Tic-tac

 

Era ese ruido molesto
que te distrae si lo escuchas.
Tic-tac, pasaban segundos
y sus minutos de angustia.

Y así, al galope se pasa,
como se pasan los días,
la vida que va marcando
aquel reloj de la esquina.

Parece que cuando el día
da su comienzo temprano
la vida es como un chicle
que va estirando despacio.

Pero es tan solo espejismo,
un viejo truco de magia.
Que el tiempo, que es implacable,
lleva sus cartas marcadas.

¡Y si tú le sacas trío,
él un full, y va y te gana!
¡Y si tú póker de jotas,
él lleva un póker de damas!

Y sigue el ruido molesto
con el tic-tac que no para…
Y coge el tiempo y te entierra
con segundos a paladas.

Un día quise pensar
que si el reloj lo paraba,
el tiempo se detendría
y mi vida no avanzaba.

Pero solo conseguí
atrasar la hora exacta,
llegando tarde a mis citas
de la tarde y la mañana.

…Ahora ya me he acostumbrado
al ruido que me acompaña.
Ahora ya apenas lo escucho
y su tic-tac hoy me agrada.

Me he dado cuenta que al fin
Y al cabo, no gano nada.
Que no hay quien detenga al tiempo,
la guerra él tiene ganada.

¡Aun así a veces paro
ese reloj que me marca
y sueño que paro el tiempo,
que los minutos no pasan!

Era ese ruido molesto…
Hoy apenas oigo nada…

©2018  J.I. Salmerón
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La promesa

Quedamos en la bajada,
Junto a la iglesia del pueblo.
Quedamos una mañana
de viernes, o eso yo creo.

Las hojas, llenas de ocres,
esparcidas por el suelo.
Mañana fría otoñal
de un gris ceniza en el cielo.

Recuerdo que tú llegaste
con tu abrigo rojo a rombos
y una coleta con lazo
cayendo sobre tus hombros.

Yo te esperaba sentado
sobre las piedras del arco
que daba paso hasta el patio
que de la iglesia hace atrio.

Tus mofletes sonrosados
fría mi boca dejaron
al besarte a tu llegada.
Aunque pensara en tus labios.

Y tus manos, en mis manos,
dos pedacitos de escarcha.
Dos gotas que, de rocío,
de una rosa resbalaran.

Nos fuimos hasta la ermita,
junto a la fuente del caño,
y bajo el puente del río
tú decidiste sentarnos.

Me hablaste de las promesas
que los amantes se hacen
mientras tus brazos rodean
a mi cuerpo por el talle.

Mientras tus labios susurran
lo que no logro acordarme,
pues mis sentidos, absortos,
solo soñaban besarte.

Y así fuera, y lo vivimos,
mi boca, así, fue a buscarte.
A encontrarse con tu boca
con la promesa de amarte.

Sé que pasaron las horas
y te besé… y me besaste…
Sé que los dos prometimos
nunca, jamás, separarse…

…Ayer estuve en el pueblo,
de nuevo otoño en la tarde.
Pasé las piedras del atrio
hacia la ermita, en el valle.

Bebí del agua del caño
Igual que hiciera aquel día.
Y luego me bajé al río
por ver si tú aparecías.

Y allí, sentado en el banco,
de pronto caí en la cuenta,
que la historia que hoy recuerdo
fue por los años ochenta.

Que han pasado muchos años,
si los sumo más de treinta,
y que desde aquel otoño
no he vuelto a saber de ella.

Y no recuerdo su nombre,
como ella, a mí, no recuerda.
Y no recuerdo a que saben
sus besos cuando me besa.

Nos prometimos querernos
y ser por siempre pareja,
pero el destino es quien manda.
¡Qué vanas son las promesas!

©2018  J.I. Salmerón

 

El regalo

Te pregunté qué querías
en tu cumpleaños de regalo.
Qué es lo que te gustaría
que, yo a ti, te pudiera comprar.

Qué vestido, joya, o viaje
querrías tú para celebrarlo.
Cuál es tu ilusión primera
que por fin te pueda regalar.

Y tú, sin dudar siquiera
ni un solo segundo en responder,
me dijiste que querías
versos escritos sobre un papel.

Que te gustaría, claro,
siempre que ello fuera posible,
besos de Amor en los labios.
Y un cálido abrazo ¡imprescindible!

Pasear mano con mano
entre hojas de chopos sin dueño.
Y encontrar sobre las nubes
la cama donde habitan los sueños…

¡Por eso voy buscando
entre palabras huecas
aquellas que más peso
tuvieran para ti!

¡Y en mi boca, los besos,
de Amor ya están cargados
para que al entregarlos
tú sientas frenesí!

¡Y en cuanto a los abrazos,
no se me han olvidado.
Serán como recuerdas,
abrazos de pasión!

¡Abrazos que traspasan
el alma al abrazarlos,
dejando dulce huella
dentro del corazón!

¡Y luego los paseos,
tu mano entre mi mano.
Y esos chopos sabiendo
que eres dueña de Amor!

¡Para al fin, en las nubes,
de nuevo, levitando,
culminen esos sueños
que soñamos tú y yo…!

Aún no sé si preguntarte
qué regalo quieres que te haga.
Me da miedo adivinarlo
y que el sueño termine en la verdad.

Yo te los regalaría,
pero tú ya sabes que no puedo,
tan solo soy un buen sueño
y los sueños no son la realidad.

Pero sí puedo ofrecerte
volvernos a ver a media noche,
cobijados en tu sueño,
bajo el gran manto de la irrealidad.

Y allí disfrutar de nuevo
de paseos, abrazos, y besos.
De los regalos que tengo
para que tú los puedas disfrutar.

©2018  J.I. Salmerón

 

Siempre bajo presión

Siempre bajo presión…
Ya se nota en el ambiente,
ya se le intuye a la gente
paseando el mar humor…

Y nunca quieren hablar,
con ese ceño fruncido,
con esa falta de amigos
que se les nota al andar.

Relájate un poco más…
¡Suelta laste… amigo mío!
No seas tan aburrido.
Prueba algún día a soñar.

Verás que soñando encuentras
el país de Peter Pan,
ese de Nunca Jamás
donde las hadas son buenas.

Prueba con media sonrisa.
Saluda amable a la gente,
charla con ellos, detente,
y no pasees con prisas.

Siempre bajo presión…
Cambia tu vida un momento,
prueba con otro argumento.
Sé más feliz, por favor…

La vida, si la detienes,
cambia su gris por color,
llueve del cielo el Amor
y es como un sueño, si quieres…

Siempre bajo presión…

©2018  J.I. Salmerón

Viajar junto a mí

Siempre viaja delante,
junto a la ventanilla.
Siempre viste de blanco,
le contrasta su piel.

Siempre mirada ausente,
con sus sueños perdida.
Siempre mira a lo lejos
por si le vuelve a ver.

Pero en cada parada
que pasa por su vida,
no hay rastro que le diga
donde está su querer.

Y de nuevo sacando billete
para un nuevo viaje.
Y de nuevo un asiento vacío
que se encuentra otra vez.

Y de nuevo se hunde la risa
que habitaba en su cara.
Y la lágrima que hay encerrada,
se dispone a volar.

Su tesón no le deja
ver que luego hay un bosque.
Ella solo ve el árbol
que le impide mirar.

Es como ola de playa
que se enreda en la arena.
Sin darse cuenta apenas
que hay que volver al mar.

Si ella diera la vuelta…
¡Si mirara que yo siempre voy a su lado!
Si ella se diera cuenta…
Si pensara que yo puedo en su sueño estar.

Y de nuevo llegamos
al fin de parada.
Yo me bajo en silencio
y ella no me va a hablar.

Y de nuevo las ganas me traigo,
hoy tampoco le pude decir…
Que si ella quisiera,
hay un sitio que yo siempre guardo.
Hay un sitio vacío a mi lado
por si quiere viajar junto a mí…

©2018  J.I. Salmerón

 

Ser tiempo

Era amante de la madrugada.
Era sombra de todo silencio.
Era, de las velas, la apagada.
Era llama del Amor eterno.

La conquista de cada llanura.
El reflejo interno del espejo.
La flor que brotaba en el asfalto.
La madre besando a su pequeño.

Siempre en cada esquina era presente.
Siempre en cada página, comienzo.
Siempre en primavera era la lluvia.
Siempre en la tormenta, el rayo intenso.

Es lo que tiene el momento…
Es lo que tiene la esencia viva
de los segundos que van corriendo.

Es lo que tiene la magia
de cada paso, de cada intento.
Es lo que tiene ser tiempo…

Era la vista de los testigos.
Era la imagen de aquel recuerdo.
Era la noche de luna llena.
Era caricia sobre los cuerpos.

La playa llena de sol y arena.
La mesa alegre donde comemos.
El río grande por la explanada.
La nieve fina de los inviernos.

Siempre en cada verso era la rima.
Siempre en cada paso, el paso inverso.
Siempre de la sangre, el corazón.
Siempre la pasión en cada beso.

Es lo que tiene el momento…
Es lo que tiene ser siempre el alma
de cada instante que vas sintiendo.

Es lo que tiene llevar por dentro
segundos, minutos, y viento.
Es lo que tiene ser tiempo…

©2018  J.I. Salmerón

 

Siempre buscando

Siempre fue buscando su oportunidad.
Siempre esperando a que fuera el momento.
Siempre sus ojos tan llenos de Amor…
Siempre escribiendo un nuevo argumento.

Siempre en el aire la misma pregunta.
Siempre fue el tiempo el culpable final.
Siempre de espaldas al mismo recuerdo.
Siempre la pena a su lado estará.

Pero el tiempo continúa,
no da tregua a su mirar.
Tanto tiempo ya sin luna,
tanta noche sin amar.

Pero sabe que ya no podrá retener
a esos sueños solitarios.
Sabe que ya no podrá compartir
el sentir del corazón.

Sabe que la vida y su destino no esperó
a juntarle en el camino.
Que la pena que de lejos le miró,
en su alma se clavó.

Ahora que está solo, tiene tiempo suficiente.
Ahora que ha llovido y se le empapa el corazón.
Ahora que el recuerdo no ha querido ser ausente.
Ahora es cuando piensa dónde se habrá ido su Amor.

Siempre esperando por un nuevo intento.
Siempre buscando y no supo encontrar.
Siempre en sus manos toda la pasión
que hoy ya no puede entregar…

©2018  J.I. Salmerón

 

Regreso

Regreso como la noche,
a escondidas y en silencio.
Y mojo con fina lluvia
los campos de tu recuerdo.

Volviendo a tomar asiento
tan cerca como no debo.
Volviendo a tomar las riendas
de tu frágil sentimiento.

Y susurro muy cerquita,
ciñendo a tu oído versos.
Y acaricio tus mejillas
con palabras de sosiego.

Ya vuelvo como las olas,
a atrapar tu playa llego.
Ya cubro todo tu cuerpo
con cada rima que invento.

Reanudo paso tras paso,
sobre el camino regreso,
y voy cargado de abrazos
por si de nuevo nos vemos.

Ya sabes…
La vida es irse y volver.
Marcharse cuando es verano
volviendo en otoño luego.

Y tus palabras intuyo
cuando me lees de nuevo.
Y tu sonrisa adivino,
y en tus zapatos me meto.

Regreso para tenerte.
Regreso como los besos
que se roban en la tarde
y son más dulces e intensos.

Y vuelvo para decirte,
por si ya me has olvidado,
que aquí me tienes si quieres,
que aquí regreso a tu lado.

Confío que a mi retorno
a ti te encuentre esperando
sentada sobre la silla
que vi vacía hace un rato.

©2018  J.I. Salmerón

Rebajas

Te conocí en las rebajas
comprándome unos zapatos.
Tú paseabas melena
y bolso gris bajo el brazo.

Rubia hasta un punto platino.
Rubio sin trampa ni engaño.
Pantalón y blusa a flores
de colorido estampado.

El perfume era discreto
pero acababa enganchando.
Florales notas intensas
como jardines en mayo.

Primero fueron tus pasos
los que yo intuí a mi lado.
Ligeros y a la vez firmes.
Serenos pero apretando.

Pero lo que más recuerdo
fue ese verdor al mirarnos.
El campo de primavera
que tus ojos regalaron.

Era entre pícara y limpia
tú mirada, casi ingenua.
Era esa intensa alegría
que fulmina cualquier pena.

Tu cuerpo era de ese mimbre
que sobre el río cimbrea
bailando todas las tardes
al son del aire en la arena.

Y tus labios el descanso
del guerrero que guerrea.
Y tu risa la victoria
de cualquier guerra que pierda.

Según llegaste te fuiste,
como una sombra en la acera.
Y ni a preguntarte el nombre
me dio a mí tiempo siquiera.

¡Y verte partir dolió…!
Aunque como imagen fuera
la mejor que estos dos ojos
hace tiempo que ellos vieran.

Por eso, siempre que puedo,
cuando anuncian las rebajas,
voy a la zapatería
y me siento por si pasas.

Y allí me paso las tardes
entre tacón y puntera,
entre suelas y cordones,
escuchando a las clientas.

Para volver a sentir
esas pisadas inciertas.
Por oler a flor de fiesta.
Por ver esos ojos verdes
entre tu rubia melena…

©2018  J.I. Salmerón

De poco en poco

De poco en poco envejezco.
Se me apoderan los años.
Me atan con nudos marinos
hasta que incluso hacen daño.

Me hacen crecer esas grietas
en los ojos, y no canto
ni en la tarde ni en mañana,
aunque se llamen “de gallo”.

Tampoco dejan los años
dormir como antes solía,
cerrando a pares los ojos
y amaneciendo otro día.

Ahora la noche es eterna
durmiendo a salto de mata.
Te duermes y te despiertas
cada poco. ¡Da una rabia…!

Y para colmo la vista,
que no ves tres en un burro.
Aunque para ser sincero
ni al pollino yo lo intuyo.

¡Y qué decir de los nombres…!
¡Que llamo Pedro a Julito
y a María llamo Marta,
y ni acierto con mis hijos…!

Mi padre siempre decía,
teniendo ya ochenta y pico,
“Vengan los años que vengan,
que peor es no cumplirlos…”

No le faltaba razón,
pero siempre esto depende
de si te acuerdas o no
de quién eres, y te entienden.

Por no hablar de los dolores
que te acompañan diario.
Que parece uno la pena
que en vida se va arrastrando.

Que si te cogen los pies
y te sacuden un rato,
pareces una farmacia
de tanta pastilla y frasco.

Y de oír, yo no me quejo,
oigo lo mismo que un gato.
Pero no, no de escayola,
no seáis tan mal pensados.

Porque hay gente que aunque le hables,
parece que está enfadado.
Ni responde ni se inmuta,
y es porque no oye ni al tato.

¡Pero lo que más me insulta
de ir cumpliendo más años,
es el tener que aprender
informática a diario!

¡Que cada día nos ponen
más difícil los teclados
y aprender tecnología,
que a mí me tiene abrumado!

…De poco en poco envejezco.
Tres cuartos de hora he cumplido
desde que empecé a explicaros
cómo entre años me arruino.

Pero tranquilas, tranquilos,
que la pila aún nos funciona,
y pienso dar tanta guerra
como la vida disponga.

…Y ahora que hablamos de pila,
mi audífono he de mirar.
Pues llevo un rato ya grande
sin escuchar pasar nadie
y eso es mucha soledad…

©2018  J.I. Salmerón

Tragando sentimientos

A veces voy tragando sentimientos
por no contar al mundo mis derrotas.
A veces siento la cara de idiota
al abrazar las sombras y lamentos.

Es duro estar de pie frente a los vientos
a ver por cuanto tiempo los soportas,
haciendo ver que ni siquiera notas
como te afecta el pasar de los tiempos.

Yo doy mi vida en cada palpitar.
En cada paso que doy por la acera
yo voy buscando siempre la verdad.

Como si fuera mi misión primera,
aunque he vivido veinte vidas ya.
Aunque haga de este sueño mi quimera.

©2018  J.I. Salmerón

Ojos castaños

Eres ese parque, con ojos castaños,
donde día a día pasean mis tardes.
Eres ese ayer donde hoy, mi recuerdo,
le dice al destino que quiere encontrarte.

Por eso te llamo, y tú me respondes…
Por eso a diario vienes a buscarme…
Por eso la vida nos juntó de nuevo.
De nuevo la vida quiere separarte…

Te nombro este día, como hacía antes.
Te nombro y tu aurora no quiere alumbrarme.
Pero aunque es de noche y estoy en lo oscuro,
te sigo llamando para no olvidarte…

Por eso te alejas, me vuelvo horizonte…
Por eso te espero, y tú llegas tarde…
Por eso en el banco, donde nos amamos,
al salir la luna yo vuelvo a buscarte…

Eres la distancia de todo camino
que en cruces, si miras, se intuye alejada.
Eres la cascada que, al pasar molino,
se pierde en corrientes hasta la explanada.

Por eso yo siempre detrás de tu cuerpo…
Por eso yo llego y tú, ya marchabas…
Por eso te llamo, a voces, de lejos,
y como en un sueño, te fugas al alba…

…Aún sigues vistiendo con ocres mi vida.
Aún sigues poblando de otoño mis sueños.
Aún sigues llenando de grata esperanza
cuando cada noche, en silencio, recuerdo…

©2018  J.I. Salmerón

Sombra de tus huellas

Yo fui sombra de los pozos de tus huellas.
Yo fui sombra de tu tarde.
Sombra de tu verde tallo.
Sombra soy de tu recuerdo…

Un grano más en la playa de tu vida.
Solo fui un grano más
a la sombra de tus pies,
entre tanto grano que te mira.

Siempre esperando a tu pie descalzo.
A que el roce de tu piel
contactara nuevamente
con la punta de mis manos hechas grano.

Siempre viendo que se alejan tus caderas,
que se mueven y cimbrean
como brotes de la hierba
que en la arena se abre paso.

Yo fui sombra porque el sol me fue marcando,
porque se hunden mis ideas,
y mis ganas de tenerte,
bajo el viento racheado.

Y fui sombra para ti,
por tocar tus pies descalzos.
Por oler, en tu perfume,
cuando tú me has olvidado.

Yo fui sombra debajo de tu nariz
cuando el sol está en lo alto.
Cuando el cuerpo, que te cubre por entera,
en la arena se ha tumbado.

Y es ahí cuando yo entonces aprovecho.
Y recorro con mi oscuro tu regazo.
Y mi sueño es que te beso,
si me cuelgo de tus labios.

Yo fui sombra de tus huellas,
no pude caer más bajo.
Pero fue la única forma que tenía
de tenerte a ti a mi lado…

©2018  J.I. Salmerón

Cómo empuja el silencio al pasar

…Cómo sopla este viento.
Cómo empujan las olas del mar.
Cómo arrastra el silencio
tu recuerdo otra vez al pasar.

Cada tarde que intento
nuevamente olvidarte, y ya está,
vuelves tú con tus besos,
como ola, de nuevo a mojar.

Y no encuentro remedio,
o tal vez no lo quiera encontrar,
que me borre por dentro
tantos años intensos de amar.

…Cómo extraño tu risa,
cómo falta en mi oído tu voz.
Cómo duele este tiempo
que sin ti queda ausente de sol.

Cada paso en la arena
se hunde más mi agonía y dolor,
y se agrandan las grietas
de este pobre y débil corazón.

Vuelvo solo.
Cae la noche a mi alrededor.
Cuesta poco
tu recuerdo en la puesta de sol.

¡Si mañana hace viento.
Si las olas se salen del mar.
Si me abruma el silencio,
volveré por si acaso tú estás!

Y si no te recuerdo,
hace tanto que ya se marchó,
llámame tú de lejos,
llámame y volaré hacia tu Amor.

…Cómo duelen las olas
cuando tocan la playa y se van.
Cómo sopla tu ausencia.
Cómo empuja el silencio al pasar…

©2018  J.I. Salmerón

En la noche se pasa mi vida

Fui, por la tarde, los besos esperando.
El abrazo furtivo.
El inquieto deseo.
El calor del intenso verano.

Fui por la tarde… y esperaba la noche.
Y la escarcha en tus labios.
El frescor de tu risa.
Y tus ojos a los míos mirando.

Y la noche me esconde…
Y tus brazos, buscando…
Como busca el farol a la calle desierta.
Como busca la huella
nuevamente a sus pasos.

Fui, por la tarde, el susurro a tu lado.
Suspirando del roce en tu piel.
Anudando palabras de Amor.
De tu cuello, bajando
a tus labios.

En la noche, los sueños soñamos.
Al calor de la cálida luna.
Al sabor de tu beso en mis labios.
Sensaciones que busca
nuevamente el sentir,
si te estoy recordando.

En la noche se pasa mi vida
cuando tu corazón
ya no late a mi lado…

©2018  J.I. Salmerón

El camino

Como si fuera el camino,
fui detrás de tus caderas.
Como si fueran estelas
de mi soñado destino.

Como si fueran señales
de humo sobre el horizonte.
Como si fueran mi norte,
donde no existen los males.

Y mis manos atrapando tus sentidos…
Y mis brazos rodeando lo que fuimos…

Como si fueran refugio
de nave, que a la deriva,
sobre la mar es cautiva
luchando contra este mundo.

Así tus ojos resultan
cuando me encuentro perdido.
Cuando no encuentro sentido
ellos a mi pena indultan.

Y mis besos y tus besos se encontraron…
Y mis labios y tus labios hoy se hablaron…

Tumbado sobre la vida,
siento las nubes y el viento.
Siento aquí tu sentimiento
como una fruta prohibida.

Y pido, al cielo que veo,
que no termine este cuento.
Que no se pare el momento
en que juego a ser Romeo.

Y mi cuerpo con tu cuerpo se fundieron…
Y mis olas en tu playa perecieron…

¡Camino, estela, refugio y beso!
La paz se encuentra sobre tu cuerpo.
¡Ojos, cadera, manos y cielo!
Cuando te pienso siento que vuelo…

©2018  J.I. Salmerón

Cazador de lunas

Como cada noche, desde hace ya tiempo,
salía a buscarlas. Lo echaba de menos.
Era aquel influjo, que le dominaba.
Era aquella magia que intuye a lo lejos.

Buscaba en caminos lejanos y viejos.
Siempre por lo oscuro, entre los silencios.
Guiados sus pasos solo por murmullos
del agua que en ríos se escucha de lejos.

Y mientras camina lo va recordando,
cuando empezó todo un mes de febrero.
La noche era helada, ni un alma… un desierto…
Y allí, de repente, le dieron el beso.

¡Brotaba el Amor tan dentro del pecho
que el intenso frío se volvió de fuego!
El alma, caliente, vibraba por dentro.
Y en su corazón, la vida de nuevo…

Hoy hace ya mucho de aquello que os cuento.
Han pasado muchos y fríos febreros.
Pero él, cada noche, verano o invierno,
recorre el camino buscando de nuevo.

Un día me dijo que las vio en reflejo
y al mirar arriba las perdió de nuevo.
Culpó a un árbol grande que tapó su cuerpo
y ellas no le vieron tan pegado al suelo.

Todos le conocen en el barrio entero.
Le llaman el loco ¡y qué sabrán ellos…!
Solo porque busca, de noche, en el cielo,
todas esas lunas que tanto le dieron.

“Cazador de lunas” prefiere, y respeto,
que a él solo le visten su cuerpo los sueños.
Por eso persigue las lunas de invierno,
las de cualquier mes, no le importa el tiempo.

Y así, cada noche, se pierde en senderos.
Y no vuelve a casa hasta que el lucero
le anuncia que el día pronto lo tenemos,
y entonces regresa de nuevo a su tiempo.

…Dicen que la luna, cuando nueva vemos,
es que está de luto por el loco abuelo.
Ya no hay cazadores que en la noche salgan
a buscar las lunas que reinan los cielos.

Ya no hay pasos cortos por esos caminos.
No hay murmullo de agua en ríos ajenos.
Ya no queda magia, ya no quedan besos.
“Cazador de lunas” todas en el cielo
te echarán de menos…

©2018  J.I. Salmerón

Solsticio

Hoy eres protagonista,
dominas desde lo alto.
Eres el astro que invita
a bañarnos en dorados.

Eres el cálido beso
que acompaña a la mejilla.
Abrazo que marca huella
con esa luz encendida.

Solsticio del hemisferio.
Norte o sur, según se mire.
Austral en el lado sur,
boreal si en norte resides.

Hoy empujas a la noche
hasta dejarla escondida.
Hoy eres tú aquí el que reina
sin noche protagonista.

Hogueras te perpetúan
haciendo el día infinito.
Saltando sobre sus troncos,
mueren malos espíritus.

Hoy es la noche más corta.
De días, es el más largo.
Hoy celebramos con sol
que ya ha llegado el verano.

Hoy eres protagonista,
el sol que está dominando.
Hoy, a rendir pleitesía
al astro que está brillando…

©2018  J.I. Salmerón

La noche

Avanza lenta la tarde
mientras le espera
la negra noche,
sola en la acera.

Como una dama
que esconde el misterio,
con negros ojos
que brillan llenos de besos.

Atrapa bajo sus brazos
la noche a la tarde, y luego,
bajo ese tul de luceros,
le va contando deseos.

Y cae la tarde y se entrega…
Y el sol calienta ya menos…
La noche calma en su brisa
su fuego intenso.

“Ven y soñemos…
Que aquí en lo oscuro,
donde la vida se calla,
te espera el tiempo…”

Y en un abrazo se entregan…
Naranja y rojos pintan los cielos…
No se distingue la tarde
entre esa noche de sueños.

“…Otra batalla ganada…”
Dice la noche a los cielos.
La dama oscura se impone
y cubre la tarde en su velo.

Y piensa…

“Mañana, otra tarde incauta,
vendrá de nuevo a mis brazos.
Y entre las sombras de estrellas,
bajo el mirar de mis ojos tan negros,
caerá de nuevo rendida
a este silencio en lo oscuro
donde regalo mis besos…”

©2018  J.I. Salmerón

Debajo de una ola

 

Debajo de una ola lo escribí.
Allí dejé grabado ayer tu nombre.
Y al lado un corazón, tierno y enorme,
llenado con mil besos para ti.

Pero el mar, que es celoso de por sí,
no quiso que leyeras lo que pone,
y a base de vaivenes te lo esconde
llevando mar adentro mi sentir.

Por eso no sabrás lo que te quise.
Tú nunca escucharás mi corazón
antes que por la ola tenga que irse.

Mi alma fue encerrada en su prisión.
De espuma los barrotes que tu viste.
Y el murmullo del mar la hizo canción.

©2018  J.I. Salmerón

Tríos

Siempre me gustó hacer tríos.
La luna, tu cuerpo, y mi Amor.
El sol, tus caricias, mis besos.
Siempre fuimos más de dos.

La tarde cuando estaba anocheciendo.
Las ganas de abrazarte en el salón.
La forma de expresar tu movimiento.
Siempre sumando uno al tú y yo…

Así fue el Amor vivido.
Al menos, que yo sepa, nuestro Amor.
Nunca solos en los sitios,
siempre había un gesto entre los dos.

Y aunque lo pareciera, nunca estuve,
no fui celoso de esa situación.
No me importó repartir mis caricias
entre tu espalda y mi imaginación.

Siempre se suma queriendo.
no importa si miran dos.
Al fin y al cabo, en lo oscuro,
tu cuerpo no ve el ruiseñor.

Siempre tuvimos algo a nuestro lado.
Ni siquiera en los bailes de salón
tu pecho con mi pecho se juntaron,
en medio siempre la respiración.

No había forma alguna
de estar los dos a solas,
la arena lo impedía,
como al mar con sus olas.

Ni siquiera en el asiento del coche
cuando nos regalábamos te quieros,
estábamos ajenos a la noche
sumando siempre tres, y algún lucero.

Siempre fuimos sumando,
tu y yo, y algún deseo.
Siempre estaba estorbando
la ropa entre los cuerpos.

Pero al ser multitud, y lo comprendo,
quisiste hacer un dúo en otro lado
y así tu corazón perdió el acento
dejando a nuestro Amor en el pasado.

¡La luna con mi Amor!
¡El sol junto a mis besos!
Ya solo fuimos dos
buscando tu regreso…

Hoy somos solo dos, yo y mi recuerdo.
Tu cuerpo se marchó junto a tu voz
No hay trío que formar junto a mis besos
Tu boca, y tu mirar, ya se cerró.

Siempre me gustó hacer tríos,
Pero hoy los llena el dolor
con tu distancia y olvido,
con ese Amor hoy perdido,
que siempre dio más de dos…

©2018  J.I. Salmerón

Hubiera sido

Hubiera sido sol
para quererte muy temprano.
Hubiera sido norte
por si no sabes dónde ir.

Hubiera sido espacio
y así abrazarte todo el rato.
Hubiera sido silla,
por si te cansas, estar ahí.

También hubiera sido
la calle larga y estrecha.
La que, cuando tú pasabas,
tocabas sin querer.

Así te hubiera olido
cuando de mí pasaras cerca.
Así hubiera sentido
el roce añorado de tu piel.

Hubiera sido el mar
rompiendo con mis olas
en tu desnudo cuerpo,
flotando sobre mí.

Hubiera sido playa
donde pasas las horas.
Donde descansa tu cuerpo
soñando junto a mí.

Y por haber querido,
yo hubiera deseado
ser el rojo vestido
que tanto me gustó.

Y así poder tenerte
tan cerca y tan a mano,
todo el día besando,
y rozándonos los dos.

…Por no cansarte con lo que te digo,
lo que yo de verdad
por ti siempre he querido,
era vivir contigo una pasión…

©2018  J.I. Salmerón

Si me enciendes…

Si me enciendes…

Quiero ser la luz que brilla en tu farol
cuando la noche te cubre con sus miedos,
cuando a tu alma le ciegan esos recuerdos,
cuando sombras se apoderan de tu sol.

Si me enciendes…

Seré la luz que ilumina en tu camino,
el sol que entre las ramas te va buscando,
la claridad donde tú duermes tranquila
en las tardes calurosas de verano.

Si me enciendes…

Seré en tu corazón esa fiel bombilla
que espera a que tú regreses cada noche
por si no encuentras la luz cuando tú vuelves
perdiéndose sobre llantos tu reproche.

Si me enciendes…

Seré en tu motor la chispa de energía,
y en tu bicicleta, luz de su farol.
Cabeza de cerilla para que prendas,
y enciendas la añoranza de rojo Amor.

Pero si no me enciendes…

Estaré esperando que tú me utilices.
Que llenes ese oscuro que vive en ti.
Que tú gastes esa luz que llevo dentro.
Y yo alumbre tu vida como un candil.

¡Apúrate y enciende,  ya es de noche…!
Yo seré la candela sobre el sillón,
ese en que, cada noche, tu libro lees,
libro que habla romances de luz y Amor.

¡Si me enciendes, seré tus ojos…!
¡Si me enciendes, tu guía soy!
¡Si me enciendes, seré el lucero!
Que en las noches sin luna
parece un sol…

©2018  J.I. Salmerón

Nuestra historia

Hoy quiero contarte un cuento,
un cuento que es una historia,
una historia que es memoria,
memoria de un argumento.

Hoy quiero escribir un libro
con nuestros buenos momentos.
Hoy quiero dejar en tinta
nuestros más bellos recuerdos.

El abrazo que sintieron
nuestros cuerpos al unirse.
Y las bocas sin hablarse
por estar llenas de besos.

La pasión de tu mirada
entre los largos silencios
mientras mi mano acaricia
desde tu espalda a tu pelo.

Quiero empezar un relato
que sea largo e intenso.
O uno tan breve y tan corto
que solo diga: “te quiero…”

Un cuento como los de antes,
con final feliz y besos.
Donde la bruja se muere
y es el príncipe tu reino.

“Érase una vez…” empieza.
El final, aún no lo tengo.
Todo vuelve a depender
del futuro de lo nuestro.

Es un cuento, una memoria,
una historia, un argumento.
Es la vida de los dos
cuando juntamos el tiempo.

Cuando fuimos de la mano
volando fuera del suelo.
Cuando el odio no existía
y el Amor era el deseo.

…Hoy escribo otro episodio
con la luz de aquel lucero.
Sobre el papel de tus labios,
con la tinta de mis besos.

Hoy recuerdo en estas líneas
los abrazos que te debo.
Los que tú a mí no me diste
las frías noches de enero…

Lo que pretendo decirte,
siendo muy noble y sincero,
es que el final de este libro
sin duda alguna dirá:
“Te echaré siempre de menos…”

©2018  J.I. Salmerón

Nacer un viernes

Quise nacer en un viernes,
al despuntar la mañana.
Al poco de despertar,
buscando la suave calma.

Entre la espiga verdosa
que ha de ser después dorada.
La que es bañada de río.
La del valle, en la explanada.

Pero resulta que fue
un martes, y por la tarde.
Entre el asfalto y la acera,
con un calor asfixiante.

Con un ruido atronador
cruzando de esquina a esquina.
Con esa falta de Amor
que en la ciudad se respira.

Pero es que se ha de crecer
allí donde se ha nacido.
Bajo las olas del mar,
sobre los picos alpinos.

En terraplenes de arena
de un patio de colegiales.
O entre los muros de piedra
de iglesias o catedrales.

Yo pensé que al ser de flor
nacería entre los campos.
En las montañas tranquilas
que siempre en sueños cruzamos.

Al borde del fresco arroyo
que va regalando charcos
para, cuando hace calor,
nos demos un fresco baño.

Pero resulta que no,
que a mí me ha tocado asfalto.
Y el agua que allí discurre
es porque la imaginamos.

Y mis hojas, mi pulmón,
tan negras como mi suerte.
Y mi amarillo limón
de oscuro se tiñe en breve.

Aunque no voy a quejarme,
si eres clavo hay que aguantar.
Pero maldigo aquel martes
en que me dio por brotar.

Tan solo espero y deseo
que el viento, que es generoso,
arrastre de mis estambres
el polen que yo dispongo.

Y así me lleve tan lejos
que, en una verde pradera,
puedan nacer en un viernes
los hijos que yo contenga.

…Ahora os tengo que dejar
que la tos de este lugar
ni respirar ya me deja…

©2018  J.I. Salmerón

Aún guardo

Guardo conmigo algo tuyo
que no pensé en devolverte.
Algo que estoy bien seguro
que ya no recordarás.

Quizás fueran las palabras
que me dijiste al oído.
O tal vez fueran los besos
que a mí me diste a besar.

Lo tengo todo guardado
junto a las ganas de verte.
Junto a la dulce sonrisa
de tus labios carmesí.

Y tampoco te he devuelto
la mirada de tus ojos
que encendidos me gritaban:
“Hoy no te alejes de mí…”

Guardo también tus paseos
bajo los chopos del río.
Tu mano sobre mi mano.
Tu rubio pelo de sol.

Junto a la roja amapola
que una tarde me cortaste
marchitándose al instante
como lo hiciera tu Amor.

Puede que un día te llame
y te retorne el secreto.
Ya no hay miedo a que se enteren
de que una tarde te amé.

Es mejor que no haya nada
que un día tú me reclames.
Es mejor que nada te ate
a mi recuerdo otra vez.

Lo que no te devolveré
por mucho que me lo pidas.
Lo que guardo tan adentro
que no te podré entregar.

Son todos los sentimientos
de tantos bellos momentos.
Los que se agarran al alma.
Los que nos hacen llorar.

Aún guardo tuyo el ayer,
el resto puede marchar…

©2018  J.I. Salmerón

 

El nido vacío

Hoy vi su nido vacío, volando sus esperanzas.
Hoy vi cómo el pajarillo buscaba su libertad.
Hoy vi cómo se terminan, cómo se cumplen los ciclos.
Hoy vi la casa vacía rebosando soledad.

¡Y ya no hay cobijo bajo alas de seda.
Su cuerpo desnudo con traje ya está.
Hoy pide licencia, que inicia su vuelo.
Su mundo le espera en otro lugar!

Su madre no quita ojo, le sigue con la mirada.
Siempre del vuelo pendiente por si tiene que actuar.
Las alas son diminutas y, en un cuerpo tan pequeño,
no cubren lo suficiente en tan largo navegar.

¡Y el síndrome abarca su nido vacío.
El canto es de pena, ya no trina igual.
Las alas que anoche con nanas cubrían,
hoy solos de piano parecen cantar.

Si no fuera por el nido que veo por la ventana,
diría que el sentimiento es de un humano, quizás.
Es lo que tiene esta vida que tan intensa vivimos.
Es lo que, teniendo hijos, a todos nos pasará.

¡Y el canto de alondra despierta mi sueño.
Un verde jilguero cruza el ventanal.
Delicado y grácil saluda el vencejo.
Y la mirla parda vigilando está!

La vida sigue su curso, da igual que especie seamos.
Las madres siempre se apenan cuando los hijos se van.
Siempre pidiendo un deseo cuando los miran volando.
¡Cuidado y regresa pronto…! Que aquí te espera tu hogar…

©2018  J.I. Salmerón

 

Cómo explicar…

Cómo explicar lo que por dentro no me calma.
Cómo poder escribir hoy de una emoción.
Cómo poder expresar todo el sentimiento
que se ha quedado anclado junto al corazón.

Ese vacío que yo siento junto al alma.
El mismo que se palpa en el anochecer.
Ese jardín de flores que ya están marchitas
y en primavera se niegan a florecer.

Si lo explicara solamente con los gestos.
Si tú pudieras penetrar en mi mirar.
Si lo entendieras por la ausencia de mis besos,
por lo cerrada que la boca pueda estar.

Cómo poder ir desnudando una palabra.
Como poder echar de menos la razón.
Como poder decir callado lo que pasa.
Como poder secar de llanto un corazón.

Si lo explicara con mis manos en tu pelo.
Si mis caricias fueran como las de ayer.
Si perdonaras hoy mi ausencia en tu recuerdo,
y nuevamente regresara a tu querer.

Si yo pudiera hoy escapar de este vacío,
y como luna nueva desaparecer.
Si yo pudiera, como el sol, estar oculto
entre la noche que es cuando tú no lo ves.

Seguramente la emoción describiría.
El alma, el ancla perdería de una vez.
El sentimiento libremente expresaría.
Y mi querer se rendiría a tu querer…

©2018  J.I. Salmerón

Recuerdo el llanto

No quise nunca ver que tú lloraras,
por eso aquella noche fue un dolor
al ver cómo tus lágrimas rodaban
perdiendo la esperanza en este Amor.

No quise ser la espina de una rosa,
yo, que nunca me vi como una flor.
No quise ser cuneta, acequia, o zanja,
donde por mí volcara tu pasión.

¡Qué es lo que pude hacer!
¡Tal vez me equivoqué!
Como cuando decides un camino…

¡La vida es como es!
¡Cruel y sin cuartel!
Ella escribe por ti siempre un destino…

Y todo el sentimiento que brotaba
de aquellos ojos tristes, sin color,
hirieron en el fondo de mi alma,
como una daga hiere un corazón.

Silencio se escuchaba aquella noche.
Tus lágrimas ahogaban cualquier voz.
Silencio que, cual losa, me pesaba,
hundiendo poco a poco mi razón.

¡A oscuras me encontré!
¡Sin luz el callejón!
El río a veces tiene remolinos…

¡No siempre aciertas bien!
¡La niebla me perdió!
De noche y sin farol no vi el camino…

Hubiera dado, niña, cualquier cosa
por ver tus ojos mirando, cual sol,
al azul de los míos, como a un cielo,
pero la cruel tormenta lo impidió.

Aun recuerdo la noche, y tu silencio.
Tus lágrimas amargas, tu aflicción.
El ruido de tus pasos alejarse.
Las dudas anidando en mi interior.

¡No vi salir el sol!
¡Sin luz mi corazón!
Se fueron a tu lado caminando…

¡Aprendes la lección!
¡No hay sabia decisión!
Con rabia y con dolor recuerdo el llanto…

©2018  J.I. Salmerón

Rodó la piedra al camino

Rodó la piedra al camino
buscando en la arena huella
donde tu pie de princesa
marcase su corazón.

Apenas sí tuvo en cuenta
que fue mi mano, y la pena,
la que tiraran la piedra
envuelta en tanto dolor.

…Y el pino dobló su verde en tu honor.
Inclinado por el viento,
que en tu perfume embriagó.

…Y el agua del río lloro y frescor.
Como tu risa aquel tiempo
que mi tristeza inundó.

La curva de la vereda
donde mi mano y tu mano
volaron alto y lejano
la tarde de nuestro Amor.

Volvió más recta mi vida
y el besar, sordo y amargo,
pasó de nuevo de largo
diciendo otra vez adiós.

…Y la tarde nuevamente mudó.
Haciendo del día noche,
queriendo ocultar tu Amor.

…Y la pena suplicó mi perdón.
Sentía haber sido eclipse
y ver morir a tu sol.

Rodó la piedra al camino
mientras al borde, el destino,
compartía mi dolor…

©2018  J.I. Salmerón

 

Entre mis dedos

Te escapaste entre mis dedos.
Como el sueño que se escapa cada día al despertar.
Hoy apenas te recuerdo.
Como no recuerda el día que su noche ha de llegar.

Aun así sigo buscando en cada esquina.
Sigo aún dando tu nombre
a la gente que se esconde,
por si allí pudieran verte a ti escondida.

Aun así no quiero darte por perdida.
Como a carta sin su sobre,
o arco iris sin colores.
Sigo aún pensando en ti día tras día.

En tu adiós ya no hay consuelo.
Se tiñó de oscuro el cielo sin estrellas que contar.
Triste boca sin sus besos
que vacía de te quieros solo supo ya rezar.

Aun así voy a esperar.
Aun así llegará el día tras su noche.
Y tu estrella volverá.
Y de luz se inundará mi corazón…

Te escapaste entre mis dedos.
Y aún no sé por qué motivo ni razón…

©2018  J.I. Salmerón

Llueve en tu corazón

Ya sé que llueve y se moja
el corazón que tú guardas.
Ya sé que se empapa el alma
que llevas en tu interior.

Que las lágrimas descienden
sobre tu cara en cascada.
Que tus ojos, tristes, nadan
para escapar del dolor.

Pero la vida es así,
un río cuya corriente
te arrastra a ese mar de dudas
donde te crees ahogar.

Un huracán que te empuja
como a hoja seca de un árbol.
Tu voluntad va quebrando
llevada a cualquier lugar.

Tan solo déjalo estar.
Espera a que el cielo ceda.
Que salga el sol cuando quiera
y que caliente tu adiós.

Espera y verás de pronto
cómo la lluvia ha pasado,
muriendo el cielo nublado,
volviendo a brillar el sol.

Ya sé que se clava y duele
la ausencia que hay en tus ojos.
Ya sé que es cosas de locos
poder vivir sin Amor.

Que el vacío que se siente
no se llenará con nada.
Que hoy la luna no se para
dando a tu noche color.

Ya sé… que a veces a mí me duele.
Ya sé… lo que es vivir sin Amor.
Ya sé cuando llueve tanto
y el corazón va nadando
mojado en llanto y dolor…

©2018  J.I. Salmerón

 

Sobre los cielos

Si yo pudiera andar sobre los cielos,
sería, sin dudarlo, una cometa.
Con esos mil colores de su pelo…
Con esa trenza larga que le cuelga…

Pero otras veces quiero ser lucero.
Ser Venus que acompaña con su brillo
las tardes y mañanas de los días
como si fuera un Dios en lo infinito.

Y no descarto que si yo alzo el vuelo,
pudiera ser la nube que hace sombra,
filtrando, de ese sol calenturiento,
los rayos que molestan a deshora.

Sería de la tierra, así, el mal alto.
Sería de mil plantas, edificio.
Sería mástil de toda bandera
que quiera que la ondee por oficio.

Quisiera ser también esa gaviota
que siempre va volando por los mares.
Que sube, y baja, y juega con el viento
como si en barca fuera por el aire.

La luna blanca, llena, de las noches
sería para ser tan envidiado
como es este satélite divino
que acoge con su voz a enamorados.

¡El rayo y la tormenta!
¡La copa de un gran árbol!
¡El pico de montaña!
¡La sombra en un tejado!

¡La linda golondrina!
¡Campana en campanario!
¡Del circo, trapecista!
¡El eco si te llamo!

Si yo pudiera andar sobre los cielos,
esta noche estaría en tu tejado.
Te cogería en brazos, y a lo lejos,
haríamos de estrellas en lo alto.

¡Y así, en nuestro volar,
sin soltarnos las manos,
se haría realidad
el sueño que soñamos…!

Si yo pudiera andar sobre los cielos,
sería todo menos ser humano…

©2018  J.I. Salmerón

 

Escondido

Yo siempre me escondía entre las nubes
por si mi luz no fuera de tu agrado.
Yo siempre fui un relámpago, un rayo,
para que mi presencia no cansara.

Por eso es muy posible que no vieras
que te esperaba allí, en el horizonte.
Entre la jara verde de ese monte
que en flor blanca sorprende en primavera.

Al volver de una esquina, siempre estaba
esperando a que oyera que tus pasos
vinieran al encuentro de mis brazos,
aunque oírte, mi pulso me impidiera.

Y como siempre, tú no aparecías.
Solo el viento portaba tu presencia.
Solo tu olor a rosas, y tu ausencia,
llegaban hasta mí, aunque no quisiera.

Escondido, detrás de cualquier árbol,
esperaba las tardes de verano
a que llegaras tú, más era en vano,
pues nunca te fijaste en mi presencia.

A pesar de todo, yo te miraba
como chiquillo mira a su heroína,
como al primer Amor que hay en tu vida,
como a los locos mira su demencia.

A veces, si lo pienso, no lo entiendo.
Cómo pude vivir enamorado…
Cómo, desperdiciando mi pasado,
pude pasar mi vida a ti esperando.

Pero así es el Amor de caprichoso
cuando el enamorado es indeciso.
Cuando la flor que quieres, es narciso,
y tú, te crees a su lado cardo.

Así vas aprendiendo en esta vida,
con horas de reloj que vas matando.
Con rabia, con dolor, también con llanto.
Con la esperanza de tenerla un día.

Yo, luna, que escondida entre las nubes,
por no querer mancharte con mi luz,
cargué con ese sueño, como cruz,
por fin ya desperté y viví mi vida.

©2018  J.I. Salmerón

 

La nube gris

Apenas dieron las doce.
La nube gris, el cielo nubló.
Campana sobre campana.
Y al sur de aquí, su viento sopló.

Con su viento, su alma.
Tanto volar, cansó el corazón.
Despacio, todo con calma.
El tiempo, al fin, corrió a su favor.

Y desde arriba divisa
al sol encima de ella.
Su panza, gris de ceniza.
Cual Oso está en su caverna.

Abajo, verde pradera,
espera verla llorar.
Y a ella le entra flojera,
y empieza fuerte a mojar.

Descansa sobre el silencio.
El aire va, arrastrando sus besos.
Ya flota sobre sus sueños.
La nube gris, va abrazando los cielos.

Su paso, a veces sereno.
Contando va, cada grano de tiempo.
A veces, rayo y su trueno.
Y en un soplar, solo ves su recuerdo.

Rasgando en esa veleta
su cuerpo, que es primavera.
El agua llena la vida.
Y el río espera que llueva.

Apenas dieron las doce.
La nube gris, va mojando en su pena…

©2018  J.I. Salmerón

¡Vamos, venga…!

¡Vamos…!
¡Venga…!
¡Date prisa, corre…!
¡Y bésame mucho y profundo!
¡Bésame cómo tú sabes!
Que pronto llega ya el día.
Y de mi sueño despierto.
Y ya no estás a mi lado.
La vida impone sus reglas.
Mi corazón un desierto…

¡Vamos…!
¡Corre…!
¡No tengas miedo y disfruta…!
¡Que mis labios ya te esperan…!
Que mi boca se hace eco
y tu nombre me susurra.
Que mis brazos ya te buscan
en las sombras del silencio.
¡Y te palpan, te lo juro…!
¡Y te siento, lo prometo…!

¡Vamos…!
¡Venga…!
¡Date prisa, que te espero!
Que es el alba ya, y sus luces,
las que acechan asustando
a este sueño que me envuelve,
al que tú y yo disfrutamos,
al que como cada noche,
en silencio y a escondidas,
entre besos nos amamos…

¡Vamos, venga…!
¡Date prisa…!
¡Antes de que despertemos
y la triste realidad
se apodere de mis sueños…!

©2018  J.I. Salmerón

 

Me gustaría

Me gustaría saber volar,
y tocar el piano con dos manos.
Verte junto a mí otra vez bailar,
volver a soñar que nos amamos.

Siempre quise ser un horizonte,
un lugar al fondo, inalcanzable.
La puesta de sol donde tus ojos
vengan a buscarme cada tarde.

Un jardín de hiedra fresca y verde
donde tú mitigues tus calores.
Una fresca fuente en la que apagues
el fuego que tus labios proponen.

Me gustaría ser de cristal
y que desde fuera tú contemples
el tic tac que tiene mi compás
cuando desabrochas mis botones.

Siempre quise ser tu dulce noche.
Luna llena blanca que te acune.
Ser asiento de atrás de aquel coche
donde, cuerpo a cuerpo, yo te tuve.

En la Navidad ser tu regalo
que impaciente espera bajo el árbol.
Ser de la maldad, lo menos malo,
pero ser picante como un diablo.

Me gustaría saber besar
como a ti te gusta que te besen.
Ser la casa donde al regresar
tú descanses tus preocupaciones.

Quiero ser la suave camiseta
con la que tú duermes por las noches.
Quiero ser tu sueño más prohibido
que dormida, o despierta, tú sueñes.

Quiero ser, y no sé si consigo,
de todas tus cartas, corazones.
Quiero ser tu vida en la distancia,
y que al recordarme, te emociones.

Me gustaría saber volar,
y como vencejo en la ciudad,
siempre hacer mi nido en tus balcones…

© 2018  J.I. Salmerón

La frontera

Era un cristal de ventana.
Yo te veía en la acera.
Era un cristal que marcaba
entre tú y yo una frontera.

Eran apenas tres metros
los que nos separaban.
Tres metros, y una madera,
con un cristal que mediaba.

Yo en un país a cubierto,
con techo y cuatro paredes.
Tú eras jardín, con su huerto,
rodeándote mil flores.

Soñaba con pasear
rozando tu hierba verde.
Oliendo a flor de azahar
mientras besaba tu frente.

Pero siempre ese cristal
entre los dos separando.
Siempre intentando guardar
la distancia en nuestras manos.

No es necesario otro idioma
para que existan fronteras,
hay veces que es un cristal,
hay veces que es una idea.

Pero no hay que desistir,
tan solo buscar la puerta.
Abrirla y ya estás allí,
has pasado la frontera.

Pero ni puerta ni llave,
que aún seguimos separados.
Tú, como un río en el valle.
Yo, en la montaña, en un lago.

Y entre los dos, la ventana
cerrada, que corta el paso.
Frontera por la mañana
y hasta llegar el ocaso.

Por eso me tienen preso,
por la pedrada que he dado,
Por romper con el cristal
que nos tenía aislados.

¡Por saltarme la frontera!
¡Por correr hacia tus brazos!
¡Por hacer allí el Amor,
debajo de aquel naranjo…!

…Aún recuerdo aquel cristal
desde el que vi paseando
a la rosa más hermosa
que en un jardín se ha creado.

Aún recuerdo la distancia
que había entre tú y yo,
a pesar de los tres metros
que apenas nos separaron…

© 2018  J.I. Salmerón

Verde

Ella quiso ser tan verde
como la verde pradera,
que inunda con su color
cada año por primavera.

Tan verde como los ojos
verdes intensos de Ana,
que te envuelven cuando miran
y te traspasan si hablan.

Quiso ser la hoja verde
de clorofila cargada.
La más verde de su patio,
por las demás envidiada.

Tan verde como la colcha
verde que tiene tu cama,
la que quito por las noches
mientras tu cuerpo me llama.

Ella quiso ser tan verde
como la verde manzana,
que nace siendo ya verde
y verde el hombre la arranca.

Tan verde como el Amor
que verde crece en el alma,
con esa paz interior
verde como la esperanza.

Siempre presumió de verde
y se erigió en capitana
de cualquier otro color
que junto al verde se hallara.

No tuvo en cuenta que el verde,
ese verde que la empapa,
no es un color en sí mismo,
es color de secundaria.

Tiene su padre y su madre,
el verde que la delata,
pues amarillo y azul
son patriarcas de su raza.

…Ahora se ve más floja
de verdes por la mañana.
Ya no presume ser verde
tan puro como la escarcha.

Ahora ya sabe que todos
necesitamos la gracia
del que tenemos enfrente,
aunque se llame naranja.

No importa si somos verdes,
rojos, negros o granates,
lo importante es que el color
que guardas en tu interior,
brille como obra de arte…

© 2018  J.I. Salmerón

Mujer

Siempre la madre y mi vida.
Centro de mis enseñanzas.
Cobijo de mis temores.
Nido al que siempre te abrazas.
Mujer…

Sangre de mi sangre, hermana.
Madre postiza en mil horas.
Rama de rama del fruto.
Misma madre luchadora.
Mujer…

Fiel y leal compañera
de un camino compartido.
Alianza de mis manos.
Madre de todos mis hijos.
Mujer…

Amiga, que en la distancia
tu abrigo siempre me prestas.
Caricias son tus palabras.
Siempre tus puertas abiertas.
Mujer…

Amante en mis días tristes.
Principio de los pecados.
Besos robados al tiempo
que a escondidas disfrutamos.
Mujer…

Madre, hermana, esposa, amiga,
amante. Siempre mujer.
Mujer en forma infinita.
Eternamente mujer.

Si no existieras no habría
Amor, coraje, ni fe.
No habría vida en la tierra
ni tierra a la que volver.

Hoy, mañana, el mes que viene,
cualquier día que tú elijas,
comparto mis emociones
en tu jardín, que es la vida.

Siempre la madre y mi vida.
Siempre por una mujer.
¡Salve al cielo, Reina mía…!
Que ni por un solo día
yo te deje de querer.
Mujer…

© 2018  J.I. Salmerón

El callejón

Siempre la luz al fondo y a lo lejos.
A la salida de otro callejón,
donde las nubes vagan por el cielo,
bailando al son del viento y su canción.

La gente se dibuja en la penumbra.
A contraluz intuyo un corazón
que a ritmo de las nubes y del aire,
palpita cual murmullo de oración.

El suyo, un respirar atropellado.
Un tono que no tuvo diapasón.
Sonando claramente no afinado
por culpa de un Amor que se marchó.

¡Aquí no importa el tiempo,
estamos protegidos.
La luz no llega a ver nuestro dolor!

¡La sombra, en la penumbra,
te vuelve inadvertido.
Aquí eres uno más entre un millón…!

Pero ese corazón cambió su rumbo
y un día hacia la luz se dirigió.
Supuso que el Amor sería suyo
luchando contra el viento y bajo el sol.

Veloz cruzó aquel pozo de tinieblas.
De luz quiso vestir su corazón.
De dos en dos bajó las escaleras
que daban a la plaza del color.

Y allí, con el valor de un gran guerrero,
al viento y a la luz desafió.
No tuvo en cuenta que al sol, una sombra,
solo vive por un segundo o dos.

¡Como una flor sin agua,
un corazón ha muerto.
No supo resistir tanta emoción!

¡Buscando nuevamente
aquel Amor perdido,
la luz, a aquella sombra, dijo adiós…!

Siempre la luz al fondo y a lo lejos,
a la espera de sombras con dolor.
Las que entre callejones soñolientos
esperan a que vuelva un viejo Amor…

© 2018  J.I. Salmerón

Viento

“Te espero en la esquina…”
Le dijo el viento a la tarde.
Y la empujó despacito
hacia la noche en el valle.

“Te llevo hasta el suelo…”
Le dijo después el aire
a esa hoja perezosa
que de su árbol no sale.

Siempre corriendo lo vemos.
Unas veces paso lento,
otras un huracán
que te levanta del suelo.

El aire siempre va hablando
y le gusta despeinar.
Pasar los ríos saltando,
empujar la ola al mar.

“Te puedo dar un paseo
por la noche entre mis brazos…”
Le dijo el viento a la luna,
susurrando, aquel verano.

Y la luna se dejó
llevar por él de la mano.
Hasta que se hizo de día
pasó la noche volando.

Empuja sobre la espalda
cuando quiere ser sorpresa.
Y a veces sopla de cara
sobre tus labios, que besa.

Es frío junto al invierno.
Sobre la lluvia, mojado.
En el verano un infierno.
En primavera es templado.

“Si quieres soplo despacio,
hoy no quiero molestar…”
Pero hay veces que su fuerza
no es capaz de controlar.

Al fin y al cabo es el viento
y sopla, que es su trabajo.
Y nosotros vamos viendo
la manera de aguantarlo.

“Te espero junto a la nube…”
Le comentó a la mañana.
Y sopló hasta medio día
como hace cada semana.

El viento pasa su vida
moviendo su cola larga…

© 2018  J.I. Salmerón

 

Otra tarde

La sala vacía bajo la penumbra
de un sol mortecino hacia media tarde.
La vista buscando, la radio encendida
y, como una sombra, bailando despacio,
está tu figura que solo el recuerdo
es el que me muestra, es el que imagina.

Y yo con mis manos buscando tu rostro
que de ojos cerrados espera y suspira.
En cada paseo que daban mis dedos,
cuando aquellas tardes tu piel recorría
desde el horizonte de tu blusa blanca
hasta cobijarlos detrás de tu pelo.

Y mi melodía te atrapa de nuevo,
y en tu ritmo yo solo quiero vivir.
La música suena queriendo envolvernos,
llenando de besos todos los rincones,
como si de flores, que van floreciendo,
llenaran las tapias de un frío jardín.

Compás tras compás tú me fuiste queriendo.
Adagio mis brazos, rodean tu ser.
Pedazos de Amor me regalan tus besos
cuando se deshacen, chocando en silencio,
dentro de mi boca, que espera impaciente,
a que, como lluvia, me empapen después.

El sol se ha marchado, con él tu recuerdo.
Ya sabes que a oscuras da miedo vivir.
Con esos fantasmas que sacan provecho
cuando por la noche no queda consuelo,
y un río parece más grande que el cielo,
y un mar aún más triste que un día sin ti.

La sala vacía, ya se ha hecho de noche.
La música, muda, dejó de sonar.
El frío me roza mojando mi sueño,
y cierro la puerta dejando allí dentro
a mi corazón junto a tanto recuerdo
hasta que en otra tarde me vuelva a atrapar…

© 2018  J.I. Salmerón

La primavera se atrasa

220

Hoy, vuelta el frío al arroyo.
La blanca escarcha, temprana.
Tan blanca como el sombrero
que cubre el pelo de canas.

Hoy, vuelta a lágrima helada.
La niebla viste mi alma.
Apenas hoy me calienta
el sol que roza mi cara.

¡Ya vuelve el frío y se congela el alma!
Tirita el cielo en el alba…
Abriga tu corazón,
viste tus besos de suave esperanza.

Hoy, sopla el viento en barbecho.
Los campos lloran de rabia.
Los nidos cuelgan vacíos,
la sombra, pálida, ataca.

Hoy, sale pronto la noche.
El día apenas avanza.
La oscuridad viste luto
al penar que hay en el alma.

¡Sigue el invierno levantando armas!
No hay tregua que a él le valga…
Y el corazón va desnudo,
sintiendo lejos aún la esperanza.

Hoy, vuelta el frío al camino.
La primavera se atrasa…

© 2018  J.I. Salmerón

Anónimos

Pasan despacio por esta, su vida.
Sueñan que vuelan entre los tejados.
Ya no recuerdan los días templados.
Pasan sin ruido, siempre de puntillas.

Se apagan en días de lluvia fina.
Esa gente que pasa a nuestro lado
y que nunca vemos si van hablando.
Y siempre se pierden por las esquinas.

Caras sin rostro que buscan el alba.
Como la noche siempre son sus ojos
mientras se pierden entre las terrazas.

Seres anónimos, son trampantojos,
como las pinturas disimuladas
que en las paredes saben a muy poco.

© 2018  J.I. Salmerón

A tu vuelta

Siempre habrá un beso de Amor
aguardando tras tu puerta.
Siempre un abrazo en alerta
para alejar tu temor.

Una mirada habrá siempre
que a tu regreso te busque.
Sentimientos que te gusten
pellizcando el corazón.

Todo te estará esperando
como lo hacía hace tiempo.
De nuevo soplará el viento
que te hacía navegar…

Cuando vuelvas habrá un mar
que te acune con sus olas.
Habrá una playa que, a solas,
te hará en su arena soñar.

Te esperará la pasión
que tanto echabas de menos.
Las manos entre tu pelo
que te invitaban a amar.

La sombra, que era la reina
de cada rincón del alma,
se rendirá enamorada
de cada rayo de sol…

En tu retorno estará
cada renglón que has amado.
Cada letra que, el pasado,
como un ladrón te escondió.

Y volverán a juntarse
las rimas que, en poesías,
aquellas tardes leías
suspirando de emoción.

© 2018  J.I. Salmerón

Ya no te encuentro

Te arrastraba la distancia
como lentamente
va arrastrando el río
todo el agua hacia su mar.

Hasta que no se distingue
el andar de tu figura.
Hasta que te haces pequeña
como flor en la ciudad.

Te fui perdiendo a lo lejos
como pierde la esperanza
la luna pálida y blanca
ante cada amanecer.

Te fui soñando, recuerdo,
como cada noche sueño
que me envuelvo con tu cuerpo,
que me abrazo a tu querer.

Y no te veo volver…
No se acorta la distancia
con tus besos.

No tiene razón de ser,
que esta distancia siga
batiendo record.

Cada mañana miro a lo lejos
buscando allí tu recuerdo.
Y salgo andando a buscarte
y cuando llego, ya no te encuentro…

© 2018  J.I. Salmerón

Una historia de Amor

Ella no podía esperar más.
Era comparable a una larga condena.
Todos estos meses sin poder besar
esos labios que sueña encontrar,
estos, sus dulces labios, que mueren de pena…

Nunca se dijeron adiós.
No era su intención tardar
tanto en tenerse de nuevo.
pero así es como ocurrió,
y el pasar de los días dobló su dolor.

Eran besos que son alimento del alma.
Eran besos con ganas.
Eran besos tan tiernos,
que su falta, seguida en el tiempo,
provocó que muriera de Amor.

Su mirada tal vez,
que hay momentos que no la recuerda.
Y ese roce al hablar,
que tan cerca en su cuello sensible,
le impedía, sensata, pensar.

Sin mirar, como loca,
otra calle cruzó a la carrera.
Él estaba, de nuevo, sentado en el banco del parque,
donde a solas en aquellas tardes,
boca a boca le enseñó a besar.

Y al llegar por detrás,
le tapaba los ojos mientras preguntaba
si sabía quién era,
si él notaba también como su corazón se acelera,
Si la vino a buscar…

Es la desilusión esa mueca en su cara.
La amargura vestida de gala
cuando vio y comprobó,
que él no era quien ella esperaba,
que, sin duda, él no era su Amor.

…Una larga condena,
muriendo de pena.
Una lágrima más que de nuevo brotó.
Una historia de Amor,
que como otras lo hacen, al final terminó…

© 2018  J.I. Salmerón

Como copos de nieve

Hoy dio comienzo mi vida
hace ya… bastantes años.
Un frío día en febrero.
Según me cuentan, nevando.

Y a mí el nevar me recuerda
el tiempo que va pasando.
Cada copo es un segundo
de esta vida en la que andamos.

Hoy, como en aquella noche
que en lo oscuro me alumbraron,
los minutos han caído
dejándolo todo blanco.

Y mi mente se ha hecho niño,
y mis ojos han llorado
recordando cuántos copos
por mi vista ya han pasado.

Ya sé que hay gente que cuenta
su vida en hojas de árbol,
o en uvas, si fue septiembre
el mes en que fue creado.

¡O en chapuzones de río…!
¡O en brazadas de un gran lago…!
¡O en olas de un mar bravío,
o el los reflejos de un charco…!

Cada uno, sus minutos,
los cuenta como le vienen.
Los míos son agua helada
que forman copos de nieve.

Lo importante es avanzar,
cruzar valiente esta vida.
No desfallecer jamás
luchando día tras día.

Ir sin correr, al trantrán.
Por llegar, no tener prisa,
que una vez en el final
se terminó la partida.

Por ser hoy mi aniversario
cumpliendo con esta vida,
sigo contando los copos
de nieve que multiplican.

Y la vida continúa.
Y nosotros a su grupa.
Haciendo del viaje sueño,
soñando no llegar nunca…

© 2018  J.I. Salmerón

La leyenda

Diría que por la sombra
tan pronunciada que había,
el sol rondaba en lo alto,
sería ya medio día.

La calle pleno desierto
de piernas y algarabías.
Silencios entre los muros,
ni un alma allí se veía.

El empedrado en la sombra
y otro en el sol, más arriba.
El verde, saltando el muro,
sobre la tapia se empina.

Y yo solo en mi paseo
escuchando la agonía
de estos muros, que aún de piedra,
tienen contados sus días.

La travesaña me atrapa
cuando paseo Sigüenza.
En sus portales se escuchan
voces de reyes y reinas.

Porque cada morador
que en sus entrañas viviera,
era ya rey de su casa,
y su mujer era reina.

Aunque si has de pasear
por conocer la leyenda,
hazlo cayendo la noche,
al rojizo de sus velas.

Cada farol que te encuentres
su cristal parece cera.
Y su rojiza bombilla,
como rojiza candela.

Pues dicen que la leyenda
consiste en pisar la piedra
que te enamora al instante
de esta mi bella Sigüenza.

Y a partir de aquel momento
dará igual ya donde estés,
que el Amor por mi ciudad
llevarás bajo tu piel.

¡Si yo contara los pasos
que he dado por estas piedras,
no se podrían llevar
en ningún libro de cuentas…!

Y doy fe que yo he pisado
esa piedra que enamora.
Y seguro varias veces,
por lo que mi alma la adora.

Y si de mí tienes dudas
y piensas que lo exagero,
date una vuelta conmigo
por estas calles de ensueño.

Y luego ya me lo cuentas
tranquilamente y charlamos,
verás como si la pisas
terminas tú enamorado.

…Diría que por el tono
rojizo de las paredes,
se me ha hecho otra vez de noche
en las calles de Sigüenza
hablando de mis quereres…

© 2018  J.I. Salmerón