Adiviné tu sonrisa

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Adiviné tu sonrisa
mientras besaba tu espalda.
Me imaginaba tus besos
cuando a tu cuello llegaba.

El tiempo se hizo silencio,
ni a suspirar se atrevía.
Solo el rozar de las manos
y los “te quiero…” se oían.

-¡Escucha…!
¿No lo oyes fuera…?
La luna se está quejando.
La fiesta de nuestro Amor
de envidia la está matando.-

Un largo e inquieto beso,
o un beso corto y preciso,
de esos que juegan, se esconden,
y atacan sin previo aviso…

Tus labios fueron delito
y por ello condenados:
¡Una cadena perpetua
junto a los míos besando!

-¿Lo notas…?
¡Oye sus gritos…!
El aire empuja furioso
en la ventana el cristal.
Quiere acariciar tu rostro.-

Tus ojos y mi mirar
se encontraron cara a cara.
Los abrazos enjaulados
por nuestra espalda escapaban.

La noche se hizo de aurora.
Viento y luna ya cejaban.
Y nuestro Amor en su barca
mar adentro navegaba…

Todo comenzó en un beso
que trepaba por tu espalda.
Todo empezó aquella noche
de viento y de luna clara…

© 2015   J.I. Salmerón
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Sigüenza Santa 2015 (2/3) Santo Entierro

© 2015  J.I.  Salmerón

Esperaba que opinaras

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…Esperaba que opinaras
sobre los besos y risas.
Sobre recibir abrazos,
sobre pasear sin prisas.

Sobre las cosas sencillas,
que son las que al mundo mueven.
Sobre los rayos de sol,
sobre si nieva, si llueve.

Sobre ver atardecer
entre cemento y cornisas.
Sobre lo que te escribí
como una cálida brisa.

Sobre si ese corazón,
al galope, se conmueve.
Sobre si el agua de flor
a perfume intenso huele…

Solo esperaba tu voz
abierta como balcones.
Esperaba oír su canto
como trinar de gorriones.

Pero solo era el silencio
el que ocupaba la tarde.
Solo la ausencia de besos,
solo el ansia de abrazarte.

Solo el adiós daba gritos.
Solo la melancolía,
callada como la noche,
llenó mi silla vacía.

En mis bolsillos rasgados
apenas quedaban risas.
Los besos, todos gastados
en labios de despedidas.

No había rayos de sol,
tampoco cálida brisa.
Y en el jardín de mi Amor
tan solo rosas marchitas.

…Esperé que tú opinaras,
y ni el eco respondía…

© 2015  J.I. Salmerón

El libro y la rosa

 

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La rosa se enamoró
del libro que en su interior
guardaba en tinta de versos
bellos poemas de Amor…

“Te quiero, libro de letras…”
Le dijo la bella flor
que de amarillos peinaba
sus cabellos bajo el sol.

Deseó el libro los besos
y ese abrazar tan intenso
que prometía la rosa
dar a su amado en secreto.

“Quiero que seas mi reina,
que perfumes cada letra,
que tu jardín sea emblema
de mis páginas rimadas.

Quiero, mi flor, dar palabra
que entre mis letras haremos,
sobre verso y verso, eterna,
la historia de libro y flor…”

…Y la rosa dijo adiós
al rosal donde era rosa,
y aún sabiendo que moría
su fino tallo cortó.

Y a su libro se abrazó
para vivir poesías
de besos, lunas y ríos,
de bellos cantos de Amor.

Y aunque de grises se vio
entre rimas reflejada,
su belleza marchitada
por secar su corazón,

siempre feliz fue la rosa
Porque su libro la amaba,
y sus palabras morada
donde su sueño cumplió.

La rosa se enamoró…

©2015  J.I. Salmerón

Sigüenza Santa 2015 (1/3) Viernes Santo

©2015  J.I. Salmerón

…Sobre la calle de plata

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…Sobre la calle de plata
que por la lluvia es pintada,
de la plazuela a la escuela
bajaba el Amor al alba.

Saltaba alegre los charcos,
los pisaba con cuidado,
no quería estropearse
el charol de sus zapatos.

Las coletas recogidas
en dos campaneros lazos.
Verdes los hizo su abuela.
Verdes sus ojos de prado.

Yo esperaba tras la esquina,
en un portal, escondido,
a que pasara aquel sueño
y me llevara consigo.

Sus libros, presos de abrazo,
junto a su pecho apretados.
Por las rodillas su falda
de cuadros ajedrezados.

Largos calcetines blancos…
Y mi suspiro, aún más largo.
¡Os juro que era el Amor
en chiquilla transformado…!

Mirada de verde intenso,
profundo mar de olivar,
que me tenía embrujada
mi alma y mi voluntad.

Por las tardes esperaba,
como un encuentro casual,
verla subir por la calle
entre charcos de cristal.

Y allí quedaba escondido,
y de tristeza embargado,
por ver pasar al Amor
y no poder abrazarlo.

…Sobre la tarde dorada,
entre las piedras tirado,
mi corazón observaba
al Amor pasar de largo…

©2015  J.I. Salmerón

A pesar de estar distantes

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Te abrazo en la distancia.
¿Lo notas…?
Te beso por el aire.
¡Silencio…!
¡Te rozan hoy mis labios
enredados en el viento…!

A pesar de estar distantes
Yo a ti, sí te noto…
Yo a ti, sí te siento…
Con un largo abrazo.
Con un beso eterno…

A pesar de las palabras
hoy calladas y sin ruido,
el hablar no necesito.
Nuestras almas van unidas
por un invisible hilo.

Hay lamentos en el viento,
hoy es más frío el recuerdo.
Tus abrazos no me cubren,
hoy son lejanos tus besos
y nuestro Amor, es destierro.

Y yo no puedo, no quiero,
ver tan oscuro mi cielo,
ver detenerse el reloj
que ayer marcaba mi sueño…
Que sin él, seguro muero.

Te siento…
En la distancia te siento,
atravesándome un beso,
como si tus manos rodearan desde atrás
todo mi cuerpo.
Como si no hubiera ya otro momento.
Yo a ti, sí te siento…

©2015  J.I. Salmerón

Tus labios y tu besar…

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…Tus labios son a tus besos,
del jardín, puerta de entrada.
Tus besos son a mi vida
la más dulce melodía
que escucha cada mañana…

En su labio superior
dos montañas sonrosadas
pidiendo a gritos su sol,
comienzo de un corazón
que en tu boca es dibujado.

Abajo, en el inferior,
profundo valle encarnado,
laguna roja de Amor,
ausente boga el dolor,
y me abandono a sus brazos.

Tus labios y tu besar…
Al despertar tus mañanas
son esos montes que escalo,
y la laguna en que nado
en noches de seda y plata.

Son esa puesta de sol
tus labios enrojecidos
donde tus besos, cautivos,
que escapan como suspiros,
piden a gritos mi Amor.

De noche buscando estoy
con ese impulso travieso
de nuevo todos los besos
que entre labio y labio advierto
encerrados como flor.

Y mis caricias los abren,
y tus besos a mi alcance
escapando de esa cárcel,
buscando su libertad
junto a los míos sedientos.

Tus labios y tu besar
en mis sueños siempre están…

 

©2015  J. I. Salmerón

Llevas razón…

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Llevas razón…

El tiempo vuela,
junto al alma,
Junto al corazón,
Junto a los besos y abrazos
que ayer nos dimos los dos…

Llevas razón…

El tiempo vuela,
y también el Amor…

Hoy la distancia me trae,
envuelto en frío de invierno,
recuerdos que fueron sueños
de tus besos en mi piel.

Y su viento son caricias,
y su camino la estela
de verde hierba y arena
por donde llega tu ayer.

Hoy no me impiden las sombras
dejar sin luz, sin candela,
que en la memoria se pierda
la historia que yo soñé.

Como un desierto mi mente,
y las palabras ausentes,
confundidas por el viento
que arrastraba mi querer…

Llevas razón…

El tiempo vuela,
y en remolino se lleva
la historia de nuestro Amor…

©2015  J. I. Salmerón

Subí sus cuestas de piedras…

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Subí sus cuestas de piedras, bajé sus calles de asfalto.
Paseé por la Alameda y en su pinar hice un alto…
En Sigüenza me encontré, después de un invierno largo,
con las sombras de mi ayer, con mi infancia de la mano.

Las procesiones coparon la actividad de estos días.
La Catedral, San Vicente y la gran Santa María.
Los pasos procesionales, nuestro sentir Seguntino.
Los “armaos”  bajo las andas cargando Virgen y Cristo.

Los capuchones, las cruces, los estandartes, las velas,
la tradición religiosa que deja en Sigüenza huella.
De las iglesias y actos, todos a una, hermanados,
compartiendo sentimientos de tradición, milenarios.

Si París vale una misa, Sigüenza misa y rosario,
y sermón largo, y novena, y penitencia a diario.
Sigüenza es toda liturgia. Por la mañana paseo
entre pinares o montes para ordenar mis adentros.

A medio día un abrazo, dos besos y un “¡te recuerdo…!”
¡Tantos amigos de antaño entre cerveza y refrescos…!
Y desde aquí, si se tercia, comida, café, y ser “mano”
en la partida de mus. ¡Órdago…! ¡A ver si ganamos…!

Allí han quedado sus piedras, las calles negras de asfalto.
Y el polvo de la Alameda que hoy añoran mis zapatos.
El pinar no lo he olvidado, todo su olor me he traído,
y su color verde intenso guardado en mi cristalino.

Los amigos, los abrazos y los besos recibidos
me los traigo en las maletas, en el alma van conmigo.
Sigüenza, otro sueño más en mis vivencias vivido,
y su recuerdo guardado en mi corazón Seguntino…

©2015  J. I. Salmerón

Tres clavos

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Como un tridente de penas
tres dolores van sangrando.
Cuatro estaciones de invierno,
ninguna llegó a verano.

Tres ecos de negación,
tres silencios por respuesta.
Tres estaciones y un suelo
donde tu cuerpo dio cuenta.

Tres estigmas te acompañan,
madera, clavo y dolor.
Una vía dolorosa,
un camino de pasión.

Tres hondonadas de hierro
dejaron preso tu cuerpo.
Tres ríos de rojo intenso
que en tu recuerdo bebemos.

Tres martillazos de ira,
su odio te hundieron dentro.
Tú, el sacrificio Divino
por este pueblo muriendo.

Tres agonías sufriendo,
tres marías a tus pies.
Tú, salvación de los cielos,
tres días para volver.

Tú perdonaste a los hombres
y hoy tu perdón perseguimos
conmemorando tu muerte
por ese aciago destino.

La pena se hizo pasión
y tu muerte el sacrificio.
Tu Cruz el lazo de unión
entre lo humano y divino.

©2015  J. I. Salmerón