De regreso al nido

©2018  J.I. Salmerón
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Escondido

Yo siempre me escondía entre las nubes
por si mi luz no fuera de tu agrado.
Yo siempre fui un relámpago, un rayo,
para que mi presencia no cansara.

Por eso es muy posible que no vieras
que te esperaba allí, en el horizonte.
Entre la jara verde de ese monte
que en flor blanca sorprende en primavera.

Al volver de una esquina, siempre estaba
esperando a que oyera que tus pasos
vinieran al encuentro de mis brazos,
aunque oírte, mi pulso me impidiera.

Y como siempre, tú no aparecías.
Solo el viento portaba tu presencia.
Solo tu olor a rosas, y tu ausencia,
llegaban hasta mí, aunque no quisiera.

Escondido, detrás de cualquier árbol,
esperaba las tardes de verano
a que llegaras tú, más era en vano,
pues nunca te fijaste en mi presencia.

A pesar de todo, yo te miraba
como chiquillo mira a su heroína,
como al primer Amor que hay en tu vida,
como a los locos mira su demencia.

A veces, si lo pienso, no lo entiendo.
Cómo pude vivir enamorado…
Cómo, desperdiciando mi pasado,
pude pasar mi vida a ti esperando.

Pero así es el Amor de caprichoso
cuando el enamorado es indeciso.
Cuando la flor que quieres, es narciso,
y tú, te crees a su lado cardo.

Así vas aprendiendo en esta vida,
con horas de reloj que vas matando.
Con rabia, con dolor, también con llanto.
Con la esperanza de tenerla un día.

Yo, luna, que escondida entre las nubes,
por no querer mancharte con mi luz,
cargué con ese sueño, como cruz,
por fin ya desperté y viví mi vida.

©2018  J.I. Salmerón

 

Viento

“Te espero en la esquina…”
Le dijo el viento a la tarde.
Y la empujó despacito
hacia la noche en el valle.

“Te llevo hasta el suelo…”
Le dijo después el aire
a esa hoja perezosa
que de su árbol no sale.

Siempre corriendo lo vemos.
Unas veces paso lento,
otras un huracán
que te levanta del suelo.

El aire siempre va hablando
y le gusta despeinar.
Pasar los ríos saltando,
empujar la ola al mar.

“Te puedo dar un paseo
por la noche entre mis brazos…”
Le dijo el viento a la luna,
susurrando, aquel verano.

Y la luna se dejó
llevar por él de la mano.
Hasta que se hizo de día
pasó la noche volando.

Empuja sobre la espalda
cuando quiere ser sorpresa.
Y a veces sopla de cara
sobre tus labios, que besa.

Es frío junto al invierno.
Sobre la lluvia, mojado.
En el verano un infierno.
En primavera es templado.

“Si quieres soplo despacio,
hoy no quiero molestar…”
Pero hay veces que su fuerza
no es capaz de controlar.

Al fin y al cabo es el viento
y sopla, que es su trabajo.
Y nosotros vamos viendo
la manera de aguantarlo.

“Te espero junto a la nube…”
Le comentó a la mañana.
Y sopló hasta medio día
como hace cada semana.

El viento pasa su vida
moviendo su cola larga…

© 2018  J.I. Salmerón

 

No estar contigo

He vuelto a andar por los tejados,
detrás del traje de tu sombra.
Detrás del cielo enrojecido,
que yo he vivido,
y que en otoño a ti te nombra.

He vuelto a esconderme en la noche,
con el silencio de aliado.
Y solo la luna en lo alto,
que brilla tanto,
ha querido estar a mi lado.

Es lo que tienen estos sueños
que yo persigo.
Es lo que tiene vivir tan alto,
por los tejados.
Es lo que tiene no estar contigo…

Ayer quise tocar las nubes
que azul y blancas me llamaban.
Al recordarme que tu pelo,
que huele a invierno,
me acariciaba al fin la cara.

Ayer quise tocar el tiempo
para hacer que retrocediera.
Volver contigo a pasear,
y del brazo estar,
al borde de aquella ribera.

Es lo que tienen estas tardes
de invierno frío.
Es lo que tiene vivir los sueños
que ya has soñado.
Es lo que tiene no estar contigo…

He vuelto a andar por los tejados.
He vuelto a sentir que has venido.
Pero tu sombra y esa tarde,
de rojo fuego,
han vuelto a seguir su camino…

© 2017  J.I. Salmerón

Al comenzar el ocaso

 

Fue al comenzar el ocaso,
cuando los miedos se acuestan
y en su lugar se despiertan
los sueños donde gozamos.

Cuando la luz escasea.
En el preciso momento
donde el sol casi se ha puesto
y cobra vida la vela.

Cuando las tardes que hay nubes
el sol las besa de cerca
llenándolas de vergüenza
y en rojo carmín las cubre.

Cuando la sombra recorre
cada baldosa en la acera
y ciega la carretera
tapada por ese monte.

Fue cuando andamos despacio.
Cuando el día ya nos vence
y el cansancio crece y crece
hasta dejarnos exhaustos.

¡Cuando el cielo se ha quebrado…!
¡Cuando esperamos la luna…!
Cuando ese gato deambula
gozando por el tejado.

Entonces fue cuando digo
que pude oler tu perfume.
Ver tu figura en la nube
pasear al lado mío.

Entonces llega el recuerdo…
Como cada atardecer
en que no te he vuelto a ver
y yo te sueño despierto.

Fue en el nuevo amanecer
de la noche oscura y fría
donde cada melodía
recuerda que yo te amé.

Fue en el ocaso del día.
Fue al esperar tu volver
desde los tiempos de ayer
a darle luz a mi vida.

©2017  J.I. Salmerón

Mi barquito de papel

327

 

Cargado siempre de besos
de los que nunca se han dado.
Siempre de abrazos llenado
de los que sienten sinceros.

Los sueños que no le falten
envueltos todos en nubes.
Y un viento que los empuje
haciendo sus alas grandes.

No tienen nunca cabida
en mi barquito velero
la tristeza, el desespero,
las caras sin una risa.

Se hundiría sin remedio
este barco de papel
que gobierna un timonel
surcando mares de ensueño.

Hay un estanque que abarca
a todos los continentes.
Hay un puerto inexistente
de donde parte mi barca.

Todas las tardes la boto
en aguas de la esperanza.
Creada en papel de estraza
y así mi sueño no mojo.

Por velas lleva los forros
de los bolsillos marrones
de mis viejos pantalones
que a bocanadas yo soplo.

Y surca todas las olas
sin temer que un desatino
haga que monstruos marinos
lo arrastren hasta la costa.

Mi barquito de papel
siempre pensando en lo mismo,
en llevar besos a amigos
y abrazos a flor de piel.

Terminó mi travesía,
a puerto yo he de volver,
que mañana puede ser
que en lugar de timonel
me toque estar de vigía…

© 2017  J.I. Salmerón

Lloraba la tarde

Juan I. Salmerón

 

Lloraba tanto la tarde
la puesta de sol tan temprana
que sus lágrimas rodaban por la calle
convirtiendo baldosines en ceniza.

Era la escarcha que trae la noche,
era la brisa delgada y fría,
era ese día que muere
sin haber visto su risa.

Y el sol se agarraba entre las nubes,
sobre los picos de las montañas,
queriendo así abrazarse a aquella tarde
tratando de mecerla entre sus rayos.

Es el destino,
es el rodar de la vida,
el invierno que no deja ver al sol
a pesar de que la tarde se lo pida.

Se marchó el sol,
y la tarde no vio que era noche,
y que a falta de su luz
las estrellas serían su camino.

La luna en un tejado se sentó
a prestarle el corazón
a aquella tarde que entre lágrimas
de escarcha fría suspiraba.

No llores tanto el adiós,
le dijo la clara luna,
del sol que vuelve mañana
a acompañarte de día.

Disfruta su corazón
mientras la luz sea sol
que cuando seas de noche
el cielo estrellado y yo
te haremos fiel compañía.

© 2017  J.I. Salmerón

A dormir va mi niño

Juan I. Salmerón

 

A dormir va mi niño
cuando es de noche,
a contarle a su luna
cuando se esconde.

Que los sueños que tienes
son tan bonitos
que las estrellas quieren
dormir contigo.

Sueña mi niño, sueña
que es marinero
y le arropan las velas
de su velero.

Que surcando los mares
como un pirata
va llenando de besos
puertos y playas.

Son sus ojos, del cielo,
soles de mayo
cuando mira en la cuna
cómo le tapo.

Un satélite lleno
de la esperanza
que rebosa riendo
cuando le abrazan.

Es piloto en sus sueños
de los aviones
para jugar muy cerca
de los gorriones.

Y tus alas batiendo
todas las nubes
convirtiendo en merengue
blancas y azules.

Al arrullo se duerme
cuando le canto
y un suspiro tras otro
salen brotando.

Y lo entrego en los brazos
de tantos sueños
que hasta que no es de día
no lo despierto.

¡Vuela alto, mi niño,
sube hasta el cielo!
que tus ojos de noche
serán luceros.

Y en su cuarto menguante
será esa luna
tu lugar de descanso,
tu blanda cuna…

© 2016  J.I Salmerón

En las nubes

 

Juan I. Salmerón

Dicen que yo allí resido,
que no me entero de nada,
que vivo siempre colgado
y es perdida mi mirada.

¡Qué sabrán ellos del mar…!
Si es dulce su agua o salada.
¡Qué sabrán de las sirenas
si no han sabido buscarlas…!

Dicen que estoy tan ausente
como un árbol en la playa.
Como una sombra en la tapia
donde el sol su Amor descansa.

¡Qué sabrán ellos del bosque…!
Si a los árboles no hablan.
¡Qué sabrán sobre los duendes
que se han casado con hadas!

Todo porque voy flotando,
con la mirada bien alta.
Todo porque me codeo
con esas nubes que me hablan.

Las que me pasean lejos,
las blancas de la mañana.
Las que me ceden la cuna
de la luna en retirada.

…A veces me llaman loco
por soñar con tantas ganas
y me señalan el paso
si ven mis pies en volandas.

¡Qué sabrán ellos de sueños…!
Si pasan el día a rastras.
¡Qué sabrán lo que es un beso
Si tienen la boca atada!

Yo, mientras tanto, en mi nube,
perdido, sí, pero en casa.
Soñando cerca del mar,
dentro de bosques de hayas.

¡Dejad que siga en mi nube,
aunque me cuelguen los pies,
besando por las mañanas…!

© 2016  J.I. Salmerón

Una tras otra las nubes

392

Una tras otra las nubes
desfilan hacia el ocaso.
La tarde vence de sueños
y se retira al descanso.

Los verdes pasan a ocres:
Rojo, amarillo, dorados.
La noche guarda silencio
al saltar por los tejados.

Incluso el río en el puente,
donde su voz es más brava,
parece que de puntillas
cruzan calladas sus aguas.

Los sentidos se agudizan.
Oigo unos perros ladrando.
Y las copas de los chopos
saludan desde el barranco.

Desde lo alto del monte
veo los campos soñando.
Ya dejaron sus labores,
se tapan de oscuro manto.

Mi pasear se hace lento.
Me gusta el olor a leña
que la niebla de ese humo
va perfumando en la tierra.

Ya veo brillar las piedras,
al final de mi sendero,
que la farola calientan
como si fuera un brasero.

El aire silba a mi lado.
La calle quedó vacía,
y la sombra de la tapia
ahora es extensa y fría.

Ya no distingo las nubes,
ya los colores se fueron,
y el frío de un nuevo otoño
se apoderó de mis huesos.

La luna quiere asomar,
desde el otero me mira,
acompañada de estrellas
llenan la noche de vida.

Todo cubierto de noche,
todo callado y sereno,
todo un día dice adiós
para dar paso a los sueños.

Todo esto es un disfrutar,
los sentidos reverberan
plenos de satisfacción
inundando las aceras.

Mañana puede que el sol
acompañe tus paseos
y que la noche, al llegar,
traiga tus más dulces sueños…

© 2015  J.I. Salmerón

Esta tarde una tormenta

026

Esta tarde una tormenta
cerró de pronto los cielos.
El azul se volvió gris,
los blancos, a casi negros.

De pronto, todo un llorar
se abalanzó sobre el suelo.
El cielo, como un gran mar,
batía sus olas fiero.

El viento andaba furioso,
de esquina a esquina, en carrera,
arrastraba las mentiras
volviéndolas verdaderas.

¡Y se empapaban las almas
de todos los caminantes.
Y las rosas se cerraban,
y no cantaban las aves…!

Las calles, un gran espejo
de farolas reflejadas.
Y los faros de los coches
caminos de luz dorada.

Un altavoz en las nubes,
dando gritos desgarrados,
rompió la sonoridad
de la lluvia haciendo barro.

Como en partida de bolos,
haciendo plenos jugando,
el tronar se hacía rey
de los ecos escuchados.

Los rayos, entre las nubes,
sobre lo oscuro guiñaban
dejando puntos de luz
sobre la tarde cerrada.

…Se retiró la tormenta,
dejó de llorar el cielo,
volvió el azul de ese mar
que entre las nubes tenemos.

Los pájaros a volar,
las flores a oler de nuevo,
y la humedad de las almas
a secarla con los besos…

© 2015  J.I. Salmerón

Proyecto fotográfico “El Desastre de Sofi” – Día 7 – Mejor recuerdo del verano

Sofí nos lo ha puesto muy fácil con el tema para hoy de su proyecto fotográfico, (https://eldesastredesofi.wordpress.com/2015/08/29/proyecto-de-fotografia/?c=690#comment-690), se trata del mejor recuerdo del verano. Aunque son muchos, muchos muchos, se pueden resumir en uno solo, en el más importante de todos, en verano, otoño o invierno, y es tan solo estar dispuestos a mirar al cielo, a ver como las nubes dibujan extraños dibujos sobre ese azul inmenso, y sentir como se las lleva el viento, y el día va pasando, y la tarde va cediendo, y todo el cielo es nuestro, de nuestros sueños… Después de eso, ya estamos preparados para atesoras los otros mejores recuerdos…

¡Probadlo…!

 

Juan I. Salmerón

© 2015  J.I. Salmerón