Nacer un viernes

Quise nacer en un viernes,
al despuntar la mañana.
Al poco de despertar,
buscando la suave calma.

Entre la espiga verdosa
que ha de ser después dorada.
La que es bañada de río.
La del valle, en la explanada.

Pero resulta que fue
un martes, y por la tarde.
Entre el asfalto y la acera,
con un calor asfixiante.

Con un ruido atronador
cruzando de esquina a esquina.
Con esa falta de Amor
que en la ciudad se respira.

Pero es que se ha de crecer
allí donde se ha nacido.
Bajo las olas del mar,
sobre los picos alpinos.

En terraplenes de arena
de un patio de colegiales.
O entre los muros de piedra
de iglesias o catedrales.

Yo pensé que al ser de flor
nacería entre los campos.
En las montañas tranquilas
que siempre en sueños cruzamos.

Al borde del fresco arroyo
que va regalando charcos
para, cuando hace calor,
nos demos un fresco baño.

Pero resulta que no,
que a mí me ha tocado asfalto.
Y el agua que allí discurre
es porque la imaginamos.

Y mis hojas, mi pulmón,
tan negras como mi suerte.
Y mi amarillo limón
de oscuro se tiñe en breve.

Aunque no voy a quejarme,
si eres clavo hay que aguantar.
Pero maldigo aquel martes
en que me dio por brotar.

Tan solo espero y deseo
que el viento, que es generoso,
arrastre de mis estambres
el polen que yo dispongo.

Y así me lleve tan lejos
que, en una verde pradera,
puedan nacer en un viernes
los hijos que yo contenga.

…Ahora os tengo que dejar
que la tos de este lugar
ni respirar ya me deja…

©2018  J.I. Salmerón
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Aún guardo

Guardo conmigo algo tuyo
que no pensé en devolverte.
Algo que estoy bien seguro
que ya no recordarás.

Quizás fueran las palabras
que me dijiste al oído.
O tal vez fueran los besos
que a mí me diste a besar.

Lo tengo todo guardado
junto a las ganas de verte.
Junto a la dulce sonrisa
de tus labios carmesí.

Y tampoco te he devuelto
la mirada de tus ojos
que encendidos me gritaban:
“Hoy no te alejes de mí…”

Guardo también tus paseos
bajo los chopos del río.
Tu mano sobre mi mano.
Tu rubio pelo de sol.

Junto a la roja amapola
que una tarde me cortaste
marchitándose al instante
como lo hiciera tu Amor.

Puede que un día te llame
y te retorne el secreto.
Ya no hay miedo a que se enteren
de que una tarde te amé.

Es mejor que no haya nada
que un día tú me reclames.
Es mejor que nada te ate
a mi recuerdo otra vez.

Lo que no te devolveré
por mucho que me lo pidas.
Lo que guardo tan adentro
que no te podré entregar.

Son todos los sentimientos
de tantos bellos momentos.
Los que se agarran al alma.
Los que nos hacen llorar.

Aún guardo tuyo el ayer,
el resto puede marchar…

©2018  J.I. Salmerón

 

El nido vacío

Hoy vi su nido vacío, volando sus esperanzas.
Hoy vi cómo el pajarillo buscaba su libertad.
Hoy vi cómo se terminan, cómo se cumplen los ciclos.
Hoy vi la casa vacía rebosando soledad.

¡Y ya no hay cobijo bajo alas de seda.
Su cuerpo desnudo con traje ya está.
Hoy pide licencia, que inicia su vuelo.
Su mundo le espera en otro lugar!

Su madre no quita ojo, le sigue con la mirada.
Siempre del vuelo pendiente por si tiene que actuar.
Las alas son diminutas y, en un cuerpo tan pequeño,
no cubren lo suficiente en tan largo navegar.

¡Y el síndrome abarca su nido vacío.
El canto es de pena, ya no trina igual.
Las alas que anoche con nanas cubrían,
hoy solos de piano parecen cantar.

Si no fuera por el nido que veo por la ventana,
diría que el sentimiento es de un humano, quizás.
Es lo que tiene esta vida que tan intensa vivimos.
Es lo que, teniendo hijos, a todos nos pasará.

¡Y el canto de alondra despierta mi sueño.
Un verde jilguero cruza el ventanal.
Delicado y grácil saluda el vencejo.
Y la mirla parda vigilando está!

La vida sigue su curso, da igual que especie seamos.
Las madres siempre se apenan cuando los hijos se van.
Siempre pidiendo un deseo cuando los miran volando.
¡Cuidado y regresa pronto…! Que aquí te espera tu hogar…

©2018  J.I. Salmerón

 

Cómo explicar…

Cómo explicar lo que por dentro no me calma.
Cómo poder escribir hoy de una emoción.
Cómo poder expresar todo el sentimiento
que se ha quedado anclado junto al corazón.

Ese vacío que yo siento junto al alma.
El mismo que se palpa en el anochecer.
Ese jardín de flores que ya están marchitas
y en primavera se niegan a florecer.

Si lo explicara solamente con los gestos.
Si tú pudieras penetrar en mi mirar.
Si lo entendieras por la ausencia de mis besos,
por lo cerrada que la boca pueda estar.

Cómo poder ir desnudando una palabra.
Como poder echar de menos la razón.
Como poder decir callado lo que pasa.
Como poder secar de llanto un corazón.

Si lo explicara con mis manos en tu pelo.
Si mis caricias fueran como las de ayer.
Si perdonaras hoy mi ausencia en tu recuerdo,
y nuevamente regresara a tu querer.

Si yo pudiera hoy escapar de este vacío,
y como luna nueva desaparecer.
Si yo pudiera, como el sol, estar oculto
entre la noche que es cuando tú no lo ves.

Seguramente la emoción describiría.
El alma, el ancla perdería de una vez.
El sentimiento libremente expresaría.
Y mi querer se rendiría a tu querer…

©2018  J.I. Salmerón

Recuerdo el llanto

No quise nunca ver que tú lloraras,
por eso aquella noche fue un dolor
al ver cómo tus lágrimas rodaban
perdiendo la esperanza en este Amor.

No quise ser la espina de una rosa,
yo, que nunca me vi como una flor.
No quise ser cuneta, acequia, o zanja,
donde por mí volcara tu pasión.

¡Qué es lo que pude hacer!
¡Tal vez me equivoqué!
Como cuando decides un camino…

¡La vida es como es!
¡Cruel y sin cuartel!
Ella escribe por ti siempre un destino…

Y todo el sentimiento que brotaba
de aquellos ojos tristes, sin color,
hirieron en el fondo de mi alma,
como una daga hiere un corazón.

Silencio se escuchaba aquella noche.
Tus lágrimas ahogaban cualquier voz.
Silencio que, cual losa, me pesaba,
hundiendo poco a poco mi razón.

¡A oscuras me encontré!
¡Sin luz el callejón!
El río a veces tiene remolinos…

¡No siempre aciertas bien!
¡La niebla me perdió!
De noche y sin farol no vi el camino…

Hubiera dado, niña, cualquier cosa
por ver tus ojos mirando, cual sol,
al azul de los míos, como a un cielo,
pero la cruel tormenta lo impidió.

Aun recuerdo la noche, y tu silencio.
Tus lágrimas amargas, tu aflicción.
El ruido de tus pasos alejarse.
Las dudas anidando en mi interior.

¡No vi salir el sol!
¡Sin luz mi corazón!
Se fueron a tu lado caminando…

¡Aprendes la lección!
¡No hay sabia decisión!
Con rabia y con dolor recuerdo el llanto…

©2018  J.I. Salmerón

Rodó la piedra al camino

Rodó la piedra al camino
buscando en la arena huella
donde tu pie de princesa
marcase su corazón.

Apenas sí tuvo en cuenta
que fue mi mano, y la pena,
la que tiraran la piedra
envuelta en tanto dolor.

…Y el pino dobló su verde en tu honor.
Inclinado por el viento,
que en tu perfume embriagó.

…Y el agua del río lloro y frescor.
Como tu risa aquel tiempo
que mi tristeza inundó.

La curva de la vereda
donde mi mano y tu mano
volaron alto y lejano
la tarde de nuestro Amor.

Volvió más recta mi vida
y el besar, sordo y amargo,
pasó de nuevo de largo
diciendo otra vez adiós.

…Y la tarde nuevamente mudó.
Haciendo del día noche,
queriendo ocultar tu Amor.

…Y la pena suplicó mi perdón.
Sentía haber sido eclipse
y ver morir a tu sol.

Rodó la piedra al camino
mientras al borde, el destino,
compartía mi dolor…

©2018  J.I. Salmerón

 

Entre mis dedos

Te escapaste entre mis dedos.
Como el sueño que se escapa cada día al despertar.
Hoy apenas te recuerdo.
Como no recuerda el día que su noche ha de llegar.

Aun así sigo buscando en cada esquina.
Sigo aún dando tu nombre
a la gente que se esconde,
por si allí pudieran verte a ti escondida.

Aun así no quiero darte por perdida.
Como a carta sin su sobre,
o arco iris sin colores.
Sigo aún pensando en ti día tras día.

En tu adiós ya no hay consuelo.
Se tiñó de oscuro el cielo sin estrellas que contar.
Triste boca sin sus besos
que vacía de te quieros solo supo ya rezar.

Aun así voy a esperar.
Aun así llegará el día tras su noche.
Y tu estrella volverá.
Y de luz se inundará mi corazón…

Te escapaste entre mis dedos.
Y aún no sé por qué motivo ni razón…

©2018  J.I. Salmerón

Llueve en tu corazón

Ya sé que llueve y se moja
el corazón que tú guardas.
Ya sé que se empapa el alma
que llevas en tu interior.

Que las lágrimas descienden
sobre tu cara en cascada.
Que tus ojos, tristes, nadan
para escapar del dolor.

Pero la vida es así,
un río cuya corriente
te arrastra a ese mar de dudas
donde te crees ahogar.

Un huracán que te empuja
como a hoja seca de un árbol.
Tu voluntad va quebrando
llevada a cualquier lugar.

Tan solo déjalo estar.
Espera a que el cielo ceda.
Que salga el sol cuando quiera
y que caliente tu adiós.

Espera y verás de pronto
cómo la lluvia ha pasado,
muriendo el cielo nublado,
volviendo a brillar el sol.

Ya sé que se clava y duele
la ausencia que hay en tus ojos.
Ya sé que es cosas de locos
poder vivir sin Amor.

Que el vacío que se siente
no se llenará con nada.
Que hoy la luna no se para
dando a tu noche color.

Ya sé… que a veces a mí me duele.
Ya sé… lo que es vivir sin Amor.
Ya sé cuando llueve tanto
y el corazón va nadando
mojado en llanto y dolor…

©2018  J.I. Salmerón

 

Sobre los cielos

Si yo pudiera andar sobre los cielos,
sería, sin dudarlo, una cometa.
Con esos mil colores de su pelo…
Con esa trenza larga que le cuelga…

Pero otras veces quiero ser lucero.
Ser Venus que acompaña con su brillo
las tardes y mañanas de los días
como si fuera un Dios en lo infinito.

Y no descarto que si yo alzo el vuelo,
pudiera ser la nube que hace sombra,
filtrando, de ese sol calenturiento,
los rayos que molestan a deshora.

Sería de la tierra, así, el mal alto.
Sería de mil plantas, edificio.
Sería mástil de toda bandera
que quiera que la ondee por oficio.

Quisiera ser también esa gaviota
que siempre va volando por los mares.
Que sube, y baja, y juega con el viento
como si en barca fuera por el aire.

La luna blanca, llena, de las noches
sería para ser tan envidiado
como es este satélite divino
que acoge con su voz a enamorados.

¡El rayo y la tormenta!
¡La copa de un gran árbol!
¡El pico de montaña!
¡La sombra en un tejado!

¡La linda golondrina!
¡Campana en campanario!
¡Del circo, trapecista!
¡El eco si te llamo!

Si yo pudiera andar sobre los cielos,
esta noche estaría en tu tejado.
Te cogería en brazos, y a lo lejos,
haríamos de estrellas en lo alto.

¡Y así, en nuestro volar,
sin soltarnos las manos,
se haría realidad
el sueño que soñamos…!

Si yo pudiera andar sobre los cielos,
sería todo menos ser humano…

©2018  J.I. Salmerón

 

Escondido

Yo siempre me escondía entre las nubes
por si mi luz no fuera de tu agrado.
Yo siempre fui un relámpago, un rayo,
para que mi presencia no cansara.

Por eso es muy posible que no vieras
que te esperaba allí, en el horizonte.
Entre la jara verde de ese monte
que en flor blanca sorprende en primavera.

Al volver de una esquina, siempre estaba
esperando a que oyera que tus pasos
vinieran al encuentro de mis brazos,
aunque oírte, mi pulso me impidiera.

Y como siempre, tú no aparecías.
Solo el viento portaba tu presencia.
Solo tu olor a rosas, y tu ausencia,
llegaban hasta mí, aunque no quisiera.

Escondido, detrás de cualquier árbol,
esperaba las tardes de verano
a que llegaras tú, más era en vano,
pues nunca te fijaste en mi presencia.

A pesar de todo, yo te miraba
como chiquillo mira a su heroína,
como al primer Amor que hay en tu vida,
como a los locos mira su demencia.

A veces, si lo pienso, no lo entiendo.
Cómo pude vivir enamorado…
Cómo, desperdiciando mi pasado,
pude pasar mi vida a ti esperando.

Pero así es el Amor de caprichoso
cuando el enamorado es indeciso.
Cuando la flor que quieres, es narciso,
y tú, te crees a su lado cardo.

Así vas aprendiendo en esta vida,
con horas de reloj que vas matando.
Con rabia, con dolor, también con llanto.
Con la esperanza de tenerla un día.

Yo, luna, que escondida entre las nubes,
por no querer mancharte con mi luz,
cargué con ese sueño, como cruz,
por fin ya desperté y viví mi vida.

©2018  J.I. Salmerón

 

La nube gris

Apenas dieron las doce.
La nube gris, el cielo nubló.
Campana sobre campana.
Y al sur de aquí, su viento sopló.

Con su viento, su alma.
Tanto volar, cansó el corazón.
Despacio, todo con calma.
El tiempo, al fin, corrió a su favor.

Y desde arriba divisa
al sol encima de ella.
Su panza, gris de ceniza.
Cual Oso está en su caverna.

Abajo, verde pradera,
espera verla llorar.
Y a ella le entra flojera,
y empieza fuerte a mojar.

Descansa sobre el silencio.
El aire va, arrastrando sus besos.
Ya flota sobre sus sueños.
La nube gris, va abrazando los cielos.

Su paso, a veces sereno.
Contando va, cada grano de tiempo.
A veces, rayo y su trueno.
Y en un soplar, solo ves su recuerdo.

Rasgando en esa veleta
su cuerpo, que es primavera.
El agua llena la vida.
Y el río espera que llueva.

Apenas dieron las doce.
La nube gris, va mojando en su pena…

©2018  J.I. Salmerón

¡Vamos, venga…!

¡Vamos…!
¡Venga…!
¡Date prisa, corre…!
¡Y bésame mucho y profundo!
¡Bésame cómo tú sabes!
Que pronto llega ya el día.
Y de mi sueño despierto.
Y ya no estás a mi lado.
La vida impone sus reglas.
Mi corazón un desierto…

¡Vamos…!
¡Corre…!
¡No tengas miedo y disfruta…!
¡Que mis labios ya te esperan…!
Que mi boca se hace eco
y tu nombre me susurra.
Que mis brazos ya te buscan
en las sombras del silencio.
¡Y te palpan, te lo juro…!
¡Y te siento, lo prometo…!

¡Vamos…!
¡Venga…!
¡Date prisa, que te espero!
Que es el alba ya, y sus luces,
las que acechan asustando
a este sueño que me envuelve,
al que tú y yo disfrutamos,
al que como cada noche,
en silencio y a escondidas,
entre besos nos amamos…

¡Vamos, venga…!
¡Date prisa…!
¡Antes de que despertemos
y la triste realidad
se apodere de mis sueños…!

©2018  J.I. Salmerón

 

Me gustaría

Me gustaría saber volar,
y tocar el piano con dos manos.
Verte junto a mí otra vez bailar,
volver a soñar que nos amamos.

Siempre quise ser un horizonte,
un lugar al fondo, inalcanzable.
La puesta de sol donde tus ojos
vengan a buscarme cada tarde.

Un jardín de hiedra fresca y verde
donde tú mitigues tus calores.
Una fresca fuente en la que apagues
el fuego que tus labios proponen.

Me gustaría ser de cristal
y que desde fuera tú contemples
el tic tac que tiene mi compás
cuando desabrochas mis botones.

Siempre quise ser tu dulce noche.
Luna llena blanca que te acune.
Ser asiento de atrás de aquel coche
donde, cuerpo a cuerpo, yo te tuve.

En la Navidad ser tu regalo
que impaciente espera bajo el árbol.
Ser de la maldad, lo menos malo,
pero ser picante como un diablo.

Me gustaría saber besar
como a ti te gusta que te besen.
Ser la casa donde al regresar
tú descanses tus preocupaciones.

Quiero ser la suave camiseta
con la que tú duermes por las noches.
Quiero ser tu sueño más prohibido
que dormida, o despierta, tú sueñes.

Quiero ser, y no sé si consigo,
de todas tus cartas, corazones.
Quiero ser tu vida en la distancia,
y que al recordarme, te emociones.

Me gustaría saber volar,
y como vencejo en la ciudad,
siempre hacer mi nido en tus balcones…

© 2018  J.I. Salmerón

La frontera

Era un cristal de ventana.
Yo te veía en la acera.
Era un cristal que marcaba
entre tú y yo una frontera.

Eran apenas tres metros
los que nos separaban.
Tres metros, y una madera,
con un cristal que mediaba.

Yo en un país a cubierto,
con techo y cuatro paredes.
Tú eras jardín, con su huerto,
rodeándote mil flores.

Soñaba con pasear
rozando tu hierba verde.
Oliendo a flor de azahar
mientras besaba tu frente.

Pero siempre ese cristal
entre los dos separando.
Siempre intentando guardar
la distancia en nuestras manos.

No es necesario otro idioma
para que existan fronteras,
hay veces que es un cristal,
hay veces que es una idea.

Pero no hay que desistir,
tan solo buscar la puerta.
Abrirla y ya estás allí,
has pasado la frontera.

Pero ni puerta ni llave,
que aún seguimos separados.
Tú, como un río en el valle.
Yo, en la montaña, en un lago.

Y entre los dos, la ventana
cerrada, que corta el paso.
Frontera por la mañana
y hasta llegar el ocaso.

Por eso me tienen preso,
por la pedrada que he dado,
Por romper con el cristal
que nos tenía aislados.

¡Por saltarme la frontera!
¡Por correr hacia tus brazos!
¡Por hacer allí el Amor,
debajo de aquel naranjo…!

…Aún recuerdo aquel cristal
desde el que vi paseando
a la rosa más hermosa
que en un jardín se ha creado.

Aún recuerdo la distancia
que había entre tú y yo,
a pesar de los tres metros
que apenas nos separaron…

© 2018  J.I. Salmerón

Verde

Ella quiso ser tan verde
como la verde pradera,
que inunda con su color
cada año por primavera.

Tan verde como los ojos
verdes intensos de Ana,
que te envuelven cuando miran
y te traspasan si hablan.

Quiso ser la hoja verde
de clorofila cargada.
La más verde de su patio,
por las demás envidiada.

Tan verde como la colcha
verde que tiene tu cama,
la que quito por las noches
mientras tu cuerpo me llama.

Ella quiso ser tan verde
como la verde manzana,
que nace siendo ya verde
y verde el hombre la arranca.

Tan verde como el Amor
que verde crece en el alma,
con esa paz interior
verde como la esperanza.

Siempre presumió de verde
y se erigió en capitana
de cualquier otro color
que junto al verde se hallara.

No tuvo en cuenta que el verde,
ese verde que la empapa,
no es un color en sí mismo,
es color de secundaria.

Tiene su padre y su madre,
el verde que la delata,
pues amarillo y azul
son patriarcas de su raza.

…Ahora se ve más floja
de verdes por la mañana.
Ya no presume ser verde
tan puro como la escarcha.

Ahora ya sabe que todos
necesitamos la gracia
del que tenemos enfrente,
aunque se llame naranja.

No importa si somos verdes,
rojos, negros o granates,
lo importante es que el color
que guardas en tu interior,
brille como obra de arte…

© 2018  J.I. Salmerón

Mujer

Siempre la madre y mi vida.
Centro de mis enseñanzas.
Cobijo de mis temores.
Nido al que siempre te abrazas.
Mujer…

Sangre de mi sangre, hermana.
Madre postiza en mil horas.
Rama de rama del fruto.
Misma madre luchadora.
Mujer…

Fiel y leal compañera
de un camino compartido.
Alianza de mis manos.
Madre de todos mis hijos.
Mujer…

Amiga, que en la distancia
tu abrigo siempre me prestas.
Caricias son tus palabras.
Siempre tus puertas abiertas.
Mujer…

Amante en mis días tristes.
Principio de los pecados.
Besos robados al tiempo
que a escondidas disfrutamos.
Mujer…

Madre, hermana, esposa, amiga,
amante. Siempre mujer.
Mujer en forma infinita.
Eternamente mujer.

Si no existieras no habría
Amor, coraje, ni fe.
No habría vida en la tierra
ni tierra a la que volver.

Hoy, mañana, el mes que viene,
cualquier día que tú elijas,
comparto mis emociones
en tu jardín, que es la vida.

Siempre la madre y mi vida.
Siempre por una mujer.
¡Salve al cielo, Reina mía…!
Que ni por un solo día
yo te deje de querer.
Mujer…

© 2018  J.I. Salmerón

El callejón

Siempre la luz al fondo y a lo lejos.
A la salida de otro callejón,
donde las nubes vagan por el cielo,
bailando al son del viento y su canción.

La gente se dibuja en la penumbra.
A contraluz intuyo un corazón
que a ritmo de las nubes y del aire,
palpita cual murmullo de oración.

El suyo, un respirar atropellado.
Un tono que no tuvo diapasón.
Sonando claramente no afinado
por culpa de un Amor que se marchó.

¡Aquí no importa el tiempo,
estamos protegidos.
La luz no llega a ver nuestro dolor!

¡La sombra, en la penumbra,
te vuelve inadvertido.
Aquí eres uno más entre un millón…!

Pero ese corazón cambió su rumbo
y un día hacia la luz se dirigió.
Supuso que el Amor sería suyo
luchando contra el viento y bajo el sol.

Veloz cruzó aquel pozo de tinieblas.
De luz quiso vestir su corazón.
De dos en dos bajó las escaleras
que daban a la plaza del color.

Y allí, con el valor de un gran guerrero,
al viento y a la luz desafió.
No tuvo en cuenta que al sol, una sombra,
solo vive por un segundo o dos.

¡Como una flor sin agua,
un corazón ha muerto.
No supo resistir tanta emoción!

¡Buscando nuevamente
aquel Amor perdido,
la luz, a aquella sombra, dijo adiós…!

Siempre la luz al fondo y a lo lejos,
a la espera de sombras con dolor.
Las que entre callejones soñolientos
esperan a que vuelva un viejo Amor…

© 2018  J.I. Salmerón

Viento

“Te espero en la esquina…”
Le dijo el viento a la tarde.
Y la empujó despacito
hacia la noche en el valle.

“Te llevo hasta el suelo…”
Le dijo después el aire
a esa hoja perezosa
que de su árbol no sale.

Siempre corriendo lo vemos.
Unas veces paso lento,
otras un huracán
que te levanta del suelo.

El aire siempre va hablando
y le gusta despeinar.
Pasar los ríos saltando,
empujar la ola al mar.

“Te puedo dar un paseo
por la noche entre mis brazos…”
Le dijo el viento a la luna,
susurrando, aquel verano.

Y la luna se dejó
llevar por él de la mano.
Hasta que se hizo de día
pasó la noche volando.

Empuja sobre la espalda
cuando quiere ser sorpresa.
Y a veces sopla de cara
sobre tus labios, que besa.

Es frío junto al invierno.
Sobre la lluvia, mojado.
En el verano un infierno.
En primavera es templado.

“Si quieres soplo despacio,
hoy no quiero molestar…”
Pero hay veces que su fuerza
no es capaz de controlar.

Al fin y al cabo es el viento
y sopla, que es su trabajo.
Y nosotros vamos viendo
la manera de aguantarlo.

“Te espero junto a la nube…”
Le comentó a la mañana.
Y sopló hasta medio día
como hace cada semana.

El viento pasa su vida
moviendo su cola larga…

© 2018  J.I. Salmerón

 

Otra tarde

La sala vacía bajo la penumbra
de un sol mortecino hacia media tarde.
La vista buscando, la radio encendida
y, como una sombra, bailando despacio,
está tu figura que solo el recuerdo
es el que me muestra, es el que imagina.

Y yo con mis manos buscando tu rostro
que de ojos cerrados espera y suspira.
En cada paseo que daban mis dedos,
cuando aquellas tardes tu piel recorría
desde el horizonte de tu blusa blanca
hasta cobijarlos detrás de tu pelo.

Y mi melodía te atrapa de nuevo,
y en tu ritmo yo solo quiero vivir.
La música suena queriendo envolvernos,
llenando de besos todos los rincones,
como si de flores, que van floreciendo,
llenaran las tapias de un frío jardín.

Compás tras compás tú me fuiste queriendo.
Adagio mis brazos, rodean tu ser.
Pedazos de Amor me regalan tus besos
cuando se deshacen, chocando en silencio,
dentro de mi boca, que espera impaciente,
a que, como lluvia, me empapen después.

El sol se ha marchado, con él tu recuerdo.
Ya sabes que a oscuras da miedo vivir.
Con esos fantasmas que sacan provecho
cuando por la noche no queda consuelo,
y un río parece más grande que el cielo,
y un mar aún más triste que un día sin ti.

La sala vacía, ya se ha hecho de noche.
La música, muda, dejó de sonar.
El frío me roza mojando mi sueño,
y cierro la puerta dejando allí dentro
a mi corazón junto a tanto recuerdo
hasta que en otra tarde me vuelva a atrapar…

© 2018  J.I. Salmerón

La primavera se atrasa

220

Hoy, vuelta el frío al arroyo.
La blanca escarcha, temprana.
Tan blanca como el sombrero
que cubre el pelo de canas.

Hoy, vuelta a lágrima helada.
La niebla viste mi alma.
Apenas hoy me calienta
el sol que roza mi cara.

¡Ya vuelve el frío y se congela el alma!
Tirita el cielo en el alba…
Abriga tu corazón,
viste tus besos de suave esperanza.

Hoy, sopla el viento en barbecho.
Los campos lloran de rabia.
Los nidos cuelgan vacíos,
la sombra, pálida, ataca.

Hoy, sale pronto la noche.
El día apenas avanza.
La oscuridad viste luto
al penar que hay en el alma.

¡Sigue el invierno levantando armas!
No hay tregua que a él le valga…
Y el corazón va desnudo,
sintiendo lejos aún la esperanza.

Hoy, vuelta el frío al camino.
La primavera se atrasa…

© 2018  J.I. Salmerón

Anónimos

Pasan despacio por esta, su vida.
Sueñan que vuelan entre los tejados.
Ya no recuerdan los días templados.
Pasan sin ruido, siempre de puntillas.

Se apagan en días de lluvia fina.
Esa gente que pasa a nuestro lado
y que nunca vemos si van hablando.
Y siempre se pierden por las esquinas.

Caras sin rostro que buscan el alba.
Como la noche siempre son sus ojos
mientras se pierden entre las terrazas.

Seres anónimos, son trampantojos,
como las pinturas disimuladas
que en las paredes saben a muy poco.

© 2018  J.I. Salmerón

A tu vuelta

Siempre habrá un beso de Amor
aguardando tras tu puerta.
Siempre un abrazo en alerta
para alejar tu temor.

Una mirada habrá siempre
que a tu regreso te busque.
Sentimientos que te gusten
pellizcando el corazón.

Todo te estará esperando
como lo hacía hace tiempo.
De nuevo soplará el viento
que te hacía navegar…

Cuando vuelvas habrá un mar
que te acune con sus olas.
Habrá una playa que, a solas,
te hará en su arena soñar.

Te esperará la pasión
que tanto echabas de menos.
Las manos entre tu pelo
que te invitaban a amar.

La sombra, que era la reina
de cada rincón del alma,
se rendirá enamorada
de cada rayo de sol…

En tu retorno estará
cada renglón que has amado.
Cada letra que, el pasado,
como un ladrón te escondió.

Y volverán a juntarse
las rimas que, en poesías,
aquellas tardes leías
suspirando de emoción.

© 2018  J.I. Salmerón

Ya no te encuentro

Te arrastraba la distancia
como lentamente
va arrastrando el río
todo el agua hacia su mar.

Hasta que no se distingue
el andar de tu figura.
Hasta que te haces pequeña
como flor en la ciudad.

Te fui perdiendo a lo lejos
como pierde la esperanza
la luna pálida y blanca
ante cada amanecer.

Te fui soñando, recuerdo,
como cada noche sueño
que me envuelvo con tu cuerpo,
que me abrazo a tu querer.

Y no te veo volver…
No se acorta la distancia
con tus besos.

No tiene razón de ser,
que esta distancia siga
batiendo record.

Cada mañana miro a lo lejos
buscando allí tu recuerdo.
Y salgo andando a buscarte
y cuando llego, ya no te encuentro…

© 2018  J.I. Salmerón

Una historia de Amor

Ella no podía esperar más.
Era comparable a una larga condena.
Todos estos meses sin poder besar
esos labios que sueña encontrar,
estos, sus dulces labios, que mueren de pena…

Nunca se dijeron adiós.
No era su intención tardar
tanto en tenerse de nuevo.
pero así es como ocurrió,
y el pasar de los días dobló su dolor.

Eran besos que son alimento del alma.
Eran besos con ganas.
Eran besos tan tiernos,
que su falta, seguida en el tiempo,
provocó que muriera de Amor.

Su mirada tal vez,
que hay momentos que no la recuerda.
Y ese roce al hablar,
que tan cerca en su cuello sensible,
le impedía, sensata, pensar.

Sin mirar, como loca,
otra calle cruzó a la carrera.
Él estaba, de nuevo, sentado en el banco del parque,
donde a solas en aquellas tardes,
boca a boca le enseñó a besar.

Y al llegar por detrás,
le tapaba los ojos mientras preguntaba
si sabía quién era,
si él notaba también como su corazón se acelera,
Si la vino a buscar…

Es la desilusión esa mueca en su cara.
La amargura vestida de gala
cuando vio y comprobó,
que él no era quien ella esperaba,
que, sin duda, él no era su Amor.

…Una larga condena,
muriendo de pena.
Una lágrima más que de nuevo brotó.
Una historia de Amor,
que como otras lo hacen, al final terminó…

© 2018  J.I. Salmerón

Como copos de nieve

Hoy dio comienzo mi vida
hace ya… bastantes años.
Un frío día en febrero.
Según me cuentan, nevando.

Y a mí el nevar me recuerda
el tiempo que va pasando.
Cada copo es un segundo
de esta vida en la que andamos.

Hoy, como en aquella noche
que en lo oscuro me alumbraron,
los minutos han caído
dejándolo todo blanco.

Y mi mente se ha hecho niño,
y mis ojos han llorado
recordando cuántos copos
por mi vista ya han pasado.

Ya sé que hay gente que cuenta
su vida en hojas de árbol,
o en uvas, si fue septiembre
el mes en que fue creado.

¡O en chapuzones de río…!
¡O en brazadas de un gran lago…!
¡O en olas de un mar bravío,
o el los reflejos de un charco…!

Cada uno, sus minutos,
los cuenta como le vienen.
Los míos son agua helada
que forman copos de nieve.

Lo importante es avanzar,
cruzar valiente esta vida.
No desfallecer jamás
luchando día tras día.

Ir sin correr, al trantrán.
Por llegar, no tener prisa,
que una vez en el final
se terminó la partida.

Por ser hoy mi aniversario
cumpliendo con esta vida,
sigo contando los copos
de nieve que multiplican.

Y la vida continúa.
Y nosotros a su grupa.
Haciendo del viaje sueño,
soñando no llegar nunca…

© 2018  J.I. Salmerón

La leyenda

Diría que por la sombra
tan pronunciada que había,
el sol rondaba en lo alto,
sería ya medio día.

La calle pleno desierto
de piernas y algarabías.
Silencios entre los muros,
ni un alma allí se veía.

El empedrado en la sombra
y otro en el sol, más arriba.
El verde, saltando el muro,
sobre la tapia se empina.

Y yo solo en mi paseo
escuchando la agonía
de estos muros, que aún de piedra,
tienen contados sus días.

La travesaña me atrapa
cuando paseo Sigüenza.
En sus portales se escuchan
voces de reyes y reinas.

Porque cada morador
que en sus entrañas viviera,
era ya rey de su casa,
y su mujer era reina.

Aunque si has de pasear
por conocer la leyenda,
hazlo cayendo la noche,
al rojizo de sus velas.

Cada farol que te encuentres
su cristal parece cera.
Y su rojiza bombilla,
como rojiza candela.

Pues dicen que la leyenda
consiste en pisar la piedra
que te enamora al instante
de esta mi bella Sigüenza.

Y a partir de aquel momento
dará igual ya donde estés,
que el Amor por mi ciudad
llevarás bajo tu piel.

¡Si yo contara los pasos
que he dado por estas piedras,
no se podrían llevar
en ningún libro de cuentas…!

Y doy fe que yo he pisado
esa piedra que enamora.
Y seguro varias veces,
por lo que mi alma la adora.

Y si de mí tienes dudas
y piensas que lo exagero,
date una vuelta conmigo
por estas calles de ensueño.

Y luego ya me lo cuentas
tranquilamente y charlamos,
verás como si la pisas
terminas tú enamorado.

…Diría que por el tono
rojizo de las paredes,
se me ha hecho otra vez de noche
en las calles de Sigüenza
hablando de mis quereres…

© 2018  J.I. Salmerón

 

Culpable

Yo no fui culpable alguno por quererte,
por estar de ti, cual loco, enamorado;
presumiendo de un Amor que, aún no probado,
ya formaba parte unida con mi mente.

Pero si han de condenarme, y es mi suerte,
que me juzguen y fusilen cual soldado,
ya que no podrán borrar de mi pasado
tanto Amor que yo te tuve, y fue mi muerte.

No es la ausencia de mi vida lo que siento,
si es el pago por quererte como lo hice,
que es dejar de verte, Amor, y no te miento.

La verdad nos hace libres, o eso dicen,
y hoy yo quiero que cabalgue sobre el viento
este dogma que pregona que te quise…

© 2018  J.I. Salmerón

La verdad

Hoy le hiciste el favor de la verdad
diciéndole que ya no le querías.
Que no tendría un hueco en esa silla
donde juntos mirabais cara al mar.

Aquello que empezó como amistad
y que en Amor tornó de pronto un día,
llenando cada beso de alegría,
hoy, de repente, daba marcha atrás.

Porque hoy viste de luto un corazón,
aunque él no tenga culpa de este duelo
y no le encuentre ya una explicación.

Ella no pudo a él darle consuelo,
no había, de gran peso, una razón
para dar por zanjado aquí este cuento.

© 2018  J.I. Salmerón

Te pienso y me inspiro

Te pienso y me inspiro.
Te sueño y escribo…

Así es la vida en papel
del escritor de poemas.
Así recorre tu piel
mi sentimiento. ¿Recuerdas…?

Hicimos mar la montaña
llenándola con los besos
que por la noche escribí
línea por línea en mis versos.

Y tu cintura un jazmín
sobre mis dedos brotando.
Y tus labios carmesí
que yo escribí recordando.

Te sueño y escribo.
Te pienso y suspiro…

Ya no llegaban mis dedos
a poder tocar tu cielo.
La tarde tocó a su fin
y entre las nubes te pierdo.

Y vuelta el lápiz de nuevo
a escribir, mi Amor, de ti.
A exprimir esos recuerdos
que en cada encuentro sentí.

Brotan letras, brotan rimas,
como flor en primavera.
Nacen sobre este papel
que mis lágrimas hoy riegan.

Te sueño y me inspiro.
Te pienso y no vivo…

Cada trozo de papel
es un pozo de deseos
donde yo arrojo tu nombre
pidiendo verte de nuevo…

© 2018  J.I. Salmerón

¿Volverás…?

¿Volverás…?
Era la pregunta que siempre repetía
cada vez que ella le veía
partir otra vez.

Siempre su miedo acechando.
Siempre temiendo volver a estar sola.
En recuerdo, llorando,
sin saber si le volverá a ver.

Cada día, la espera,
era losa de mármol sobre sus espaldas.
Esperaba en la puerta,
y de noche, su ausencia, gota a gota un llover.

La vida siempre es un continuo atardecer…
Y su luz se apagaba mientras esperaba
¿Volverás…?
Era el eco que suena sin él.

Y la risa pasaba bajo su ventana,
y ella triste, en la cama,
se moría esperando
a que un día regrese otra vez.

Cada sombra era él.
Cada paso en la calle era el paso esperado,
hasta que por la puerta pasaba de largo
y llegaba un nuevo amanecer.

Él le dijo que sí.
Lo recuerda mejor que recuerda su nombre.
¿Cómo no va a volver…?
Las promesas, a veces, se mueren también…

…Han pasado los años y no ha regresado.
Haga frío o calor, ella espera por él.
Ha pasado su vida como pasan los rayos.
Y ella sigue pensando que lo volverá a ver.

¿Volverás…?
Parecían decir de su boca los labios
mientras por su mejilla bajaban rodando,
una tras otra, esas gotas de lluvia
que lloraba por él…

© 2018  J.I. Salmerón

Invierno

Y es que es este invierno que viene tan frío,
ese que a las hojas ahoga en el árbol,
ese que interroga a la noche tan pronto
que hace de ella dama sobre su reinando.

Con su larga cola en su vestido negro,
con ese misterio que encierra entre sombras,
como si cerrases de pronto los ojos
cuando al escondite contabas jugando.

Un abrazo helado sobre las espaldas.
Un beso mojado de su blanca escarcha.
Un sol que calienta sobre los cristales,
pero que en la calle, gélido te atrapa.

El invierno es frío, como lo es tu ausencia.
Como cada beso que hoy de ti recuerdo.
Sol de primavera cuando los hicimos
y hoy en la distancia, témpanos de hielo.

Hace en cada árbol su radiografía,
a través de ellos veo el cielo raso.
Solo quedan huesos hechos de madera,
nidos, que hoy vacíos, sueñan con llenarlos.

Todo va más lento de invierno mojado.
Todo se contagia de melancolía.
Todo de repente se encuentra cerrado.
Todo se hace noche, todo es apatía.

El invierno encierra a cada brasero
bajo la esperanza de mesas camillas.
Donde dormitamos junto a los recuerdos
de aquellos veranos calientes de risas.

Porque en este invierno, que viene tan frío,
solo tu recuerdo calienta mi sino.
Por eso en la tarde, cuando el sol se apaga,
yo me reconforto soñando contigo…

© 2018  J.I. Salmerón

Mala memoria

¡Y es que esta mala memoria
me tiene tan aburrido…!
¡Que ya no recuerdo ahora
qué es lo que te iba a decir!

La frase, casi perfecta,
ha volado de su nido,
su hueco quedó vacío
sin encontrar qué decir…

¡Que falla más, que escopeta
de las barracas de feria…!
¡Más que apostar a ruleta
jugándolo todo al seis…!

Como un mechero sin piedra
en medio de una acampada.
Como el botón de un paraguas
cuando comienza a llover.

El caso es que cuando pienso
creo que me acordaré,
pero al pasar los minutos
ya no sé lo que pensé.

Y entonces vuelta a empezar
a hacer otra vez lo mismo.
A ver si así, repitiendo,
el recuerdo vuelvo a ver.

Pero nada, no hay remedio,
que no sé si es hoy o ayer.
Si estamos a veinticuatro
o está comenzando el mes.

Que hay días que tengo dudas
del portal en donde vivo.
Y solo al sonar las tripas,
sé que me toca comer.

…Dicen, es por contentarme,
que eso son cosas de genio.
Que el olvido es de los grandes,
de célebres personajes.

Pero yo no me lo creo,
más bien es cosa de edad.
O ese alemán caprichoso,
ese Alzheimer tan malaje.

¡…Espera, que no me acuerdo
por qué os estoy escribiendo…!
¿Es que estoy hablando solo…?
¿Será que nos conocemos…?

La verdad que no me acuerdo,
así que terminaré.
Por si estoy metiendo el cuezo
y más tarde me arrepiento.

Aunque, claro, da lo mismo,
porque si ya no me acuerdo
me exime de toda culpa.
Que no es porque lo haga adrede,
que es cosa de mi cerebro…

© 2018  J.I. Salmerón

Tu fragancia

El otro día recordaba tu olor
en otra mujer que a mi lado pasaba.
Aquella fragancia que hacía soñar
a mi juventud cuando nada importaba.

Sería, sin duda, tu forma de ser.
Sería tu piel color de verano.
Serían las ansias de mi corazón
oyendo tu voz desde lejos llamando.

El caso es que pude mirarte otra vez,
cerrando los ojos y oliendo despacio.
Incluso mis dedos tocaban tu piel,
aunque bien sabía que estaba soñando.

Recuerdo lo torpe que era mi Amor.
Nunca me atreví a decirte “te amo…”
Recuerdo lo triste que al anochecer
volvía a mi casa por no haberte hablado.

¡Me daba vergüenza mírate a los ojos!
¡Me daba vergüenza cogerte la mano!
¡Me daba vergüenza decirte “te quiero…”!
Yo, que me moría por besar tus labios…

Y fue la vergüenza, con tanta modestia,
la que poco a poco nos fuera alejando.
La que te impidió que tendieras tus manos.
La que me impidió ver tus ojos mirando.

Ha llenado el tiempo de meses y años
toda esta distancia que está entre nosotros.
Aunque tu perfume no lo haya olvidado.
Aunque esa fragancia me siga extasiando.

Por eso en la calle, con cada mujer
con la que me cruzo cuando voy andando,
cerrando los ojos aspiro profundo
por si su perfume me trae el recuerdo
de tu compañía cuando nos amamos…

© 2018  J.I. Salmerón

Nos atrapa el invierno

Hoy nos atrapa el invierno
y el sol se vuelve de hielo
haciendo su luz pequeña
y la tarde, oscuridad.

Hoy da comienzo el solsticio,
la luz se acuesta temprano.
Apenas el sol madruga,
y el frío se hace notar.

Y todo parece ir más despacio.
Amarilla letanía
de las hojas al pasar…

La hoguera al recuerdo lo va quemando.
La brisa sobre tus ojos
deja lágrimas de mar…

Hoy tuve en brazos un sueño
que perseguí de pequeño.
Hoy mis manos eran alas,
y mi vida era volar.

Pero el solsticio de invierno
me dejó pegado al suelo,
y entre las ramas desnudas,
mi sueño se fue a anidar.

Siempre es oscuro y denso el deseo.
Cuando despiertas de nuevo
solo existe realidad.

Cierro los ojos al frío invierno.
Con la esperanza de un día
volver de nuevo a soñar…

Hoy nos atrapa el invierno,
el sol se ha marchado ya…

© 2017  J.I. Salmerón

Punto de vista

Todo depende del punto
desde el que cada uno mira.
De la visión que tengamos.
Del punto de perspectiva.

Que no es lo mismo botella
que medio llena miramos,
a que esté medio vacía
por tanta sed que pasamos.

¿Parece que hoy hace frío?
Eso en junio, si es temprano.
En cambio octubre y noviembre,
sudando en la playa estamos.

Y todo es punto de vista,
Lo saben perros y gatos.
Los hay que duermen con ellos
y otros, por la alergia, espanto.

Si nos pasa con el cine
cuando vamos a un estreno:
“magnífica obra de arte…”
Yo creo que es para menos…

Al final son opiniones
con cristales diferentes.
Yo el verde de la esperanza,
tú el rojo, que es más potente.

Ayer mismo, fue domingo,
y hay gente que se deprime
porque el lunes ya le acecha
y el madrugar ya le oprime.

Y sin embargo hay otros
que hasta que no dan las seis,
todo el domingo es festivo
sin importar qué hora es.

Todo con su perspectiva,
Todo es mejor a distancia.
Primero tragar saliva
y pensar antes de nada.

Y luego nuestra opinión
y nuestro punto de vista.
Y a respetar los demás
a pesar de lo que digan.

En fin… que nunca la risa
es para todos alegre.
Si no estamos animados,
mueca de lloro parece…

Todo depende del punto
desde el que cada uno piensa.
Desde abajo, cada techo,
parte del suelo aparenta…

© 2017  J.I. Salmerón

 

Sin tenerlo preparado

 

 

Ninguno de los dos lo quisimos nunca.
Ni tú ni yo lo tuvimos preparado.
Y sin embargo, es así como ocurrió,
no encontramos otra mejor solución
y terminamos los dos enamorados.

Y fue, sin duda, otra vez casualidad,
como ocurre casi todo en esta vida.
Fue tarea del destino, y nada más.
Fue el culpable mi paseo, al caminar,
por la calle en que los martes tú caminas.

Y al principio no hubo aroma que embriagara
como hoy tú embriagas a todos mis sentidos.
Ese olor que ahora a tu paso acompaña
cada vez que por el parque nos cruzamos,
cada vez que veo el vuelo en tu vestido.

Yo no quise ni mirarte, lo confieso.
Al igual que tú tampoco me mirabas.
Pero la electricidad nos dominaba
con ese montón de chispas que salían
cada vez que nuestros ojos se rozaban.

Al final no hubo remedio y nos amamos,
como se aman animales en su celo.
Dando rienda suelta a todos los deseos
que sentimos, cuando solo nos rozamos,
al cruzarnos cada tarde en el paseo.

Yo era la montaña rusa entre tus brazos.
Tú, sin duda, eras la bruja de mis besos.
La que a base de una pócima de magia
conseguiste que mi cuerpo te atrapara
y perdiera por tu Amor todo mi seso.

…Como siempre en esta vida, todo acaba,
y la calle está vacía en mi paseo.
Y mis ojos, llenos, lloran en tu ausencia.
Y no huelo tu perfume que me embriaga.
Y a mis brazos solo los llena el recuerdo.

Ninguno de los dos lo quisimos nunca.
Ni tú ni yo lo tuvimos preparado.
Pero la historia eterna de nuestro Amor,
mientras le quede el recuerdo y la pasión,
siempre andará viajando a nuestro lado…

© 2017  J.I. Salmerón

No estar contigo

He vuelto a andar por los tejados,
detrás del traje de tu sombra.
Detrás del cielo enrojecido,
que yo he vivido,
y que en otoño a ti te nombra.

He vuelto a esconderme en la noche,
con el silencio de aliado.
Y solo la luna en lo alto,
que brilla tanto,
ha querido estar a mi lado.

Es lo que tienen estos sueños
que yo persigo.
Es lo que tiene vivir tan alto,
por los tejados.
Es lo que tiene no estar contigo…

Ayer quise tocar las nubes
que azul y blancas me llamaban.
Al recordarme que tu pelo,
que huele a invierno,
me acariciaba al fin la cara.

Ayer quise tocar el tiempo
para hacer que retrocediera.
Volver contigo a pasear,
y del brazo estar,
al borde de aquella ribera.

Es lo que tienen estas tardes
de invierno frío.
Es lo que tiene vivir los sueños
que ya has soñado.
Es lo que tiene no estar contigo…

He vuelto a andar por los tejados.
He vuelto a sentir que has venido.
Pero tu sombra y esa tarde,
de rojo fuego,
han vuelto a seguir su camino…

© 2017  J.I. Salmerón

La mujer sin tiempo

Ella era la mujer sin tiempo.
Siempre deprisa, siempre corriendo.
Era su tren el pasar del reloj.
Y las manillas de los minutos,
el vagón donde viajan sus sueños.

Temía quedarse de pronto un día
sin tiempo bastante que disfrutar.
Siempre atrapada en la misma esquina,
esclava en lo eterno de los segundos.
Siempre el reloj apurándola está.

Por más que buscaba, no hallaba
una hora de más en su vida.
Los minutos pasando debajo,
y ella arriba, observando en el puente,
viendo el tiempo como se escurría.

Hasta que un día no pudo más
e hizo frente al pasar del momento.
De la aguja del reloj tiró,
y frenando con fuerza hacia atrás,
fue robando segundos al tiempo.

Desde entonces su vida cambió,
no tenía sentido ir deprisa.
Tuvo tiempo de saborear
cada rayo de sol, cada beso
de Amor, cada soplo de brisa…

Nunca más fue su vida un reloj.
No sería la mujer sin tiempo.
Los segundos se hicieron minutos,
y aprendió de nuevo a disfrutar
cada instante que vamos viviendo.

Ahora va regalando su tiempo
a la gente con la que se cruza.
La estación a su tren lo detuvo,
y ahora sabe bajar al andén
y esperar, porque no tiene prisa…

© 2017  J.I. Salmerón

Vestidas de Navidad

Ya se engalanan las calles
vestidas de Navidad,
con los colores de luces
que nos adornan el paso.

Ya está el recuerdo acechando
rondando cada rincón
de esos momentos pasados.
¡Agujas del corazón…!

Y abandonamos el paso
del día a día, y brindamos.
Ni el frío nos hace daño,
nos calienta la emoción.

Toda esa gente que ayer
apenas sí nos fijamos,
hoy le estrechamos la mano
para sentirnos mejor.

Es lo que tienen las fiestas,
que todo lo vemos bien.
Y aunque nos llore el recuerdo,
con risas nos lo secamos.

Y ese pellizco que damos
tan dentro del corazón,
vamos riendo el dolor,
y a solas, luego, lloramos.

Colores en las alturas
y abajo el suelo gris pardo.
Hoy vamos a celebrar,
que las fiestas van llegando.

Que dentro de poco quitan
los colores de lo alto,
apagan luces y… ¡acción…!
Comienza lo cotidiano…

© 2017  J.I. Salmerón

La orilla del río

Hoy dan comienzo los sueños
en esta orilla del río.
Hoy siento que este Amor mío
navegando a ti, se va…

Dorados, contra los vientos,
los juncos surgen pequeños,
el agua los tiene presos
soñando su libertad.

Y el sol acaricia
de cálida luz
el borde del agua
donde nos amamos.

El rojo encendido
que veo brillar,
el de tus mejillas
cuando nos besamos…

Hoy echo al agua mis miedos
por no atreverme a quererte.
Hoy maldecida mi suerte,
al atardecer, se va…

La noche trae el silencio
y el río, manso, el recuerdo
donde tu cuerpo en mi cuerpo,
cual luna, se echó a temblar.

Y el cuarto creciente
nos daba cobijo.
La luna predijo
lo que iba a pasar.

La noche si acecha
no suelta su presa,
y al darme la vuelta
flotando te vas…

Llegó de día, al despertar,
la verdad de lo pasado.
Tú fuiste un sueño a mi lado,
murmullo de agua, no más.

Ni el rojo de tu mejilla,
ni el beso que yo sentía.
Pálida luz de neblina,
Pájaro que echa a volar.

Ya lo ves…
Ya te lo dije algún día.
El Amor a la deriva
con la corriente se va…

© 2017  J.I. Salmerón

El otoño de tus besos

 

Se fueron cayendo todos,
uno por uno, en silencio,
como las hojas de otoño,
cada uno de tus besos.

Se marchitaron las flores
que brotaban de tu boca
como envejecen los sueños
al despertar con la aurora.

…Y mi alma, tan desnuda
como esas ramas sin hojas
que en los otoños tiritan
al verse en el árbol solas.

Y como al tiempo no hay freno
que lo detenga un momento,
tus besos fueron de hielo
cuando alcanzaron su invierno.

Y tus abrazos son ramas
desnudas, ásperas, viejas,
donde ya no corre savia
de besos de primavera.

…Mira que es grande el dolor,
y cómo el pecho se queja,
cuando esa lágrima negra
se ahoga dentro y no rueda.

Tu último beso murió,
como hoja amarilla y seca.
Tus labios ya no brotaban
como los míos recuerdan.

Por eso, por cada otoño,
mi Amor a tu Amor perpetua
cada vez que veo un árbol
perdiendo sus hojas secas…

© 2017  J.I. Salmerón

Quise ser un lienzo

Quise ser un lienzo
blanco para ti
donde me abrazaras
llena de colores.

Quise ser aurora
a punto de salir.
Quise ser morada
de todos tus soles.

Pero no pintabas
color en mi piel.
Apenas teñía
tu Amor en el roce.

Y el lienzo desnudo
y sólo en la pared,
blanco se quedó
falto de colores.

Pincel lleno de besos,
suaves como acuarela.
Colores llenos de sueños.

Solo blancos y negros,
vacíos de todo Amor,
fueron pintando mi cuerpo.

Quise ser un lienzo
lleno de esperanza
donde tus pinturas
fueran siempre juego.

Pero tus colores
no fueron el sol
y en noches oscuras
se fueron fundiendo…

© 2017  J.I. Salmerón

Otra historia de Amor

Él se sienta en la puerta,
mirando a la calle.
En la silla trenzada,
sobre su cojín.

Ella sube la cuesta
que va hasta la plaza.
Por la calle empedrada
de oscuro adoquín.

Y comienza a surgir,
esa magia que les va envolviendo…

Y la piel a sentir,
nuevamente, ese roce que les hace volar…

Y aunque se van buscando
en todos sus sueños,
no intercambian palabra,
ni siquiera un mirar.

Es como si un extraño
se encontrase con otro.
No hay ni un gesto en su cuerpo
que pueda delatar.

Y él la quiere abrazar.
Pero sabe que no, que no debe…

Y ella quiere llorar.
Porque sabe que el beso no se lo puede dar…

Hay amores que viajan
durante una vida.
Incluso su perfume
se puede oler después.

Porque nunca pudieron
mirarse de frente
y decirse a los ojos:
“yo, te quiero también…”

Imposible el Amor.
Cada uno era dueño de un nido distinto…

Es tan grande el dolor
cuando hay un sentimiento que no vive un soñar…

Por eso en esa calle
que sube a la plaza,
en la puerta cerrada
que se sentaba él.

Cuando pasas ahora
sigue oliendo a romance,
y hay un eco de verso
que se escucha muy bien.

No le pudo decir
todo lo que sentía al cruzarse en la cuesta…

“Si mañana, tal vez,
me pudiera acercar y decirle mi sueño cual es…”

Y la noche llegó.
Y la luna apagó con su hielo la hoguera.
Sin poder terminar, nuevamente,
otra historia de Amor…

© 2017  J.I. Salmerón

Tocarse con el recuerdo

Después de tanto quererte
aprendí que nuestro Amor
era tenerse de lejos,
tocarse con el recuerdo.

Era como dos orillas
de un río ancho y profundo.
Como un abrazo en el aire
sin pecho donde me hundo.

Es la distancia un penar,
una ilusión que no llega.
Es la estación de un invierno
en busca de primavera.

Solo la imagen robada
de aquellos buenos momentos
es la que guarda el bolsillo
sufrido del sentimiento.

No es bastante con Amar…
No es suficiente querernos…
Siempre estará este vacío
que hoy es mi fiel compañero.

No puedo contar en pasos
la distancia hasta tus besos.
Serían mares azules
sin playas en sus extremos.

No puedo contar en días
las ganas que hay por tenernos.
Los siglos no son bastantes
para contener recuerdos.

Cuando lo tapan montañas
el horizonte se pierde.
Incluso el sol se va antes,
como tu Amor y mi suerte.

Después de tanto quererte
me siguen entrando ganas
de saltarme esta distancia
para ser mar y tú playa…

© 2017  J.I. Salmerón

El reflejo

Eran el reflejo que el agua domina.
Eran dulce beso en un escaparate.
Eran los colores que hacen de estandarte
en cualquier batalla que aún no está perdida.

Eran, de chiquillo, dulce golosina.
Eran ese sueño que no se comparte.
Eran esas musas que pintan con arte
sobre un lienzo blanco y con brocha fina.

La cascada fresca del Amor soñado.
las primeras luces de un amanecer.
Un abrazo intenso a ese ser amado.

¡Pero de repente se dejó de ver
cuando su reflejo se quedó apagado
aquella mañana que empezó a llover…!

© 2017  J.I. Salmerón

La imagen que espero

No somos nosotros mismos,
tan solo somos la imagen
que guarda nuestro equipaje,
que se refleja en los sitios.

En el cristal de una tienda.
En un pequeño charquito.
En ese espejo bonito
que usas al maquillar.

En el faro de una moto.
En el reflejo de un coche.
En la imagen de ese broche
pulido que has de llevar.

Pero nunca es esa imagen,
perfecta, la que esperamos.
Siempre los rasgos mudados
distorsionando el final.

Y no nos reconocemos,
las caras muecas parecen,
los ojos, bizcos, se tuercen
en imagen irreal.

…Observando quién se mueve primero,
mirándonos de soslayo,
como en pelea de gallos.
Como si esto fuera un juego
esperando que ganemos.

…Y siempre esperando
a ver quién da el primer paso,
nosotros mismos
o la imagen que se esconde
detrás del espejo.

Y siempre que espero,
no sé por qué,
pero pierdo…

© 2017  J.I. Salmerón

Ayer te besé en los labios

Ayer te besé en los labios.
O puede que haga ya un par de semanas.
O dos o tres meses, incluso.
O tanto tiempo, que se haga eternidad.

Pero en su eco, tus labios,
mi nombre intuyo que siguen llamando,
entre la densa tiniebla,
sin distinguir ficción de realidad.

Anoche te vi rondando
debajo de la reja de mi ventana.
Jugando con las sombras
donde antes vivía errante el corazón.

Las mismas que recuerdo
donde, libres, los abrazos se abrazaban.
Donde el sol buscaba un hueco
para calentar la brisa de tu Amor.

El tiempo pasa tan lento
al buscar en la puerta una mirada…
Una caricia, un momento,
una fracción de segundo de un adiós.

Y en cambio va tan deprisa
cuando solo ves la vida pasar,
cuando ya no esperas nada,
cuando ves que cometiste algún error.

…Ayer te besé en los labios,
y aunque hoy haga ya tanto tiempo de eso,
la vida cobró sentido,
de nuevo palpitó mi corazón…

© 2017  J.I. Salmerón

Sueño sin final

Sonó la última hora en el reloj.
¿O tal vez fuera la primera…?
Que de tanto mirarlo no sé bien,
que ya perdí otra vez la cuenta.

Que es como el beso que me das
cuando cierras así los ojos,
que tengo que pensar si es de verdad
o es otro de mis sueños locos.

Podrás creer que he vuelto a recordar,
entre hora y hora que he estado en la higuera,
a mi mano apoyándose en tu andar,
robándole el compás a tu cadera.

Del sol me iba ocultando tras de ti,
del calor de tus pasos en la arena.
Aunque más bien se fue quemando
mi intención en tu negra cabellera.

Y el reloj imparable me buscaba.
Y tu Amor encerrado en una reja.
Y mis pasos por la noche deambulaban
al buscar bajo la luz tu silueta.

Y otra vez vuelta a empezar…
Otro puente sin un río…
Otra gota de una lluvia que no está…
Otro abrazo que se fue quedando frío…

Esto es todo lo que siento al despertar.
Esto es todo lo que lúcido recuerdo.
La sinopsis de este sueño sin final,
o el final sin un principio en este sueño…

© 2017  J.I. Salmerón

La hoja coja

Puede que sea esta tarde
la última que me veas.
Puede que el viento me arrastre
con las demás a la acera.

¡Que su zarpa me desgarre…!
¡Que sangren todas mis venas…!
Y mi descanso, el final
de otro otoño donde muera.

Uno, por más que lo piensa
cuando nace en primavera,
no es capaz de asimilar
que en el otoño envejezca.

Con lo verde y vigorosa
que nazco de aquellos nudos.
Tan llena de clorofila,
fotosíntesis produzco.

Y luego todo marrón,
sin sangre que me contenga.
Tan seca como un desierto
lleno de polvo y arena.

Me llaman la hoja coja
por andar en una pierna.
Dos manos de brazos cortos,
y un rabillo por cabeza.

Las venas que hoy ves marchitas
eran tan verdes y esbeltas,
que era la envidia del parque
al moverse mi melena.

Hoy quebradiza y enferma,
esperando a que mi invierno
arranque ya de una vez
mi alma del tronco viejo.

La vida tiene final,
lo sabemos si nacemos.
Puede que sea en otoño,
que no pase de un invierno.

Por eso puede que hoy
me despida con un beso,
cuando la brisa me tire
y te roce con mi cuerpo…

© 2017  J.I. Salmerón

Pensaré

Hoy, pensé qué es lo que estarías haciendo
mientras otra tarde, lenta, se alejaba.
Mientras busco tu mirar con mi mirada.
Hoy, que mi latir de nuevo apenas siento.

Si estarías acordándote de mí,
como cada atardecer de ti me acuerdo.
Si recuerdas cómo buscaban tu cuerpo
estas manos que ya no saben de ti.

Y no puedo imaginar qué es lo que harás,
qué es lo que le inquieta ahora al sentimiento
que cubría cada parte de tu cuerpo
cuando mis labios cubrían tu besar.

Otra noche siendo sombra en el jardín,
tan errante como pájaro en invierno,
cuando a solas me refugio en mi paseo
de los bosques de tus besos que perdí.

Hoy, de nuevo me volví a acordar, de nuevo.
Hoy noté que tu presencia estaba cerca,
como viento en la camisa que penetra,
como lluvia que te cala en aguacero.

Y si quieres, y me dejas, pensaré,
cada día que se oculte el sol de lejos,
en tus ojos, en tus labios, en tus besos,
como si el tiempo que vivo hoy, fuera ayer.

© 2017  J. I. Salmerón