espalda a tu pecho.

Cuando los labios se buscan
por el desierto, sedientos,
y hasta que no dan cien besos
no sacian la sed del cuerpo.

¡Ay… qué potente es la emoción.
Qué infinito es el recuerdo
que tiene de ti mi boca
pidiéndome aquellos besos…!

Da igual que me hables en prosa
y yo te responda en verso
si al final es en los ojos
donde el idioma entendemos.

Y cada noche que puedo,
al recordar tus abrazos,
me repito aquellos versos
que recitaba al mirarnos:

“¡Pues que comience el festín,
que los labios ya han hablado,
y las ganas nos apremian
para empezar a besarnos…!”

© 2016  J.I. Salmerón

Como yo a ti te he querido…

Juan I. Salmerón

Tal vez tú no llegues nunca a mí a quererme
como en esta vida yo a ti te he querido
y mi luna y tus estrellas no ambicionen
compartir el firmamento en que han vivido.

Es posible que a pesar de nuestros besos
nuestras bocas no se encuentren nuevamente
y ahora ya traten de usted a nuestros labios
como a nuevos y distantes pretendientes.

¿Dónde irá mi corazón
si mi alma se vació
de amaneceres?
No se puede dar Amor
y esperar ser bendecido
en los altares…

Tal vez fuera lo mejor que nos pasara,
no recuerdo de tu boca ni un te quiero
mientras tu cuerpo y mi alma se enzarzaban
en buscar en nuestro Amor algún acuerdo.

Es posible que tu andar yo no entendiera,
que fui pájaro de vuelo en horizonte,
y por eso tú en camino y yo entre nubes
no encontramos el pactar en los amores.

¿Y qué haré con este Amor
que yo, incauto, te entregué
sin condiciones?
Qué tristeza da el amar
y no ser correspondido
en emociones…

© 2016  J.I. Salmerón

La distancia

Juan I. Salmerón

Hay muchas veces que la distancia
es tan sumamente grande
que su peso no lo puede
aguantar la memoria.

Y se desborda como lágrimas
que explotan desde el alma,
desde lo más profundo de nuestro cuerpo,
entre silenciosos y lentos minutos eternos…

Hay muchas veces que por más
que lo intente el recuerdo,
el pasar de los tiempos
termina por convertirse en una neblina,

en una lluvia de invierno
que te impide ver más allá
de unos pocos cercanos momentos,
y te cala por dentro.

¡Y no lo puedo hacer presente hoy,
no puedo acercar esos recuerdos,
no puedo hacer que vuelva nuestro Amor,
que en mi reloj se haga amanecer
esta noche que me atrapa con lamentos…!

…Hay muchas veces que la distancia,
tristemente,
es el morir del sentimiento…

© 2016  J.I. Salmerón

La vida siempre ligera

208

La vida siempre ligera,
siempre viajando de paso
sin importarle siquiera
los que en la vida soñamos.

Sin saber si está el destino
jugando de nuestro lado.
Sin conocer el camino
más propicio para andarlo.

Siempre escondiendo sus cartas
con ases bajo la manga.
Siempre la vida apostando
porque la tiene ganada.

Y da igual si tú te esfuerzas
con una buena jugada,
ella te cambia las reglas
para no poder ganarla.

Un día quiso la vida
cobrarse un alma vencida
pensando que su destino
la daba ya por perdida.

Pero la vida falló
y el alma cantó victoria,
que su destino no quiso
dejarla con vida corta.

Siguió camino la vida
buscando nueva partida.
Por esta vez hubo suerte,
no quiso abrir más la herida.

La vida siempre al acecho,
siempre sin carga viajando
para engañar al destino
cuando este está descuidado.

© 2016  J.I. Salmerón